– Dicen que Buenaventura Durruti ha dirigido el asalto -comento dona Anita.

– Asi es -ratifico el periodista Marcial Lluch-. Y lo ha hecho sin la ayuda de nadie, solo con los milicianos de la CNT. El tio los tiene bien puestos. Y la ultima noticia es que la Comandancia Militar ha sacado la bandera blanca esta tarde a eso de las seis. Creo que los milicianos querian fusilar al general Goded, pero alguien de arriba lo impidio.

Estuvieron hablando durante horas, analizando la situacion y las decisiones adoptadas por los jefes comunistas.

Pierre estaba preocupado, lo mismo que Josep; sin embargo, Lola parecia euforica. Era como si creyese que solo el enfrentamiento armado podria acabar con los odiados fascistas. Ella anhelaba el paraiso, donde los angeles serian los proletarios como ella. Josep, por su parte, no habia participado en ninguna refriega porque no habia llegado a Barcelona hasta una hora antes, ya que se encontraba con su jefe en Perpinan. Josep y Lola habian discutido porque ella me habia dejado solo en casa para irse a pelear. Lola le dijo que si lo habia hecho era para que yo algun dia fuese un hombre libre, y le advirtio que nada ni nadie impediria que ella luchara contra los fascistas. Incluso le amenazo con dejarle si intentaba impedirselo. Creo que aquel dia Josep se dio cuenta de que la unica pasion de mi madre era el comunismo y su unico objetivo, derrotar el fascismo; todo lo demas eran circunstancias que la acompanaban, incluidos el y yo.

Lola parecia otra, segura, relajada, como si la pelea hubiera hecho aflorar su verdadera naturaleza. Hablaba con aplomo, y todos notaron que algo habia cambiado en ella.

Mientras ayudaban a dona Anita a servir un tentempie le pregunto a Amelia si habia visto a su familia en Madrid.

– He estado con mi prima Laura, pero mi familia no quiere saber nada de Pierre, y por eso no he podido reunirme con mis padres ni mis tios -respondio, intentando contener las lagrimas.

– Son unos burgueses convencionales, de manera que era de esperar. Una cosa es decir que se cree en la libertad y otra muy distinta demostrarlo. Tu familia no quiere permitir que uses tu libertad como te venga en gana - le replico Lola.

– No se trata de eso, mi padre y mi tio son azanistas, lo que pasa es que creen que me he equivocado abandonando a mi hijo y a mi marido. Mi padre siempre me hablo de la libertad responsable…

– ?Libertad responsable! ?Y eso que es? ?Que tienes que hacer lo que les conviene a los demas? Tu te has unido a un revolucionario y el cree que puedes aportar mucho a nuestra causa. Tal vez sea asi. En todo caso eres una privilegiada por poder demostrar que no eres como esa gentuza de la derecha, esos hipocritas que hablan de los derechos de los demas pero se niegan a perder sus privilegios.

– ?Mis padres no son asi! Siento que hayas sufrido, que te haya maltratado la vida, porque eso te impide ver la realidad. Todo lo juzgas bajo el mismo prisma, divides el mundo en buenos y malos, y eres incapaz de ponerte en la piel de los demas. El que posee algo es para ti malvado, pero cuanto tienen mis padres lo han conseguido con su esfuerzo, con su trabajo, no han explotado a nadie.

– Entiendo que defiendas a los tuyos, eso te honra, pero la realidad es la que es, en el mundo hay explotadores y explotados y yo lucho por acabar con esa division y para que todos seamos iguales, para que nadie tenga ventaja porque ha nacido en una familia determinada. Mi madre me pario sola, con la ayuda de mi hermana mayor. ?Sabes cuantos anos tenia mi hermana? Ocho, ocho ahitos. Y ese mismo dia tuvo que dejarme a su cuidado para irse a fregar a casa de una familia burguesa para la que mi madre era menos que nada. Mi padre habia muerto dos meses antes de tuberculosis, dejandola con dos hijas. Viviamos en un cuartucho, donde teniamos que compartir el mismo colchon. Para lavarnos mi madre iba a la fuente a llenar dos cubos; aun asi se empenaba en que nos lavaramos incluso en invierno cuando el agua estaba helada. ?Sabes cuando empece a trabajar? Pues igual que mi hermana: con ocho anos ya acompanaba a mi madre a fregar. Ella acudia todos los dias a una casa a hacer el trabajo mas duro: fregar los suelos, limpiar los cristales, vaciar los orinales… Jamas pudimos ir a la escuela, ni siquiera teniamos tiempo para asistir a la catequesis. Mira mis manos, Amelia, miralas y dime que ves. Son las manos de una fregona. Creci sintiendo envidia, si, envidia de aquellas casas a las que mi madre iba a fregar y donde las ninas de mi edad jugaban tranquilas y felices con munecas con las que yo jamas podria sonar. Una vez, una senora me regalo una muneca de su hija. Ya no la queria, le habia arrancado un brazo y le faltaba un ojo, pero para mi se convirtio en un tesoro. La cuidaba y la mimaba como si fuera una criatura de carne y hueso y le aseguraba que yo no le haria dano como se lo habia hecho aquella nina rica. Por las noches me abrazaba a la muneca para darle calor y a veces hasta procuraba dejarle mi trozo de colchon para que estuviera comoda, aunque eso me llevara a dormir en el suelo. ?Te has fijado en mis rodillas? Estan encallecidas de tanto fregar; no sabes cuantas horas he pasado arrodillada en el suelo enjabonandolo, dandole cera, temiendo que no brillara lo suficiente, y las senoras me reganaran o decidieran pagarme menos por ello. Una vez en Navidad, en una de las casas a las que ibamos a fregar le regalaron a mi madre la cabeza y las patas del pollo que acababan de matar para la cena de la noche. Las patas, Amelia, no los muslos. Esas patas delgadas con tres unas. Eso y una barra de pan. ?Te imaginas el festin? A los trece anos, el hijo mayor del senor se encapricho de mi, asi que tuve que soportar sus manoseos temiendo que si me rebelaba nos despidieran a mi madre y a mi. Para entonces mi hermana mayor habia muerto de tuberculosis, como mi padre. Mi madre era muy creyente y me decia que teniamos que aceptar lo que nos enviaba Dios, pero yo le preguntaba que le habiamos hecho para que nos tratara asi. Durante mucho tiempo me senti culpable, estaba segura de que algo muy malo debiamos haber hecho para que nos condenara a la miseria, pero luego empece a rebelarme. El parroco llamo a mi madre para decirle que me habia vuelto una soberbia, que cuando acudia al confesionario lo unico que hacia era increparle por nuestra situacion, que tenia que ensenarme a aceptar con alegria lo que nos enviaba Dios. De la envidia pase a la rabia. Deje de sentir envidia de las senoritas de la casa y empece a odiarlas. Si, a odiarlas. Vivian alegres y protegidas, y su unico afan era encontrar un buen marido que siguiera ofreciendoles una vida como la que llevaban, con comodidades, sin preocupaciones. Mi madre le habia insistido al parroco para que las beatas que hacian caridad en la parroquia y ensenaban a coser a las pobres tambien me ayudaran a mi. Asi que cuando terminaba de fregar, iba a que me ensenaran a bordar. Mi pobre madre sonaba con que me convirtiera en costurera y no tuviera que seguir fregando. Al parecer yo tenia algun talento para la costura, al reves que mi hermana, que se habia tenido que conformar con la carrera de fregona. Aguante a aquellas beatas hasta que aprendi a coser y despues le dije al parroco que nunca mas me veria en la iglesia de aquel Dios que me castigaba sin haberle hecho nada. Puedes imaginar como se escandalizo. Mi madre me suplico con lagrimas que no intentara entender a Dios, que El sabia lo que hacia, pero yo habia tomado una decision de la que jamas me he vuelto atras.

»Un dia conoci a Josep; fue sincero conmigo y me conto que habia estado casado, pero que se habia distanciado de su mujer. El me enseno lo que era el comunismo, como canalizar mi rabia de manera provechosa, como luchar por quienes nada tienen, como yo. Me enseno tambien a leer, me dio libros, me trato como a una igual. Nos enamoramos, nacio Pablo y hasta aqui hemos llegado. Yo lucho para que mi hijo no sea menos que el tuyo. ?Por que habria de serlo? Dime ?por que?

Amelia se quedo en silencio mirandome. Realmente no encontraba ninguna respuesta a las preguntas de Lola: ?por que yo, Pablo Soler, habia de tener menos que Javier Carranza, su hijo? ?Por que el tenia asegurado el porvenir y yo no? Amelia era muy buena persona, e inocente, de manera que, aun sintiendose desgarrada por las preguntas de Lola, le daba la razon, aunque eso significara poner distancia con quienes mas queria, su familia.

– ?Cuando os marchais? -pregunto Lola cambiando bruscamente de conversacion.

– No lo se, Pierre no me lo ha dicho. Pero nuestro barco sale el dia veintinueve de julio de Le Havre, de manera que no podemos quedarnos mucho, a no ser que el cambie de planes.

– ?Y por que habria de cambiarlos?

– No lo se, pero lo que esta pasando aqui es importante, aun no se sabe el alcance de esta sublevacion.

– En realidad, es lo mejor que ha podido pasar, ahora seremos nosotros o ellos, y la razon esta de nuestra parte, de manera que acabaremos con el fascismo de una vez por todas y pondremos en marcha una Republica de trabajadores. Sabemos que es posible, en Rusia lo han hecho.

– ?Y que hareis con quienes no son comunistas?

Lola clavo sus ojos negros en Amelia y parecio dudar un segundo antes de responder.

– No tendran mas remedio que aceptar la realidad. Acabaremos con las clases: tu hijo Javier no sera mas que Pablo.

Amelia me miro con afecto. Yo estaba sentado en una silla, cerca de ellas, muy quieto. Mi infancia transcurrio en silencio, para no molestar, mientras mis padres sonaban con hacer la revolucion.

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