El presidente Lluis Companys habia exigido al general Goded que se dirigiera a las tropas rebeldes a traves de la radio instandolas a rechazar la sublevacion. El general, cabeza visible de los sublevados en la ciudad, no tuvo mas remedio que aceptar, aunque bien es verdad que lo hizo con poco entusiasmo. Termino siendo ejecutado.
Los enfrentamientos armados continuaron a lo largo de toda la noche, y las noticias, que corrian como la polvora, senalaban el triunfo de los leales a la Republica. Sabe, los de la CNT pelearon como jabatos, en aquellos primeros dias su intervencion fue fundamental.
El lunes 20 de julio, Barcelona parecia haber recobrado la calma. Las milicias cenetistas patrullaban la ciudad. La Generalitat promulgo al dia siguiente un decreto por el que se creaba el Cuerpo de Milicias Ciudadanas, cuya mision era luchar contra los fascistas y defender la Republica. A partir de ese momento las milicias iban a constituir un autentico contrapoder, y la Generalitat no podria dar un paso sin su apoyo.
El Cuerpo de Milicias Ciudadanas estaba dirigido por el Comite Central de las Milicias Antifascistas, en el que estaban representados todos los partidos y sindicatos. Lola se incorporo a las Milicias, lo mismo que Josep, pero la verdad sea dicha: ella era una mujer de accion, mientras que el era un buen organizador, de manera que paso a colaborar con el Comite Central de las Milicias, ordenando el trabajo de las patrullas, mientras que Lola se convertia en una miliciana que, pistola al cinto, formaba parte de las patrullas de control, escuadras cuyo objetivo era mantener el orden en la ciudad, detener a sospechosos, y registrar locales y viviendas, buscando cualquier resquicio de insurreccion.
Aun la recuerdo con el cabello negro peinado hacia atras, muy tirante, recogido con horquillas en un mono improvisado. A mi me gustaba el pelo negro de Lola. De pequeno, cuando me refugiaba en sus brazos, aspiraba el olor a lavanda de mi madre. Por eso llore cuando se lo corto. Una manana antes de salir a patrullar, la encontre frente al espejo cortandose con las tijeras su larga melena.
– ?Pero que haces! -grite.
– Quiero comodidad, y no estan los tiempos para preocuparse por el pelo. Me molesta, se me caen las horquillas; asi estare mejor.
Me costaba reconocerla con el cabello cortado a trasquilones, que ni siquiera le cubria las orejas.
– ?No me gustas asi, mama! -le dije con rabia.
– Pablo, ya no eres un nino, de manera que no me hagas perder el tiempo con tonterias. Tu madre esta luchando por ti -me respondio dandome un beso y abrazandome con fuerza. Aunque en realidad luchaba por ella, por la infancia que no pudo tener.
Dona Anita nos invito a una cena de despedida que habia organizado para Pierre y Amelia. Solo estabamos nosotros, porque tanto Pierre como dona Anita creian que Lola y Amelia eran grandes amigas, y que para esta nosotros eramos lo mas parecido a una familia.
Amelia parecia resignada a marcharse, pero no disimulaba su apatia y su falta de entusiasmo, aunque Pierre preferia no darse por enterado. Habia concebido un plan para su estancia en Sudamerica, y Amelia era una coartada a la que no estaba dispuesto a renunciar. No obstante se le veia contenido, como si estuviera hastiado de ella.
Amelia y Pierre llegaron a Paris el 24 de julio, y alli les esperaba un nuevo encuentro con Igor Krisov, que contaba con recibir de primera mano las impresiones de Pierre sobre la situacion en Espana.
Krisov le pidio a Pierre que fuera acompanado de Amelia, y les cito dos dias mas tarde en el Cafe de la Paix. Se harian los encontradizos y el se presentaria como un anticuario nacionalizado ingles, una falsa personalidad con la que en alguna ocasion habia acudido como cliente a la libreria Rousseau.
La tarde del 26 de julio, Pierre invito a Amelia a dar un paseo por la ciudad.
– Manana nos vamos a Le Havre, sera nuestra despedida de Paris -dijo.
Amelia acepto, indolente. Tanto le daba; tenia la sensacion de haberse convertido en un objeto en manos del destino, ante el que se doblegaba.
Caminaron con aparente despreocupacion hasta el Cafe de la Paix, donde Pierre propuso que entraran a tomar algo. Llevaban diez minutos alli cuando aparecio Igor Krisov.
– ?Monsieur Comte! ?Como esta usted? Precisamente pensaba en pasarme un dia de estos por su libreria.
– Encantado de verle, mister Krisov, permitame presentarle a la senorita Garayoa. Amelia, el senor Krisov es un viejo cliente de la libreria.
Igor estrecho la mano de Amelia y no pudo evitar un sentimiento inmediato de simpatia por ella. Fuera por su juventud, por su belleza o por su aire desvalido, el caso es que el experimentado espia quedo prendado de Amelia.
– ?Me permiten que los invite a un cafe? Es el primer momento del dia en que puedo disfrutar de cierta calma, y su compania me seria muy grata.
– Desde luego, senor Krisov -acepto Pierre.
– ?Es usted espanola? -pregunto el senor Krisov.
– Si -respondio Amelia.
– Conozco poco su pais, solo he visitado Madrid, Bilbao y Barcelona…
Krisov llevo la voz cantante de la conversacion. Al principio Amelia se mostraba fria y distante, pero el ruso supo derrumbar sus defensas hasta hacerla sonreir. Hablaron en frances hasta que Amelia le conto que habia estudiado ingles y aleman. Krisov cambio al ingles y despues al aleman para comprobar, entre bromas, si realmente la joven conocia estas lenguas como decia, v le sorprendio ver que no solo se defendia con soltura, sino que tenia en ambos idiomas una buena diccion.
– Mi padre se empeno en que estudiaramos ingles y aleman, v pasamos algun verano en Alemania, en casa de un socio suyo, herr Itzhak Wassermann.
El ruso le pidio que le hablara de herr Itzhak, y Amelia se explayo relatando escenas de su infancia en Berlin, con su amiga Yla.
– Desgraciadamente, la llegada de Hitler al poder ha supuesto un duro reves para el negocio de mi padre. A los judios les han ido quitando todo cuanto tenian. Mi padre ha insistido a herr Itzhak para que abandone Alemania, pero el se resiste, dice que es aleman. Espero que al final haga caso a mi padre, no quiero imaginar a Yla llevando una estrella amarilla cosida en la solapa y tratada como si fuera una delincuente.
– Si en algo coincido con el senor Comte es en el peligro que resulta Hitler para toda Europa, la suya es la peor cara del fascismo -dijo Krisov.
– ?Oh! Es peor que el fascismo, se lo puedo asegurar -respondio ingenuamente Amelia.
Una hora despues Pierre corto la reunion aduciendo que sus padres los esperaban para cenar.
– Espero que nos volvamos a ver -dijo Krisov a Amelia en la despedida.
– Mi querido amigo, eso sera dificil porque manana salimos para Le Havre, nuestro barco nos espera para poner rumbo a Buenos Aires -apostillo Pierre.
Esa noche, despues de la cena, Pierre alego que tenia una cita ineludible con unos camaradas.
– Mi madre te puede ayudar a cerrar el equipaje…
– No, prefiero hacerlo sola. ?Tardaras mucho?
– Espero que no, pero ya que vamos a Buenos Aires, quiero saber si puedo ser util a nuestra causa. Ya sabes que suelo colaborar con la Internacional Comunista.
Amelia acepto sin desconfianza la excusa de Pierre; casi preferia quedarse sola.
Pierre se reunio con Igor Krisov, su controlador, delante de la puerta de la iglesia de Saint-Germain.
– Y bien, ?que le ha parecido? -pregunto a Krisov.
– Triste y encantadora -respondio este.
– Si, no resulta facil estar con ella.
– Pues yo, amigo mio, le envidio, es muy bella. Le sera util a donde va, su inocencia es un buen parapeto. Pero tenga cuidado, no es tonta, y algun dia puede salir del letargo de la melancolia…
– ?Quien se hara cargo de mis contactos en Espana? -quiso saber Pierre, inquieto como estaba por el estallido de la rebelion militar.
– No se preocupe. En Moscu ya tienen toda la informacion sobre lo que esta pasando. Ahora concentrese en lo que se le ha encargado.
– No discuto las ordenes, pero dada la situacion, ?no seria mas util en Espana?
– Eso, amigo mio, no lo puedo decidir yo. El departamento ha decidido ampliar nuestra red de inteligencia en Sudamerica, y eso es lo que hay que hacer.
