– Sera nuestra luna de miel -le aseguraba el intentando vencer sus ultimas resistencias.

A principios de julio, Pierre se reunio con su «controlador» en Paris. Igor Krisov parecia lo que no era: un apacible judio britanico de origen ruso, dedicado a las antiguedades.

En realidad, Igor Krisov supervisaba a unos cuantos agentes en el Reino Unido, Francia, Belgica y Holanda.

Krisov llego al Cafe de la Paix y busco con la mirada a Pierre. Este leia un periodico, aparentemente distraido, mientras bebia cafe. Se sento en la mesa situada al lado de la de Pierre y pidio al camarero que le trajera un te.

– Ya veo que recibio mi mensaje a tiempo.

– Si -respondio Pierre.

– Bien, camarada, tengo instrucciones para usted. Moscu quiere que vaya a Espana antes de iniciar su largo viaje.

– ?A Espana, otra vez?

– Si, la situacion alli se deteriora dia tras dia, y queremos que hable con alguna gente. En este sobre estan las instrucciones. Preferimos que sea usted el que cubra esta mision, seran pocos dias.

– Me crea un pequeno conflicto, ya sabe que me he buscado como «pantalla» a una joven espanola y no se muestra muy convencida del viaje que vamos a emprender; si la dejo sola durante unos dias, puede que se eche atras…

– Le creia mas persuasivo con las damas -respondio Krisov con ironia.

– Es una chiquilla. He invertido mucho empeno y paciencia en ella. Y creo que terminara siendo una buena agente, una agente «ciega», pero eficaz.

– No cometa el error de decirle que es lo que usted hace -le advirtio Krisov.

– Por eso le he dicho que sera una agente «ciega», trabajara para nosotros sin saber que lo hace. Es una romantica empedernida y esta convencida de que mi unico afan es lograr extender el comunismo por el mundo entero.

– ?Y no es asi?

La mirada ironica de Krisov incomodo a Pierre.

– Naturalmente, camarada.

– Hemos aprobado la utilizacion de la senorita Garayoa. Creemos, como usted, que, dadas sus caracteristicas, le puede ser util, pero no se confie.

– Y no lo hago, camarada.

– Bien, nos veremos cuando regrese de Espana.

El 10 de julio, Pierre y Amelia llegaban a Barcelona y de nuevo se alojaron en casa de dona Anita. Para Pierre era una tranquilidad contar con la hospitalidad de la viuda, ya que esta se encargaba de Amelia durante las reuniones que el mantenia a lo largo del dia. En un principio habia pensado en dejar a Amelia en Paris al cuidado de sus padres, pero descarto la idea sabiendo que su padre nada podria hacer si Olga y Amelia se enfrentaban. Ademas, Pierre empezaba a preocuparse porque cada dia que pasaba Amelia parecia mas arrepentida del paso dado, y eso le obligaba a no perderla de vista.

Amelia recibio con alegria la noticia de regresar a Espana. Le habia pedido ir a Madrid para intentar ver a su hijo, y Pierre decidio no decirle tajantemente que no, aunque no tenia la mas minima intencion de complacerla.

– ?Vaya, vaya, otra vez tenemos aqui a la pareja feliz! -les dijo dona Anita a modo de recibimiento. Y en esta ocasion, ?cuantos dias podre disfrutar de su presencia?

– Tres o cuatro. Tengo que ver a un cliente que asegura ha encontrado un ejemplar que llevo anos buscando. Si las cosas van bien, a lo mejor aun podemos acercarnos a Madrid -respondio Pierre.

– Y usted, Amelia, ?visitara a su amiga Lola Garcia? Hace unos dias estuvo aqui Josep; es un buen hombre, y hay que ver lo orgulloso que esta de ese mocoso que tiene por hijo.

Amelia asintio incomoda. Despues de la discusion que habian tenido no le apetecia nada ir a ver a Lola. En realidad, empezaba a sentir aversion por su antigua amiga, a la que culpaba de la deriva que habia tomado su vida.

Al dia siguiente, en cuanto Pierre se despidio de ella para dedicarse a sus quehaceres, Amelia le dijo a dona Anita que iba a hacer algunas compras que le eran necesarias teniendo en cuenta el viaje que iban a emprender a Buenos Aires. La viuda dudaba de si debia dejarla marchar sola, puesto que Pierre le habia indicado que tenia que vigilarla, pero aquella manana recibia un pedido de libros y aunque contaba con un mozo que le ayudaba, no le gustaba abandonar la libreria, de manera que permitio.1 Amelia que saliera sola.

– Pero no tarde demasiado o me preocupare -le advirtio.

– No se preocupe, dona Anita, no me perdere. Las telas que necesito seguro que las encontrare por los alrededores.

– Si, ya le he indicado que a dos calles se encuentra la Sederia Inglesa, y alli puede encontrar cuantas telas necesite.

En realidad Amelia tenia otro plan: acercarse a la central de telefonos para llamar desde alli a su prima Laura. Ansiaba tener noticias de su familia, de su pequeno Javier. Desde que habia huido no se habia puesto en contacto con Laura, y a sus padres ni siquiera se atrevia a mandarles una carta solicitando su perdon.

Desde Paris no se habia atrevido a telefonear a su prima temiendo que Pierre la intentara disuadir. Se daba cuenta de que por primera vez desde su fuga iba a disponer de unos momentos para estar sola.

Salio de la libreria de dona Anita y empezo a caminar sintiendo que estaba a punto de quebrar la confianza que Pierre tenia en ella. Pero de la misma manera que estaba segura de que el tenia sus secretos, ella tambien tendria los suyos.

Poco podia imaginar Amelia que la suerte no iba a estar de su lado. Cuando en la central de telefonos se acerco a una empleada solicitandole una conferencia con el numero de la casa de sus tios en Madrid, no se dio cuenta de que el hombre que estaba al lado de la empleada la miraba fijamente con sorpresa. Ella no le recordaba, pero el si la recordaba a ella. Durante su anterior estancia en Barcelona, Amelia habia acompanado a Pierre a una reunion con algunos camaradas entre los que estaba el hombre de la central de telefonos, un militante local del partido situado en un lugar estrategico. Al hombre le sorprendio verla alli sola y, sobre todo, tan nerviosa.

Amelia se retorcia las manos a la espera de que le pusieran la ansiada conferencia, y, mientras, el hombre convencio a su companera de que se tomara un respiro habida cuenta de que la comunicacion tardaba.

– No te preocupes, ya me encargo yo.

– Gracias, llevo una hora deseando ir al retrete.

El hombre habia decidido no perderse ni una palabra de la conversacion que pudiera mantener Amelia, de manera que pincho la linea desviandola hacia su propio telefono.

Luego, cuando la operadora de Madrid le aviso de que ya habia contestado el telefono pedido, hizo una indicacion a Amelia, que seguia distraida, para que entrara en una cabina desde donde poder hablar.

– Ya pueden hablar -dijo la operadora de Madrid.

– ?Laura? Quisiera hablar con Laura -musito Amelia.

– ?De parte de quien? -pregunto la doncella que habia respondido al telefono.

– De Amelia.

– ?La senorita Amelia? -pregunto alarmada la doncella.

– ?Por favor, dese prisa! Avise a mi prima, no dispongo de mucho tiempo.

Minutos mas tarde Amelia escucho la voz de su tia Elena.

– ?Amelia, gracias a Dios que sabemos de ti! ?Donde estas?

– Tia, no tengo mucho tiempo para explicarle… ?Donde esta Laura?

– A estas horas esta en clase, lo sabes bien. Pero ?y tu? ?Donde estas? ?Piensas regresar?

– Tia, yo… yo no puedo explicarle… siento mucho lo que ha pasado… ?Como esta mi pequenin? ?Y mis padres?

– Tu hijo esta bien. Agueda lo cuida como una madre, aunque no lo hemos vuelto a ver. Santiago… bueno, Santiago ha preferido cortar todo contacto con la familia. Tus padres llaman a Agueda para saber del nino.

– ?Y mi padre? ?Como esta mi padre? ?Sabe algo de herr Itzhak?

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