ordenado. Miguel Lopez era un funcionario del ministerio, de convicciones comunistas aunque no estaba afiliado a ningun partido. Abominaba de la alta sociedad lamentandose de la situacion de necesidad en que se encontraban muchos de sus compatriotas que vivian lejos de la capital, y aun en ella habia quien solo podia asistir como espectador al
Miguel Lopez habia conseguido su trabajo de oficinista gracias a un tio suyo que trabajaba como conserje en el ministerio. Este era un hombre afable que un dia hablo a favor de su joven sobrino, que sabia mecanografia y taquigrafia y tenia conocimientos de contabilidad. Ademas, poseia un don especial para los idiomas porque sin haber podido ir a ninguna escuela habia aprendido frances por si solo. Debio de ser convincente porque a Miguel Lopez le dieron un empleo de oficinista y, como era listo y discreto, al cabo de un ano lo trasladaron como secretario del jefe del Departamento de Claves. Lopez ocupaba su tiempo libre estudiando leyes, ya que sonaba con convertirse en abogado, circunstancia que parecia aumentar la buena opinion que sobre el tenian sus jefes.
Amelia simpatizaba con Miguel Lopez, y no sospechaba de la amistad creciente entre los dos hombres. Para ella la amistad de aquel joven era una bendicion, puesto que la tenia al dia de las novedades en Espana, ya que por el pasaban los informes en clave del embajador de Argentina en Madrid.
Una de aquellas noches en las que Miguel acudio a cenar a casa de Amelia y Pierre les conto que la situacion en Espana iba agravandose por momentos.
– Al parecer -dijo-, en la retaguardia los fascistas cometen todo tipo de barbaridades, fusilan a los militantes de izquierdas y se ensanan con los maestros republicanos. Pero lo mas importante es que los trabajadores espanoles han organizado una autentica resistencia contra los fascistas, y ademas del Ejercito de la Republica, hay unidades de milicias populares. Los milicianos del Batallon Abraham Lincoln ya estan participando en la lucha, y comienzan a llegar hombres de todas partes para incorporarse a las Brigadas Internacionales. Por cierto -anadio-, el viaje de la delegacion de mujeres antifascistas a Mexico empieza a dar su fruto. Nuestro embajador alli dice que continuan recaudando fondos para los milicianos y para ayudar a la Republica. Desde el punto de vista de la propaganda, el resultado no puede ser mejor, la mayoria de los periodicos atacan a los golpistas y se alinean con el Gobierno de Azana. ?Y nosotros aqui sin poder hacer nada! ?Siento verguenza de nuestros politicos!
Lopez sentia una intima satisfaccion por haberse convertido en agente de la Union Sovietica, y sonaba con el momento en que, en reconocimiento por sus servicios, le llamaran a la «patria de los trabajadores» para quedarse alli para siempre.
Pierre le habia explicado que no debia llamar la atencion, que tenia que desconfiar de todo el mundo y, sobre todo, continuar con su papel de funcionario gris.
A pesar de que Miguel Lopez le habia dicho en una ocasion que una de sus companeras de trabajo parecia sentir la misma aversion que el hacia el regimen de su pais e incluso habia hecho un comentario negativo sobre el fascismo, Pierre le prohibio que confiara en ella.
No obstante el buen hacer de Miguel Lopez, Pierre necesitaba otro agente situado en las entranas del Ministerio de Exteriores o de la propia Presidencia, pues asi se lo habia indicado su controlador de la embajada.
Como quiera que la suerte parecia estar de su parte desde su llegada a Buenos Aires, Amelia le comento una tarde que habia pasado por la galeria de Gloria y que ella le habia presentado a una amiga que estaba atravesando un mal momento.
– No imaginas lo que tiene que soportar la pobre trabajando en la Casa de Gobierno y siendo una furibunda antifascista. Segun Gloria, su amiga Natalia tiene ideas comunistas.
Pierre no parecio mostrar gran interes pero, unos dias mas tarde, insistio en invitar a cenar a Martin y a Gloria Hertz, y en el transcurso de la velada saco a colacion lo que le habia contado Amelia.
– ?Oh, si, la pobre Natalia! Para ella es muy dificil trabajar en la Casa de Gobierno. No es que ocupe un puesto importante, de hecho no trabaja directamente con el presidente, sino en el Departamento de Traduccion. Se pasa el dia traduciendo documentos, cartas, en fin, cualquier papel que este escrito en ingles. Y si el presidente necesita una interprete, naturalmente recurre a ella. Natalia habla perfectamente ingles, ya que su padre era diplomatico y durante un tiempo estuvo destinado primero en Inglaterra, despues en Estados Unidos, y mas tarde en Noruega y Alemania. Ella tenia cinco anos cuando su padre fue destinado a Inglaterra y alli permanecio hasta los nueve; el siguiente destino de su padre fue Washington, de manera que el ingles no tiene secretos para ella.
Pierre se las arreglo para mostrar una pena que parecia sincera por Natalia y sugirio que debia acompanarlos la proxima ocasion que se vieran.
No fue hasta un mes despues y por casualidad cuando Pierre conocio a Natalia Alvear en la inauguracion de una exposicion en la galeria de Gloria.
Natalia resulto ser una cincuentona, de estatura media, cabello castano y aspecto elegante, aunque desde luego no era ninguna belleza. Estaba soltera y aburrida, y frecuentaba ambientes intelectuales y artisticos donde se codeaba con gente de izquierdas. Su trabajo en la Casa de Gobierno le resultaba tedioso, y la falta de ilusiones personales la tenian amargada.
Desde el primer momento Pierre se dio cuenta de que podia convertirla en una agente y que esa actividad podia ser la razon de su vida. Pero decidio ir paso a paso hasta estar seguro de que la solterona estaba madura para asumir aquel trabajo.
Dos dias mas tarde, al pasar por delante de la Casa de Gobierno, se hizo el encontradizo a la hora en que ella le habia comentado que salia para almorzar.
– ?Querida Natalia, que sorpresa!
– Senor Comte, si que es casualidad…
– No me llame senor Comte, creo que podemos tutearnos y llamarnos por nuestro nombre, ?no le parece? He venido a ver a un cliente cerca de aqui, y ahora me dispongo a almorzar algo ligero porque tengo otra cita no lejos de este lugar. ?Y usted, adonde va?
– Pues al igual que usted, a almorzar.
– Si no lo toma como un atrevimiento por mi parte, estaria encantado de invitarla.
– ?Oh, no! No puedo aceptar.
– ?Tiene otro compromiso?
– No, no es eso, pero, en fin, me parece que no debo hacerlo.
– ?No es costumbre en Buenos Aires que dos personas que se conocen almuercen juntas? -pregunto Pierre, haciendose el inocente.
– Bueno, si son amigos, claro que si.
– Usted es amiga de Gloria y nosotros tenemos a los Hertz entre nuestros mejores amigos, de manera que no veo donde esta el inconveniente… Vamos, permitame invitarla a almorzar. Amelia se enfadara si le cuento que me la he encontrado y he sido tan descortes que no la he invitado a almorzar.
Entraron en un restaurante proximo y Pierre hizo alarde de su
Natalia estaba demasiado sola y hastiada de su gris existencia como para resistirse a un hombre como Pierre.
No fue la unica ocasion en que el se hizo el encontradizo y ella se dejo invitar al almuerzo. Poco a poco fueron tejiendo una relacion que a ojos de cualquier ingenuo parecia un mero amor platonico entre dos personas que por sentido del deber no se atrevian a dar un paso mas.
Pierre se escudaba en que debia ser leal a Amelia, que habia abandonado marido e hijo por el. Y Natalia le admiraba aun mas por ello, aunque secretamente deseaba que Pierre decidiera cometer esa deslealtad.
Pierre confeso a Natalia que era comunista y que solo ella podia comprender la importancia de su causa.
Sin que ella se diera cuenta fue convenciendola de que no podian permanecer de brazos cruzados dejando que los fascistas del mundo se salieran con la suya, hasta que llego el dia en que le pidio que cualquier informacion que creyera relevante para la «causa» debia transmitirsela para que el la pudiera hacer llegar a las personas adecuadas.
Natalia dudo al principio, pero Pierre dio un paso mas y una tarde se convirtio en su amante.
– ?Dios mio, que hemos hecho! -se lamento Natalia.
– Tenia que suceder -la consolo el.
