De nuevo Amelia fue de gran ayuda a Albert por su dominio del aleman.
– ?Menuda suerte que tengas tanta facilidad para los idiomas!
– No es eso, si hablo frances es porque mi abuela paterna, la abuela Margot, era de Biarritz; en cuanto al aleman ya te he contado que cuando era pequena pase algunos veranos aqui invitada por los Wassermann. Su hija Yla tiene mi misma edad. Mi padre se empeno en que Antonietta y yo aprendieramos aleman y algo de ingles, que, como bien sabes, es lo que peor hablo.
– De ninguna manera, te manejas con soltura en ingles aunque te falte vocabulario. Ya se lo que vamos a hacer, en vez de seguir hablando frances entre nosotros de ahora en adelante lo haremos en ingles y asi practicas.
Asi lo hicieron. Para Albert James resulto evidente que Alemania se preparaba para la guerra y que la amenaza de Hitler a Polonia no era una mas de sus bravuconadas.
Berlin estaba alegre y agitada, pero era una alegria histerica, apreciable a simple vista.
A pesar de las protestas de Amelia, Albert insistio en telefonear a Max von Schumann. Como periodista le interesaba conocer las opiniones del baron en su calidad de militar. Albert no parecia sospechar que entre Amelia y Max habia existido en el pasado un sentimiento al que las circunstancias habian impedido aflorar.
Max von Schumann invito a la pareja a cenar en su residencia, situada en el corazon de la ciudad.
La casa tenia dos plantas y estaba rodeada de un frondoso jardin. Un mayordomo les abrio la puerta y les condujo a la biblioteca donde les esperaban Max y Ludovica.
– Me alegro de que esten aqui, aunque dadas las circunstancias quiza no sea el mejor momento para venir a Alemania…
– ?Vamos, querido, no alarmes a nuestros invitados! -le interrumpio Ludovica.
– La verdad es que Berlin me ha sorprendido -confeso Albert.
– Es imposible no amar esta ciudad -afirmo Ludovica.
– ?Cree que Hitler cumplira con la amenaza de invadir Polonia? -quiso saber Albert.
Max carraspeo incomodo y evito responder a la pregunta, pero a Albert no se le escapo la mirada que el baron cruzo con su esposa.
Y en esa mirada fugaz pudo leer que la amenaza de Hitler de invadir Polonia iba a hacerse realidad.
Albert confeso que habia leido algunos de los discursos de Hitler y le resultaba un misterio que los alemanes se dejaran embaucar por el Fuhrer.
– Tengo la impresion de que trata a los alemanes como si fueran ninos.
– ?Oh, usted no tiene ni idea de como estaba Alemania antes de que gobernara el Fuhrer! Bien sabe Dios que Alemania no contaba, por no hablarle de la falta de trabajo, de dinero, de futuro… Hitler ha devuelto a Alemania la dignidad, nos respetan en Europa, y, como usted mismo puede ver, ahora es un pais prospero. En Alemania no hay paro. Pregunte, pregunte en la calle, para las clases trabajadoras Hitler es una bendicion, y tambien para nosotros, que estabamos a punto de arruinarnos -explico Ludovica.
– ?A quien se refiere cuando habla de «nosotros»? -pregunto Albert.
– A las familias que durante siglos hemos contribuido a la prosperidad de nuestra patria. Los industriales alemanes estaban casi en la ruina, y se de lo que hablo, puesto que mi familia tiene fabricas en el Rhur.
Max parecia incomodo con las explicaciones de Ludovica. Amelia creyo ver un rictus de crispacion en el rostro de su amigo mientras Ludovica hablaba y enaltecia la figura de Hitler, y penso que las desavenencias debian de ser profundas entre el matrimonio.
– Hay muchos alemanes que no opinan como Ludovica -sentencio Max, incapaz de contenerse por mas tiempo.
– Pero querido, son los comunistas, los socialistas y toda esa gentuza los que son incapaces de admitir que gracias al Fuhrer Alemania ha vuelto a ser una gran nacion. Pero los buenos alemanes tenemos mucho que agradecer a Adolf Hitler.
– Yo soy un buen aleman y no tengo nada que agradecerle -respondio Max.
– Agradezcamosle que haya puesto a los judios en el lugar que les corresponde. Los judios han sido las sanguijuelas de Alemania.
– ?Basta, Ludovica! Sabes que no admito que hables en mi presencia de esa manera. Cuento entre mis mejores amigos a muchos alemanes que son judios.
– Lo siento, querido, pero aunque seas mi marido no puedo compartir contigo esa idea que tienes de los judios. No son como nosotros, pertenecen a una raza inferior.
– ?Ludovica!
– Vamos, Max, se coherente, ?no defiendes la libertad? Pues permiteme expresarme con libertad. Espero no estar escandalizando a nuestros invitados… ?Verdad que no, querida Amelia?
Amelia apenas esbozo una sonrisa. No comprendia como Max podia haberse casado con aquella mujer. No tenia nada en comun con la baronesa, salvo que ambos pertenecian a viejas familias y se conocian desde ninos. Sintio compasion por el.
Cuatro dias despues, el 1 de septiembre de 1939, Alemania invadio Polonia. Albert telefoneo a Max para intentar concertar una nueva cita, en esta ocasion a solas, sin Ludovica.
– Hoy me resulta imposible quedar con usted, hagase cargo -se disculpo Max.
– Lo entiendo, pero ?y en los proximos dias?
– Desde luego, desde luego; en principio voy a quedarme en Berlin, ya encontrare un momento para verle.
Dos dias mas tarde, el 3 de septiembre, Gran Bretana, Francia, Australia y Nueva Zelanda declararon la guerra a Alemania. Asi empezo la Segunda Guerra Mundial. El 5 de septiembre Estados Unidos se proclamo neutral, lo que facilito que Albert pudiera continuar en Berlin sin problemas, al igual que Amelia por su condicion de espanola.
Max von Schumann hizo algo mas que volver a reunirse con Albert James, tambien le presento a algunos de sus amigos que al igual que el estaban en contra de Hitler.
El grupo estaba integrado por profesores, abogados, algun pequeno comerciante e incluso otro aristocrata primo de Max, ademas de dos pastores protestantes. En definitiva, hombres de la burguesia ilustrada que abominaban de lo que Hitler estaba haciendo con Alemania.
Albert simpatizo con Karl Schatzhauser, un viejo profesor de medicina que habia sido uno de los maestros de Max cuando el baron cursaba sus estudios.
Karl Schatzhauser vivia en un edificio de la Leipziger Strasse, peligrosamente cerca del cuartel general de la Gestapo, lo que no parecia amedrentarle a la hora de citar a sus amigos que formaban parte de un grupo clandestino de oposicion a Hitler.
– ?Por que no se coordinan con los socialistas y los comunistas? -pregunto Albert al profesor Schatzhauser.
– Deberiamos hacerlo, pero es tanto lo que nos separa… Orco que ellos no se liarian de nosotros y puede que algunos de nosotros tampoco nos fiaramos de ellos. No, no es el momento de actuar conjuntamente. Ahora mismo, los comunistas no saben que hacer despues del pacto que ha firmado el ministro Ribbentrop con los rusos. Para ellos ese pacto es una tragedia: aqui Hitler encarcela y persigue a los comunistas y, sin embargo, Stalin pasa todo esto por alto y firma con Alemania. Ademas, lo que quieren los comunistas alemanes es convertir nuestra patria en otra Union Sovietica, y lo que nosotros pretendemos es que Alemania recupere la normalidad.
– Pero eso les resta fuerza a la hora de oponerse a Hitler -insistio Albert.
– Nosotros queremos una Alemania cristiana, democratica, donde todos estemos subordinados a la ley y no a los caprichos enloquecidos de ese cabo al que hemos convertido en canciller. Y no crea que no pienso que los partidos moderados no han tenido su parte de responsabilidad permitiendo llegar a Hitler al poder. No se puede contemporizar con personajes como el, es un error que hemos cometido los alemanes y tambien las naciones europeas.
– Para poder ser eficaces tenemos que pasar inadvertidos y por eso les insisto a nuestros amigos que debemos actuar como los camaleones -dijo Schatzhauser-. Por ejemplo, Max queria dejar el Ejercito, pero le he convencido para que no lo hiciera porque nos resulta mas util dentro, asi sabemos que es lo que piensan los jefes militares, cuantos pueden llegar a simpatizar con nosotros, que planes tiene Hitler… Todos debemos permanecer en nuestros puestos, no hace falta demostrar ningun entusiasmo por el Fuhrer pero tampoco significarnos tanto que terminemos en los calabozos de la Gestapo. Alli no seriamos de ninguna utilidad a nuestro pais.
