casualidad que esa noche no fui yo quien utilizo el coche. Se lo preste a un amigo, que habia llevado el suyo a una revision y a que le hicieran la ITV. Por lo visto tenia que hacer ciertas cosas, concretamente acudir a una cita, de modo que me pidio prestado el mio. Le dije que si me mandaban llamar, yo podia utilizar la moto de mi esposa. Seguro que el se alegrara de ayudar en lo que pueda.
– ?Cuando le devolvio el coche?
– Seria a primera hora de ayer por la manana, antes de que nos levantaramos. Recuerdo que el coche ya estaba cuando fui a oficiar la misa de las siete. Mi amigo habia dejado una nota de agradecimiento en el salpicadero y llenado el deposito. No me extrano; es siempre muy atento. ?Ha dicho Dorset? Es un largo trecho. Creo que si el hubiera visto algo sospechoso o hubiera presenciado algun incidente, habria telefoneado y me lo habria dicho. De hecho, desde que regreso no hemos hablado.
– Cualquiera que estuviera cerca de la escena del crimen podria tener informacion valiosa sin ser consciente de su importancia -dijo Dalgliesh-. Podria haber visto algo que en su momento quiza no parecio extrano ni sospechoso. ?Nos puede dar su nombre y su direccion? Si vive aqui y podemos verlo ahora, nos ahorraremos tiempo.
– Es el director de la escuela local, la Escuela de Droughton Cross. Stephen Collinsby. Ahora lo encontraran alli. Por lo general va los domingos por la tarde a preparar la semana siguiente en paz. Les apuntare la direccion. Esta muy cerca. Pueden ir andando si quieren dejar el coche aqui. En nuestro camino de entrada esta seguro.
Hizo girar la silla, abrio el cajon de la izquierda y rebusco un rato hasta encontrar una hoja de papel en blanco y se puso a escribir. Luego la doblo cuidadosamente y se la dio a Dalgliesh.
– Collinsby es nuestro heroe local -dijo-. Bueno, a estas alturas se ha convertido ya casi en un heroe nacional. Quizas han leido algo en los periodicos o han visto en la television este programa educativo en el que sale. Es un hombre inteligente. Ha dado un vuelco a la Escuela de Droughton Cross. Y todo se ha hecho en virtud de principios que supongo que la mayoria de las personas respaldarian pero que otras no parecen capaces de llevar a la practica. El cree que cada nino tiene un talento, una destreza o una capacidad intelectual que puede mejorar su vida, y es cometido de la escuela descubrirlo y potenciarlo. Por supuesto necesita ayuda y tiene a toda la comunidad implicada, en especial a los padres. Yo soy miembro del consejo escolar, asi que hago lo que puedo. Aqui doy clases de latin a dos ninos y dos ninas una vez cada quince dias con la ayuda de la esposa del organista, que suple mis deficiencias. El latin no esta en el plan de estudios. Vienen porque quieren aprender la lengua; ensenarles es increiblemente gratificante. Ademas, uno de nuestros coadjutores dirige el club de ajedrez con su mujer. En ese club hay chicos con un talento poco comun para el juego y un enorme entusiasmo, chicos de los que habria cabido pensar que jamas lograrian nada. Si uno queda campeon de la escuela con la posibilidad de competir por el titulo del condado, no tiene que ganarse el respeto llevando un cuchillo. Perdonenme por hablar tanto, pero es que desde que conozco a Stephen y soy miembro del consejo tengo cada vez mas interes en la educacion. Y anima mucho ver que las cosas buenas suceden pese a tenerlo todo en contra. Si disponen de tiempo para hablar con Stephen sobre la escuela, creo que sus ideas les fascinaran.
Se pusieron todos en pie.
– Vaya por Dios -dijo el senor Curtis-, me temo que he sido muy descuidado. ?Se quedan a tomar un te? ?O quiza cafe? -Miro alrededor distraidamente, como si esperase que la bebida se hiciera realidad por arte de magia-. Mi esposa podria… -Se dirigio a la puerta con intencion de llamar.
– Gracias, padre -dijo Dalgliesh-, pero debemos irnos. Sera mejor que cojamos el coche. Quiza tengamos que irnos a toda prisa. Gracias por habernos atendido y por su ayuda.
En el coche, ya con los cinturones abrochados, Dalgliesh desdoblo el papel y se lo paso a Kate. El padre Curtis habia dibujado un meticuloso diagrama con flechas senalando la escuela. Ella sabia por que Dalgliesh habia preferido no ir andando. Al margen de lo que revelara el proximo interrogatorio, era mas prudente no correr el riesgo de que el padre Curtis les hiciera preguntas cuando regresaran a por el coche.
Tras unos momentos de silencio, notando el humor de Dalgliesh y sabiendo que la entenderia, Kate pregunto:
– ?Cree que esto pinta mal, senor? -Queria decir «mal» para Stephen Collinsby, no para ellos.
– Si, Kate, eso creo.
4
Se habian metido de nuevo en el ruido y el denso trafico de Marland Way. El viaje no estaba resultando facil, y Kate no hablo, salvo para indicar el camino a Dalgliesh, hasta que hubieron tomado el desvio adecuado en el segundo semaforo y se encontraron en una calle mas tranquila.
– Senor, ?cree que el padre Curtis habra telefoneado para avisarle de que vamos hacia alla?
– Si, es un hombre inteligente. Desde que nos hemos ido, habra juntado varios hechos desconcertantes, la implicacion de la Met, nuestro rango, ?por que un comandante y una inspectora si se trata de una investigacion rutinaria?, la hora temprana de la devolucion del coche y el silencio de su amigo.
– Pero evidentemente el aun no sabe nada sobre el asesinato.
– Lo sabra cuando manana lea el periodico o escuche las noticias. Incluso entonces dudo de que vaya a sospechar de Collinsby, pero sabe que su amigo puede verse en un aprieto. Por eso estaba decidido a dar toda esa informacion sobre como el otro ha transformado la escuela. Ha sido un homenaje digno de admiracion.
Kate vacilo antes de la pregunta siguiente. Sabia que Dalgliesh la respetaba, y creia que la apreciaba. Con los anos, ella habia aprendido a dominar sus emociones; pero aunque la esencia de lo que ella siempre habia considerado un amor imposible permanecia y permaneceria siempre, esto no le daba plena propiedad sobre la mente de el. Habia preguntas que era mejor no formular. ?Era esta una de ellas?
Tras un rato de silencio en el que Kate mantuvo los ojos fijos en las indicaciones del padre Curtis, dijo:
– Usted sabia que el avisaria a su amigo y no le dijo que no lo hiciera.
– Tendra cinco minutos malos de forcejeo espiritual sin que yo se lo haya puesto peor. Nuestro hombre no va a huir.
Otro giro. El padre Curtis habia pecado de optimista al decir que la escuela estaba «muy cerca». ?Por que se le hacia tan largo el viaje? ?Eran las bocacalles, la reticencia de su companero o la aprension ante el inminente interrogatorio?
Una valla publicitaria. Alguien habia pintado «El diablo esta en internet» con trazos de pintura negra. Debajo, escrito con mas cuidado, «No existe ni Dios ni el diablo». En el panel siguiente, esta vez con pintura roja, «Dios vive, vease el Libro de Job». Esto conducia a la exhortacion final: «A la mierda.»
– Un final bastante corriente en las disputas teologicas, pero rara vez expresado tan groseramente. Esto debe de ser la escuela.
Kate vio un edificio Victoriano de ladrillo recubierto de piedra, al fondo de un gran patio de recreo rodeado por una reja alta. Con gran sorpresa suya, la puerta del patio no estaba cerrada con llave. Una version mas pequena y mas ornamentada del edificio principal, obviamente realizada por el mismo arquitecto, estaba unida al mismo por un pasillo que parecia mas reciente. Aqui se habia hecho un intento para compensar el tamano mediante los adornos. Hileras de ventanas y cuatro peldanos de piedra tallada conducian a una puerta intimidatoria que, despues de que llamaran, se abrio tan rapido que Kate sospecho que el director les estaba esperando. Vio a un hombre de gafas en la madurez temprana, casi tan alto como Dalgliesh, que vestia unos pantalones viejos y un jersey con parches de cuero en los codos.
– Si se esperan un momento, cerrare la puerta del patio -dijo el-. Aqui no hay timbre, pero ya suponia que conseguirian entrar. -Al cabo de un minuto estaba otra vez con ellos.
Aguardo mientras Dalgliesh le ensenaba la orden judicial y presentaba a Kate.
– Les estaba esperando -dijo laconico-. Hablaremos en mi estudio.
Mientras le seguian por el vestibulo escasamente amueblado y por el pasillo con suelo de terrazo, Kate regreso mentalmente a su escuela; ahi estaba el ligero olor, casi ilusorio, a papel, cuerpos, pintura y productos de limpieza. No olia a tiza. ?Se seguia utilizando? Las pizarras habian sido sustituidas en buena medida por los
