– ?Por que deberia creerla? -repuso Cleo con los brazos en jarras.
– Tendra que confiar en mi palabra.
La corpulenta mujer vacilo y se rasco la cabeza.
– ?Es usted una persona integra y sincera? -le pregunto.
– Eso dicen.
– Tomapastillas y el senor del Mal dirian lo mismo, pero no confio en ellos.
– Yo tampoco -aseguro Lucy en voz baja, inclinandose hacia ella-. En eso estamos de acuerdo.
– Pero si no quiere conquistar Egipto, ?por que esta aqui? -quiso saber Cleo, de nuevo recelosa.
– Creo que hay un traidor en su reino.
– ?Que clase de traidor?
– De los peores.
– Tiene que ver con la detencion de Larguirucho y con el asesinato de Rubita, ?verdad? -pregunto Cleo.
– Si.
– Yo lo vi. No muy bien, pero lo vi. Esa noche.
– ?A quien? ?A quien vio? -pregunto Lucy, alerta de repente.
Cleo esbozo una sonrisa de complicidad, antes de encogerse de hombros.
– Si necesita mi ayuda -dijo con una repentina altivez regia-, deberia solicitarla de la forma oportuna, en el momento y el sitio adecuados.
Dicho esto y tras encender un cigarrillo con una floritura, se volvio para marcharse muy ufana. Lucy parecio algo confundida y dio un paso tras ella, pero Peter, que llevaba su bandeja a la zona de recogida en ese momento aunque apenas habia tocado la comida, la detuvo. Mientras limpiaba el plato y lanzaba los cubiertos a traves de una abertura hacia la cuba de lavado, le dijo a Lucy:
– Es verdad. Esa noche vio al angel. Nos conto que el angel entro al dormitorio de las mujeres, se quedo alli un momento y luego se marcho, cerrando con llave al salir.
– Un hecho curioso -comento Lucy, aun sabiendo que su comentario resultaba bastante superfluo en un hospital psiquiatrico donde todo era mas que curioso y a veces espantoso. Miro a Francis, que se habia acercado a ellos-. Pajarillo -le dijo-, ?por que alguien que acaba de cometer un asesinato se esforzaria tanto para que otra persona sea culpada del crimen, y en lugar de huir o esconderse entra en un dormitorio lleno de mujeres que podrian reconocerlo?
Francis sacudio la cabeza. Se pregunto si esas mujeres podrian reconocerlo. Varias de sus voces lo retaron a que respondiera la pregunta, pero las ignoro y fijo la mirada en Lucy. Esta se encogio de hombros.
– Un enigma -dijo-. Pero es una respuesta que tarde o temprano conseguire. ?Crees que podrias ayudarme a averiguarlo, Francis?
El joven asintio.
– Pajarillo se ve seguro de si mismo -sonrio ella-. Eso esta bien.
Y a continuacion los llevo hacia el pasillo. Iba a decir otra cosa, pero Peter tercio.
– Pajarillo, nadie mas debe saber lo que Cleo vio. -Se volvio hacia Lucy-. Cuando Cleo le conto a Francis que el hombre al que estamos buscando habia entrado en el dormitorio de las mujeres, no supo aportar ninguna descripcion coherente del angel. Todo el mundo estaba bastante alterado. Quizas ahora que ha tenido mas tiempo para reflexionar sobre esa noche, se haya percatado de algo importante. Francis le cae bien. Creo que seria bueno que el volviera a hablar con ella. Eso tambien tendria la ventaja de no atraer la atencion hacia ella, porque si usted la interroga, la gente pensara que esta relacionada con esto.
– Tiene sentido -admitio Lucy tras considerar las palabras de Peter-. ?Podras encargarte tu solo y contarmelo despues, Francis?
– Si -afirmo Francis, nada seguro de si mismo a pesar de lo que ella habia dicho antes. No recordaba haber interrogado a nadie para sonsacarle informacion.
Noticiero paso junto a ellos en ese instante y se detuvo haciendo una pirueta de ballet, de modo que los zapatos le chirriaron contra el suelo pulido al girar.
– Union-News: El mercado se hunde ante las malas noticias economicas.
Y dio otro giro con una floritura antes de marcharse por el pasillo con un periodico abierto delante de el como si fuera una vela.
– Si yo vuelvo a hablar con Cleo -pregunto Francis-, ?que haras tu, Peter?
– ?Que hare? Mas bien di que me gustaria hacer. Me gustaria que la senorita Jones fuera mas explicita sobre los expedientes que ha traido.
Lucy no respondio y Peter insistio.
– Nos iria bien conocer algo mejor los detalles que la trajeron aqui, si es que vamos a ayudarla en su investigacion.
– ?Por que cree…? -empezo vacilante, pero Peter la interrumpio, sonriendo de ese modo despreocupado tan suyo que, por lo menos para Francis, significaba que algo le habia resultado divertido y curioso.
– Trajo los expedientes por la misma razon que lo habria hecho yo. O cualquier otra persona que investigara un caso que apenas es algo mas que una suposicion. Para comprobar las similitudes. Y porque en alguna parte tiene un jefe que pronto le exigira progresos. Quizas un jefe, como todos, con poca paciencia o con un sentido muy exagerado sobre como deberian pasar el tiempo de modo rentable sus jovenes ayudantes. De modo que nuestra prioridad es encontrar caracteristicas comunes entre lo que paso en los anteriores asesinatos y lo que paso aqui. Por eso me gustaria ver esos expedientes.
– Muy interesante -repuso Lucy tras inspirar hondo-. El senor Evans me pidio lo mismo esta manana aduciendo las mismas razones.
– Las grandes mentes piensan de modo parecido -comento Peter con sarcasmo.
– Me negue a su peticion -dijo Lucy.
– Eso es porque todavia no sabe si puede confiar en el -repuso Peter, divertido.
– Se lo he dicho a Cleo -sonrio Lucy.
– Pero Pajarillo y yo, bueno, estamos en otra categoria, ?no?
– Si. Un par de inocentes. Pero si le enseno a usted…
– El senor Evans se enfadara. Lo se y no me importa.
Lucy hizo una pausa antes de preguntar:
– Peter, ?tan poco le importa a quien cabrea? ?Ni siquiera si se trata de alguien cuya opinion sobre su salud mental actual podria ser crucial para su futuro?
Peter parecio a punto de soltar una carcajada, y se meso el cabello antes de encogerse de hombros y sacudir la cabeza con la misma sonrisa socarrona.
– La respuesta es si. Me importa muy poco a quien cabreo. Evans me detesta. Y da igual lo que yo haga o diga, me seguira detestando, y no por lo que soy sino por lo que hice. Asi que no tengo ninguna esperanza de que cambie su opinion. Quiza tampoco seria justo que le pidiera que lo hiciera. Y puede que no sea el unico que no me soporta, solo es el mas evidente y, podria anadir, el mas detestable. Nada de lo que yo haga va a cambiar eso. Asi que, ?por que deberia preocuparme por el?
Lucy esbozo una sonrisa que curvo la cicatriz de su rostro y Francis penso que lo mas curioso sobre una imperfeccion tan marcada era que resaltaba el resto de su belleza.
– ?Soy demasiado proteston? -pregunto Peter, aun sonriente.
– ?Como era aquello que se dice de los irlandeses?
– Dicen muchas cosas. En particular, que nos gusta mucho oirnos hablar a nosotros mismos. Es un topico de lo mas trillado. Pero, por desgracia, basado en siglos de evidencia.
– Muy bien -repuso Lucy-. Francis, ?por que no vas a ver a la senorita Cleo mientras Peter me acompana a mi despacho?
Francis dudo.
– Si te parece bien -insistio Lucy.
Asintio con la cabeza. Y noto una sensacion extrana: queria ayudarla porque cada vez que la miraba la encontraba mas bonita que antes. Pero se sintio un poco celoso de que Peter la acompanara mientras el tenia que ir en busca de Cleo. Sus voces interiores sonaban en su cabeza, pero las ignoro y, tras una leve vacilacion, se marcho por el pasillo hacia la sala de estar, donde Cleo estaria en la mesa de ping-pong, en su sitio acostumbrado, tratando de conseguir una victima para una partida.
