Solo en el edificio Amherst habia casi trescientos pacientes varones. Esa cifra se multiplicaba por dos en las demas unidades, y el total del hospital ascendia a unos dos mil cien. La poblacion femenina era ligeramente menor, con ciento veinticinco pacientes en Amherst, y poco mas de novecientas en todo el hospital. Las enfermeras, las enfermeras en practicas, los auxiliares, el personal de seguridad, los psicologos y los psiquiatras aumentaban la cifra de personas a mas de tres mil. Francis penso que el mundo era mas grande, pero aun asi, este era considerable.
Los dias posteriores a la llegada de Lucy Jones, Francis empezo a observar a los hombres que transitaban por los pasillos con una clase distinta de interes. La idea de que uno de ellos fuera un asesino lo inquietaba, y se daba la vuelta cada vez que alguien se le acercaba por detras. Sabia que eso era irracional, y tambien que sus temores eran infundados. Pero le costaba reprimir una sensacion de temor constante.
Trataba de mirar a los ojos en un lugar que disuadia de hacerlo. Estaba rodeado de toda clase de enfermedades mentales, con diversos grados de intensidad, y no tenia idea de como mirar ese padecimiento para detectar otro muy distinto. El clamor que sentia en su interior, procedente de todas sus voces, aumentaba su nerviosismo. Se sentia cargado de impulsos electricos que se disparaban al azar. Sus esfuerzos por tranquilizarse fracasaban y se sentia exhausto.
Peter el Bombero no parecia tan frustrado. De hecho, Francis observo que, cuanto peor se sentia el, mejor parecia estar Peter. Su voz reflejaba mas decision y su paso, mas rapidez por los pasillos. Parte de la tristeza esquiva que mostraba cuando llego al Hospital Estatal Western habia desaparecido. Peter tenia energia, algo que Francis envidiaba, porque el solo tenia miedo.
Pero el tiempo que pasaba con Lucy y Peter en el despacho de esta conseguia sosegarlo un poco. En ese espacio reducido, hasta sus voces interiores callaban y podia escuchar lo que ellos le decian en relativa tranquilidad.
La prioridad, como le explico Lucy, era establecer una forma de reducir la lista de posibles sospechosos. Dijo que podia consultar las historias clinicas de cada paciente y decidir quien habia estado en condiciones de matar a las demas victimas que ella creia relacionadas con el asesinato de Rubita. Tenia otras tres fechas, ademas de la de Rubita. Cada asesinato habia tenido lugar unos dias antes de que se encontrara el cadaver. Era evidente que la gran mayoria de los pacientes no estaba en la calle durante la epoca en que se cometieron. Era facil desechar a los pacientes de larga estancia, en especial los ancianos.
No informo de esta primera investigacion ni a Gulptilil ni a Evans, aunque Peter y Francis sabian lo que estaba haciendo. Eso creo cierta tension cuando pidio al senor del Mal las historias clinicas del edificio Amherst.
– Por supuesto -dijo Evans-. Guardo los expedientes principales en mi despacho, en unos archivadores. Puede ir y revisarlos siempre que quiera.
Estaban frente al despacho de Lucy. Era primera hora de la tarde y el senor del Mal ya habia ido dos veces esa manana a preguntarle si podia ayudarla en algo, y para recordar a Francis y Peter que la sesion en grupo iba a celebrarse como siempre y que tenian que asistir.
– Ahora me iria bien -respondio Lucy y se dispuso a entrar, pero el senor del Mal la detuvo.
– Solo usted -dijo con frialdad-. Los otros dos no.
– Me estan ayudando -replico Lucy-. Ya lo sabe.
El senor del Mal asintio, pero a continuacion nego con la cabeza.
– Puede que si -dijo-. Eso esta por verse y, como usted sabe, tengo mis dudas. Pero eso no les da derecho a ver las historias de otros pacientes. En esos expedientes hay informacion personal y confidencial, obtenida en sesiones terapeuticas, y no puedo permitir que otros pacientes la examinen. Eso no seria etico por mi parte y supondria una violacion de las normas sobre la confidencialidad. Deberia saberlo, senorita Jones.
– Disculpe -contesto ella-. Tiene razon, por supuesto. Es solo que supuse que, dadas las circunstancias, podria ser un poco mas flexible.
– Por supuesto -sonrio el-. Y deseo ofrecerle la maxima colaboracion en su busqueda inutil. Pero no puedo violar la ley, ni es justo que me lo pida, ni a mi ni a cualquier otro supervisor del hospital.
El senor del Mal llevaba el cabello largo y gafas de montura metalica, lo que le conferia un aspecto desalinado. Para compensarlo solia ponerse corbata y camisa blanca, aunque siempre tenia los zapatos raspados y deslustrados. Francis pensaba que era como si no quisiera que lo relacionaran con el cambio ni con el statu quo. No desear pertenecer a ninguna de esas cosas ponia al senor del Mal en una situacion dificil.
– Claro -dijo Lucy-. Yo no haria eso.
– Sobre todo porque sigo esperando que me ensene algun indicio real de que la persona que busca esta aqui.
La fiscal sonrio.
– Y ?exactamente que clase de prueba le gustaria que le ensenara? -pregunto.
Evans tambien sonrio, como si le gustara esa especie de esgrima. Estocada. Parada. Ataque.
– Algo que no sean suposiciones. Quizas un testigo creible, aunque donde podria encontrar uno en un hospital psiquiatrico se me escapa… -Solto una risita, como si bromease-. O quizas el arma del crimen, que hasta ahora no se ha encontrado. Algo concreto. Algo consistente. -Parecia como si todo eso le resultase muy divertido-. Claro que, como ya habra averiguado, senorita Jones, «concreto» y «consistente» no son conceptos apropiados para este lugar. Ademas, sabe tan bien como yo que, estadisticamente, es mas probable que los enfermos mentales se lastimen a si mismos que a los demas.
– Quizas el hombre que estoy buscando no sea exactamente lo que usted llamaria un enfermo mental -replico Lucy-. Puede que pertenezca a una categoria muy distinta.
– Bueno -respondio Evans-, puede que si. De hecho, es probable. Pero lo que tenemos aqui en abundancia es lo primero, no lo segundo. -Hizo una pequena reverencia y senalo con el brazo su despacho-. ?Todavia quiere examinar los expedientes? -pregunto.
– Tengo que hacerlo -dijo Lucy a Peter y Francis-. Empezar, por lo menos. Nos veremos despues.
