en los campamentos y el olor irritante de los liquidos con que se limpiaban las armas. Era un lugar de emanaciones desconocidas e inquietantes.
Al volver a casa habia aprendido que el fuego tiene decenas de olores diferentes en sus distintas fases y formas. El fuego de madera se diferenciaba del fuego quimico, que guardaba pocas similitudes con el fuego que devoraba el hormigon. La primera llama vacilante olia diferente cuando se elevaba y cobraba fuerza, y distinto era el olor chisporrotearte de un incendio en su plenitud. Y todos ellos diferian de los olores de las maderas carbonizadas y los metales retorcidos cuando el incendio era extinguido. Tambien habia conocido entonces el inconfundible olor del agotamiento, como si la fatiga poseyera un aroma propio. Cuando se habia inscrito en la academia de investigadores de incendios provocados, una de las primeras cosas que le ensenaron fue a usar el olfato, porque la gasolina con que se provoca un incendio huele diferente al queroseno, que a su vez huele diferente a las demas formas en que la gente enciende fuegos. Algunas eran sutiles, con olores distantes, esquivos. Otras eran evidentes e inexpertas, y el las detectaba desde el primer momento en que pisaba los escombros.
Cuando llego el momento de provocar su propio incendio, habia utilizado gasolina corriente adquirida en una estacion de servicio situada a apenas kilometro y medio de la iglesia. Comprada con una tarjeta de credito a su nombre. No queria que nadie tuviera ninguna duda sobre la autoria de ese incendio concreto.
En la semi oscuridad del dormitorio, Peter el Bombero sacudio la cabeza, aunque no sabia muy bien que queria negar. Aquella noche habia controlado su rabia asesina y pensado en todo lo que habia aprendido sobre como ocultar el origen de un incendio, todo lo referente a la precaucion y la sutileza, y lo habia ignorado. Habia dejado un rastro tan obvio que incluso el investigador mas inexperto lo habria encontrado. Habia provocado el incendio y cruzado la nave hacia la sacristia dando voces de alarma, aunque creia que estaba solo. Se habia detenido al oir como el fuego empezaba a crepitar con avidez detras de el, y alzado los ojos hacia un vitral que de repente parecia imbuido de vida propia al reflejar las llamas. Se habia santiguado, como habia hecho miles de veces, y salido al jardin delantero, donde habia esperado hasta verlo cobrar toda su fuerza, y despues se habia ido a esperar en la oscuridad del porche de la casa de su madre a que llegara la policia. Sabia que habia hecho un buen trabajo y que ni siquiera la brigada mas dedicada conseguiria extinguir el incendio hasta que fuera demasiado tarde.
Lo que no sabia era que el sacerdote al que habia llegado a odiar estaba dentro. En un sofa de la oficina de la sacristia, en lugar de estar en su casa, donde deberia haber estado. Dormido por un fuerte narcotico que le habria recetado, sin duda, un feligres medico, preocupado porque al buen cura se le veia palido y demacrado y sus sermones parecian salpicados de ansiedad, como era logico. Porque sabia muy bien que el Bombero estaba al corriente de lo que le habia hecho a su sobrinito, y sabia tambien que, de todos sus feligreses, Peter era el unico que seguramente haria algo al respecto. Peter nunca lo habia entendido: habia muchos ninos de los que el sacerdote podia haber abusado y que no estaban emparentados con nadie que pudiera montar en colera. Peter se preguntaba tambien si el farmaco que habia mantenido dormido al sacerdote en su cama mientras la muerte lo envolvia era el mismo que Tomapastillas solia administrar a sus pacientes. Sospechaba que si, en una simetria que le parecia de lo mas ironico.
– Lo hecho, hecho esta -susurro.
Acto seguido, echo un vistazo alrededor para ver si sus palabras habian despertado a alguien.
Intento cerrar los ojos. Sabia que necesitaba dormir, pero no esperaba que eso le supusiera ningun descanso.
Resoplo lleno de frustracion y puso los pies en el suelo, dispuesto a ir al cuarto de bano a beber un poco de agua. Se froto la cara como si quisiera desprenderse de algunos de sus recuerdos. Y al hacerlo tuvo la repentina sensacion de que alguien lo observaba.
Se enderezo de golpe, alerta al instante, y recorrio la habitacion con los ojos.
La mayoria de los hombres estaban envueltos en sombras. Una luz tenue se colaba por las ventanas e iluminaba un rincon. Observo las hileras de camas, pero no vio a nadie despierto. Trato de desechar la sensacion, pero no pudo. Todos sus sentidos, la vista, el oido, el olfato, el gusto y el tacto, parecian gritarle advertencias. Procuro tranquilizarse, no queria volverse tan paranoico como los demas pacientes, pero mientras se calmaba atisbo cierto movimiento con el rabillo del ojo.
Se volvio y durante una fraccion de segundo vio una cara en la ventanita de observacion de la puerta. Sus ojos se encontraron y, entonces, el rostro desaparecio.
Se puso de pie de un brinco y avanzo deprisa hacia la puerta. Acerco la cara al cristal y se asomo al pasillo. Solo podia ver un par de metros en ambas direcciones, y lo unico que vio fue una penumbra vacia.
Tiro del pomo. La puerta estaba cerrada con llave.
Lo invadio la rabia y la frustracion. Apreto los dientes y penso que sus deseos siempre serian inalcanzables, situados tras una puerta cerrada.
La luz tenue, la penumbra y el cristal grueso habian conspirado para impedirle captar los detalles de aquella cara. Lo unico que pudo notar fue la ferocidad de los ojos puestos en el. La mirada habia sido inflexible y maligna, y quiza por primera vez penso que Larguirucho tenia razon al protestar y suplicar tanto. Algo malvado se habia introducido en el hospital, y Peter intuyo que esta encarnacion del mal lo sabia todo sobre el. Intento convencerse de que saber eso indicaba fortaleza. Pero sospechaba que eso podia ser falso.
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