– No… -respondio. El hombrecillo sonrio y, como hacia siempre, se marcho en busca de un ejemplar del periodico del dia.
Peter se volvio hacia mi.
– Bueno, eso explica una cosa y empieza a explicar otras, ?verdad, Pajarillo?
– ?Que? -pregunte.
– Para empezar, la cicatriz de la mejilla.
La cicatriz, por supuesto.
Deberia haber prestado mas atencion a la cicatriz.
Sentado en mi piso, imaginando la palida linea que recorria el rostro de Lucy Jones, cometi el mismo error que en aquel momento. Vi el defecto en su piel perfecta y me pregunte cuanto habria cambiado su vida. Pense que me hubiera gustado haberla tocado.
Encendi otro cigarrillo. Unas volutas de humo acre se elevaron por el aire viciado. Podria haberme quedado asi, perdido en mis recuerdos, si no hubieran llamado a mi puerta.
Me puse de pie, alarmado. Perdi el hilo de las ideas, sustituido por una sensacion de nerviosismo. Me acerque a la entrada y oi como me llamaban por mi nombre.
– ?Francis! -Mas golpes en la gruesa puerta de madera-. ?Francis! ?Abre! ?Estas ahi?
Reflexione un instante sobre la curiosa yuxtaposicion de la peticion «?Abre!», seguida de la pregunta «?Estas ahi?». En el mejor de los casos, el orden estaba invertido.
Reconoci la voz, claro. Espere un momento, porque sospechaba que, en uno o dos segundos, oiria otra voz familiar.
– Francis, por favor. Abre para que podamos verte…
La hermana numero uno y la hermana numero dos. Megan, que era exigente como un nino pero con el tamano y el temperamento de un defensa de futbol americano, y Colleen, que hacia la mitad de bulto y tenia una timidez que combinaba la verguenza con una incompetencia para las cosas mas simples de la vida. «?Podrias hacerlo tu porque yo no sabria por donde empezar?» No tenia paciencia para ninguna de las dos.
– Francis, sabemos que estas ahi, y queremos que abras la puerta ahora mismo.
Seguido de otro toc, toc, toc en la puerta.
Apoye la frente contra la madera y, acto seguido, me gire y apoye la espalda, como para impedir su entrada. Pasado un momento, me volvi de nuevo y dije:
– ?Que quereis?
– ?Queremos que abras la puerta!-Hermana numero uno.
– Queremos asegurarnos de que estas bien. -Hermana numero dos.
Previsible.
– Estoy bien -menti-. Pero ahora estoy ocupado. Volved en otro momento.
– ?Estas tomando los medicamentos, Francis? ?Abre ahora mismo! -La voz de Megan poseia toda la autoridad, y mas o menos la misma paciencia, de un sargento de instruccion del cuerpo de marines.
– ?Estamos preocupadas por ti, Francis!-Era probable que Colleen se preocupara por todo el mundo. Se preocupaba sin cesar por mi, por su familia, por sus padres y por su hermana, por la gente que aparecia en el periodico o en las noticias televisivas de la noche, por el alcalde, por el gobernador y puede que incluso por el presidente, por los vecinos o por la familia que vivia al otro lado de su calle y que parecia atravesar un -Tres comidas decentes al dia y ocho horas de sueno por la noche. De hecho, la senora Santiago me preparo un plato estupendo de arroz con pollo el otro dia - asegure.
– ?Que es eso? -quiso saber Megan senalando la pared escrita.
– Un inventario de mi vida. Nada especial.
Megan sacudio la cabeza. No me creia, y seguia estirando el cuello para husmear.
– Dejanos entrar -pidio Colleen.
– Necesito intimidad.
– Estas volviendo a oir voces -aseguro Megan-. Lo se.
– ?Como? -dije tras dudar un instante-. ?Tu tambien las oyes?
Esto la enfado aun mas, claro.
– ?Dejanos entrar ahora mismo!
– Quiero estar solo. -Negue con la cabeza. Colleen parecia al borde de las lagrimas-. Quiero que me dejeis solo. ? Por que habeis venido?
– Ya te lo hemos dicho. Estamos preocupadas por ti-respondio Colleen.
– ?Por que? ? Os dijo alguien que os preocuparais por mi?
Ambas intercambiaron una mirada antes de contestar.
– No -contesto Megan, intentando modular la premura de su tono-. Es solo que hacia tanto tiempo que no sabiamos nada de ti…
Sonrei. Era agradable que todos mintieramos.
– He estado ocupado. Si quereis una cita, llamad a mi secretaria y tratare de recibiros antes del dia del Trabajo.
La broma no les hizo gracia. Empece a cerrar la puerta, pero Megan planto una mano para detenerla.
– ?Que son esas palabras? -me pregunto a la vez que las senalaba-. ?Que estas escribiendo?
– Eso es cosa mia, no vuestra -replique.
– ?Estas escribiendo sobre mama y papa? ?Sobre nosotros? ?Eso no seria justo!
Me quede estupefacto. Mi diagnostico instantaneo fue que estaba mas paranoica que yo.
– ?Que te hace pensar que sois lo bastante interesantes como para escribir sobre vosotros? -dije despacio.
Y cerre la puerta, puede que con demasiada fuerza, porque el ruido resono en el pequeno edificio como un disparo.
Volvieron a llamar, pero no hice caso. Cuando me aleje de la puerta, un murmullo generalizado de voces en mi interior me felicito por mi actuacion. Les gustaban mis pequenas exhibiciones de rebeldia e independencia. Pero lo siguio una distante y resonante risa burlona, que se elevaba y apagaba las demas voces. Se parecia un poco al grito de un cuervo que, arrastrado por un viento fuerte, pasara invisible por encima de mi cabeza. Me estremeci y me agache un poco, casi como para esquivar un ruido.
Sabia quien era.
– ?Riete si quieres! -grite al angel-. Pero ?quien mas sabe que paso?
Francis se sento frente a la mesa de Lucy, mientras Peter se paseaba por el despacho.
– ?Que hacemos, senorita fiscal? -pregunto el Bombero con cierta impaciencia.
– Creo que ha llegado el momento de empezar a hablar con algunos pacientes -respondio Lucy, y senalo unos