algo como un cuchillo. Era facil ser eficiente; no habia demasiados sitios donde poder ocultar algo.
Se incorporo y sacudio la cabeza. Negro Chico le indico con un gesto que deberian volver al lugar donde habian acordado reunirse con su hermano.
Peter asintio y lanzo una mirada en derredor del dormitorio. Como siempre, habia algunos hombres tumbados en la cama mirando el techo, absortos en sus inextricables ensonaciones. Un anciano se balanceaba atras y adelante, llorando. Otro parecia haber oido un chiste porque, rodeandose el cuerpo con los brazos, reia incontroladamente. El retrasado que habia visto antes en los pasillos estaba en el rincon opuesto del dormitorio, sentado cabizbajo en el borde de la cama, con los ojos fijos en el suelo. Los alzo un momento y se volvio. Peter no supo si se habia percatado de que estaban registrando una zona del dormitorio. No habia forma de descifrar lo que aquel retrasado entendia. Era posible, claro, que no prestara atencion a sus actos, sumido en su casi total impasibilidad. Pero tambien cabia que en el fondo, a pesar de lo embotado que lo dejaban los farmacos psicotropicos, hubiera establecido la conexion entre el paciente que habian llevado para interrogar y el posterior registro de la zona. No sabia si el rumor se extenderia, pero temia que si el asesino llegaba a saberlo, su tarea seria mucho mas dificil. Que los pacientes supieran que se estaban efectuando registros, causaria algun impacto. No estaba seguro de cuanto. No hizo una observacion crucial: si el angel se enteraba, podria querer hacer algo al respecto.
Observo de nuevo el grupo variopinto de hombres de la habitacion y de nuevo se pregunto si pronto correria la voz por el hospital.
– Venga, Peter -le urgio Negro Chico-. Vamonos.
Asintio y se marcharon deprisa del dormitorio.
Aquel dia, mas tarde, o puede que despues, pero seguro que en algun momento durante el desfile constante de enfermos mentales conducidos al despacho de Lucy Jones, se me ocurrio que hasta entonces nunca habia formado parte de nada.
Creia que habia sido curioso crecer sabiendo que, de una forma extrana, secundaria o acaso subterranea, existia toda una serie de conexiones a mi alrededor y que, aun asi, yo estaba destinado a permanecer siempre excluido de ellas. Cuando eres pequeno, quedar al margen es una cosa terrible. Puede que la peor.
Una vez vivi en una tipica calle de las afueras, con muchos edificios blancos de una o dos plantas que servian de bogara la clase media, con jardines delanteros bien cuidados con una o dos hileras de plantas perennes de colores vivos bajo las ventanas y una piscina en la parte de atras. El autocar escolar paraba dos veces en nuestra manzana para recogera los ninos. Por la tarde habia un movimiento constante en la calle, una marea ruidosa de jovenes. Chicos y chicas con vaqueros deshilachados en las rodillas, salvo los domingos, cuando los chicos salian de sus casas con chaqueta azul, camisa blanca almidonada y corbata de poliester, y las chicas llevaban vestidos con volantes. Nos reuniamos todos, junto con nuestros padres, en los bancos de las iglesias cercanas. Era una mezcla tipica de habitantes del Massachusetts occidental, en su mayoria catolicos, que se dedicaban a discutir si comer carne los viernes era pecado, incluidos algunos episcopalianos y baptistas. En la manzana habia algunas familias judias, pero tenian que cruzar la ciudad para ir a la sinagoga.
Era increible y abrumadoramente tipico. La calle tipica de una manzana tipica poblada por familias tipicas que votaban a los democratas, les encantaban los Kennedy e iban a los partidos de la liga de beisbol infantil las tardes calidas de primavera, no tanto para mirar como para hablar. Suenos tipicos. Aspiraciones tipicas. Tipicos en todos los sentidos, desde primera hora de la manana hasta ultima hora de la noche. Miedos tipicos, preocupaciones tipicas. Conversaciones que parecian revestidas de normalidad. Incluso tipicos secretos ocultos bajo fachadas tipicas. Un alcoholico. Un maltratador. Un homosexual no declarado. Todo tipico, todo el tiempo.
Excepto yo, claro.
Se hablaba de mi en tono quedo, el mismo de los susurros que solian reservarse para la noticia espeluznante de que una familia negra se habia instalado dos calles mas abajo o que habian visto al alcalde salir de un hotel con una mujer que no era la suya.
En todos esos anos jamas me invitaron a una fiesta de cumpleanos. Jamas me preguntaron si queria quedarme a dormir en casa de un amigo. Ni una vez subi al asiento trasero de un coche para ira tomar un helado en Friendly. Jamas recibi una llamada por la noche para cotillear sobre el colegio, sobre deportes o sobre quien habia besado a quien en el baile de septimo curso. Nunca jugue en ningun equipo, ni cante en ningun coro ni desfile en ninguna banda. Ningun viernes por la noche anime en un partido de futbol americano, ni me puse nunca con timidez un esmoquin mal entallado para ir a un baile. Mi vida era unica debido a la ausencia de todas esas pequenas cosas que constituyen la normalidad de cualquier persona.
Nunca supe que detestaba mas, si el mundo esquivo del que procedia y al que jamas podria incorporarme o el mundo solitario en que estaba obligado a vivir. Solitario si exceptuamos las voces.
Durante anos las oi llamarme por mi nombre: ?Francis! ?Francis! ?Francis! ?Sal! Era un poco como imaginaba que los ninos de mi manzana me llamarian una tarde calida de julio, cuando la luz se desvanecia despacio y el calor del dia seguia vivo mucho despues de cenar, si lo hubieran hecho alguna vez, lo que nunca ocurrio. Supongo, en cierto modo, que es dificil culparlos. No se si yo habria querido salir a jugar con ellos. Y, a medida que creci, tambien lo hicieron las voces, y sus tonos cambiaron, como si siguieran el ritmo de los anos que pasaban por mi vida.
Todos estos pensamientos debieron de salir de algun punto del mundo vaporoso entre el sueno y la vigilia, porque de repente abri los ojos en mi casa. Debia de haberme quedado dormido un momento, con la espalda apoyada contra la pared. Eran pensamientos que los medicamentos solian sofocar. Tenia torticolis y me levante vacilante. Una vez mas, el dia se habia desvanecido a mi alrededor, y volvia a estar solo, salio por los recuerdos, los fantasmas y los murmullos familiares de esas voces tanto tiempo reprimidas. Parecian todas bastante entusiasmadas con volver a apoderarse de mi mente. En cierto sentido, era como si despertaran a mi lado, como imaginaba que haria una amante de verdad si alguna vez la tenia. Reclamaban atencion, como un grupo feliz que pujara por diversos objetos en una subasta concurrida.
Me desperece nervioso y me acerque a la ventana. Contemple como la oscuridad de la noche avanzaba por la ciudad como tantas veces antes, solo que esta vez me fije en una sombra tras una tienda de recambios de automovil al final de la calle. Observe como se extendia y pense que era algo inquietante, que cada sombra tenia solo un leve parecido al edificio, al arbol o a la persona que la proyectaba. Adoptaba una forma propia que evocaba su origen pero se mantenia independiente. Igual pero distinta. Pense que las sombras podian revelarme mucho sobre mi mundo. Quizas estaba mas cerca de ser una de ellas que de estar vivo. De punto vi un coche patrulla que recorria despacio mi calle.
Tuve la impresion de que venia a vigilarme. Note que los dos pares de ojos del interior oscuro del vehiculo se alzaban y recorrian la fachada del edificio de pisos como unos focos hasta que localizaban mi ventana. Me aparte a un lado para que no me vieran.
Retrocedi y me acurruque contra la pared.
Habian venido a buscarme. Lo sabia, igual que sabia que el dia sigue a la noche y que la noche sigue al dia. Recorri el piso con la mirada en busca de un sitio donde esconderme. Contuve el aliento. Cada latido de mi corazon resonaba como una sirena de niebla. Me aprete mas contra la pared, como si pudiera fundirme con ella. Notaba a los agentes al otro lado de la puerta.
Pero no ocurrio nada.
No aporrearon la puerta.
No sonaron voces fuertes con esa sola palabra, ?Policia!, que lo dice todo de una vez.
El silencio me envolvia y, pasado un segundo, me incline para espiar por la ventana. La calle estaba vacia.