– No tiene ningun sentido -insistio Peter-. Francis es listo y no le haria dano a una mosca…

– Si-replico Negro Chico-, pero todavia oye voces, incluso con la medicacion, y el gran jefe no consigue que entienda por que esta aqui. Y al senor del Mal no le gusta nada, aunque no comprendo por que. Todo eso implica que tu amigo se quedara aqui y que no le solicitaran ninguna vista. No como a algunos. Y, desde luego, no como a ti.

Peter fue a contestar pero cerro la boca. Siguieron andando en silencio y dejo que el calor del dia lo reconfortara de las palabras con que los dos auxiliares lo habian dejado helado.

– Estais equivocados -dijo por fin-. Saldra y volvera a casa. Lo se.

– Nadie lo quiere -aseguro Negro Grande.

– No como a ti -comento Negro Chico-. Todo el mundo quiere echarte el guante. Acabaras en algun sitio, pero no sera aqui.

– Ya -corroboro Peter con amargura-. De vuelta a la carcel. Alli debo estar. Cumpliendo entre veinte anos y cadena perpetua.

Negro Chico se encogio de hombros, dando a entender que Peter habia logrado comprender algo.

Siguieron hacia el edificio Williams.

– Agacha la cabeza -ordeno Negro Chico cuando se acercaban a la entrada lateral del edificio.

Peter lo hizo y bajo los ojos, de modo que observaba el camino de tierra por donde caminaban. Le resultaba dificil, porque cada rayo de sol en la espalda le recordaba estar en otro sitio y cada caricia del viento calido le sugeria tiempos mejores. Siguio adelante mientras se decia que no servia de nada recordar lo que habia sido y lo que era, solo debia pensar en lo que se convertiria. Sabia que eso era dificil porque cada vez que miraba a Lucy veia una vida que podria haber sido suya, pero que lo habia eludido, y pensaba, no por primera vez, que cada paso que daba solo lo acercaba un poco mas a un precipicio aterrador, donde se tambalearia y donde solo lograria mantener un equilibrio muy precario, sujeto por unas delgadas cuerdas que se desgastarian con gran rapidez.

El hombre les sonrio sin comprender y no dijo nada.

– ?Recuerda a la enfermera en practicas a la que apodaban Rubita? -pregunto Lucy por segunda vez.

El hombre se balanceo en el asiento y gimio un poco. No era un si ni un no, solo un gemido de reconocimiento. Francis describio el sonido como un gemido debido a la ausencia de una palabra mejor, porque el hombre no parecia desconcertado, ni por la pregunta, ni por la silla ni por la fiscal sentada frente a el. Era un hombre enorme, ancho de espaldas, con el cabello corto y una expresion inocente. Un hilito de baba le corria por la comisura de los labios y se balanceaba a un ritmo que solo sonaba en sus oidos.

– ?Respondera alguna pregunta? -le espeto Lucy Jones con una nota de frustracion.

El hombre guardo silencio, solo se oia el leve crujido de la silla meciendose adelante y atras. Francis observo las manos del hombre, grandes y nudosas, casi tan curtidas como las de un viejo, lo que no era nada normal porque aquel hombre silencioso no parecia mucho mayor que el. Francis pensaba a veces que en el hospital las pautas corrientes del envejecimiento estaban algo alteradas. Los jovenes parecian ancianos. Los ancianos parecian vejestorios. Hombres y mujeres que deberian estar llenos de vitalidad arrastraban los pies como si el peso de los anos les dificultara cada paso, mientras quienes estaban casi al final de la vida tenian la simplicidad y las necesidades de un nino. Se miro las manos como para comprobar que seguian siendo mas o menos congruentes con su edad. Luego volvio a contemplar las del hombre. Estaban unidas a unos brazos enormes y musculosos. Cada vena que le sobresalia indicaba una fuerza apenas contenida.

– ?Pasa algo? -pregunto Lucy.

El hombre solto otro de los gemidos guturales que Francis se habia acostumbrado a oir en la sala de estar comun. Era un ruido animal que expresaba algo simple, como hambre o sed, y carecia del tono que podria haber tenido si se basara en la rabia.

Evans alargo la mano y arrebato el expediente a Lucy Jones para ojearlo.

– No creo que interrogar a este individuo vaya a dar frutos -dijo con soberbia.

– ?Y eso por que? -Lucy, un poco enfadada, lo miro.

– Tiene un diagnostico de retraso profundo -aclaro Evans a la vez que senalaba una pagina del expediente-. ?No lo ha visto?

– Lo que he visto es un historial de actos violentos contra mujeres -respondio Lucy con frialdad-. Incluido un incidente en que lo sorprendieron a mitad de una agresion sexual a una nina pequena, y un segundo caso en que golpeo a alguien que tuvo que ser hospitalizado.

Evans volvio a mirar el expediente.

– Si, si -asintio con rapidez-. Ya lo veo. Pero, a menudo, lo que se consigna en un expediente no es una relacion exacta de los hechos. En el caso de este hombre, la nina era la hija de un vecino que habia jugado con el de forma provocativa y que, sin duda, tiene sus propios problemas. Su familia prefirio no presentar cargos. Y el otro caso era su propia madre, a la que empujo en una rina originada en que el se nego a efectuar una tarea domestica. La mujer se golpeo la cabeza contra el borde de una mesa y tuvo que ir al hospital. Fue un momento en que no fue consciente de su fuerza. Creo tambien que carece de la clase de inteligencia criminal que usted esta buscando, porque, y corrijame si me equivoco, segun su teoria, el asesino es un hombre bastante astuto.

Lucy recupero la carpeta de manos de Evans y miro a Negro Grande.

– Ya puede devolverlo a su dormitorio -le dijo-. El senor Evans tiene razon.

El auxiliar tomo por el codo al hombre para ayudarlo a levantarse.

– Muchas gracias -dijo Lucy al paciente, que no parecio entender ni una palabra, aunque saludo con una mano y esbozo una sonrisa de oreja a oreja antes de marcharse diligentemente detras de Negro Grande. Su sonrisa no flaqueo ni un instante.

– Vamos demasiado lento -suspiro Lucy, y se recosto en su silla.

– Siempre tuve mis dudas sobre su metodo -replico Evans.

Francis noto que Lucy iba a decir algo y, entonces, oyo dos o tres voces que le gritaban a la vez: ?Diselo! ?Adelante, diselo! Asi que se inclino hacia delante y hablo por primera vez desde hacia horas:

– No pasa nada, Lucy -aseguro despacio. Y anadio-: No se trata de eso.

Evans lo miro, molesto por su intervencion, como si lo hubiera interrumpido.

– ?Que quieres decir? -le pregunto Lucy.

– No se trata de lo que los pacientes dicen -aclaro Francis-. En realidad, no tienen sentido las preguntas que puedas hacerles sobre la noche del asesinato, donde estaban, si conocian a Rubita o si tienen un pasado violento. No importa lo que les preguntes sobre esa noche, ni sobre quienes son. Eso no es lo importante. Digan lo que digan, oigan lo que oigan, respondan lo que respondan, no son las palabras lo que deberias escuchar.

Evans movio la mano con desden.

– ?Crees que nada de lo que dicen es importante, Pajarillo? Entonces, ?para que estamos aqui?

Francis se encogio en la silla, temeroso de contradecir al senor del Mal. Sabia que habia algunos hombres que acumulaban los desaires y las afrentas, y se las cobraban al cabo de un tiempo, y Evans era uno de ellos.

– Las palabras no significan nada -dijo en voz baja-. Tendremos que hablar otro lenguaje para encontrar al angel. Una forma distinta de comunicacion. Y una de las personas que crucen por esta puerta lo hablara. Solo tenemos que reconocerlo cuando llegue. Pero no sera exactamente lo que esperamos.

Evans resoplo y tomo su libreta para efectuar una anotacion breve. Lucy Jones iba a responder a Francis, pero vio al psicologo y le dijo:

– ?Que ha escrito?

– Nada importante.

– Hombre -insistio ella-, tiene que haber sido algo. Un recordatorio de comprar leche al volver a casa. La decision de buscar un nuevo empleo. Una maxima, un juego de palabras, unos ripios o unos versos. Pero era algo. ?Que?

– Una observacion sobre su amigo -respondio Evans, inexpresivo-. Una nota que indica que Francis sigue teniendo delirios. Como lo demuestra lo que ha dicho sobre crear alguna especie de lenguaje nuevo.

Lucy iba a replicar que ella habia comprendido todo lo que Francis habia dicho, pero se detuvo. Dirigio una

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