Warren Trent permanecio sentado e inmovil, su rostro no revelaba sus pensamientos ni su sorpresa. Las condiciones eran mejores de lo que habia esperado, le quedaria personalmente un millon de dolares, mas o menos: muy buena situacion para retirarse de una vida de trabajo. Y sin embargo significaria alejarse; alejarse de todo lo que habia construido y por lo que se habia interesado, por lo menos, reflexiono con tristeza, de lo que creia que le habia interesado hasta un momento antes.

– Imagino -dijo O'Keefe, con un atisbo de jovialidad-, que vivir aqui, sin preocupaciones y con su ayuda de camara para que se ocupe de usted, sera bastante soportable.

No habia para que explicar que Aloysius Royce pronto se graduaria en la Facultad de Derecho y sin duda tendria otras ideas para su propio futuro. Eso, sin embargo, le recordaba que la vida en este sitio, en un hotel que ya no controlaria, seria muy solitaria.

– Suponiendo que rehuse vender. ?Cuales son sus planes? -pregunto de pronto Warren Trent.

– Buscare un solar y levantare otro hotel. En realidad creo que usted perdera este antes de que eso suceda. Pero aunque asi no fuera, la competencia que le haremos lo obligara a abandonar el negocio.

El tono era estudiadamente indiferente, pero la intencion astuta y calculada. La verdad era que la «O'Keefe Hotel Corporation» queria obtener el «St. Gregory» y con urgencia. La falta de una filial de O'Keefe en Nueva Orleans era como un diente menos que privaba a la compania de un solido bocado en el publico viajero. Ya habia ocasionado costosas perdidas el tener que remitir a otras ciudades el oxigeno que sustentaba una brillante cadena de hoteles. Tambien era inquietante que las cadenas que le hacian la competencia estaban explotando la brecha. El «Sheraton-Charles» hacia mucho que estaba establecido. Hilton, ademas de tener su hosteria en el aeropuerto, estaba construyendo en el Vieux Carre. La «Hotel Corporation of America» tenia el «Royal Orleans».

Las condiciones que Curtis O'Keefe habia ofrecido a Warren Trent eran realistas. Los acreedores hipotecarios del «St. Gregory» ya habian sido sondeados por un emisario de O'Keefe y no pensaban cooperar. Pronto se puso en evidencia que su intencion era, primero, obtener el control del hotel y luego proceder al despido general.

Si el «St. Gregory» habia de ser comprado a un precio razonable, el momento crucial era este.

– ?Cuanto tiempo esta dispuesto a concederme para pensarlo? -pregunto Warren Trent.

– Prefiero que me conteste en seguida.

– Todavia no estoy preparado.

– Muy bien -O'Keefe lo considero-. Tengo una cita en Napoles el sabado. Desearia salir a mas tardar el jueves por la noche. ?Que le parece si fijamos el jueves a mediodia?

– ?Es menos de cuarenta y ocho horas!

– No veo motivo alguno para esperar mas.

La obstinacion inclinaba a Warren Trent a no cejar. Pero la razon le recordo que solo significaba adelantar un dia al plazo fatal del viernes que ya habia afrontado. Concedio.

– Supongo que si usted insiste…

– ?Esplendido! -O'Keefe, sonriendo amistosamente, retiro su silia y se levanto, haciendo un gesto con la cabeza a Dodo que habia estado observando a Warren Trent con simpatia.

– Es hora de que nos marchemos, querida. Warren, le agradecemos su hospitalidad. -Esperar un dia y medio mas, decidio, solo era un inconveniente menor. Despues de todo, no cabia duda en cuanto al resultado final.

En la puerta exterior Dodo volvio sus ojos azules hacia el anfitrion.

– Muchas gracias, mister Trent.

El le tomo la mano y se inclino sobre ella.

– No recuerdo que estas viejas habitaciones hayan estado mas adornadas.

O'Keefe miro con rapidez a los lados, sospechando de la sinceridad del cumplimiento; luego comprendio que era sincero. Ese era otro aspecto extrano de Dodo: a veces, de modo inconsciente, lograba la simpatia de las personas mas inesperadas.

En el corredor, los dedos de ella, apoyados apenas en su brazo, despertaron sus sentidos.

Pero antes que nada, recordo, tenia que rezar a Dios, dando gracias por la forma en que se habia desarrollado la velada.

14

– Es emocionante -observo Peter McDermott-, ver como una muchacha busca en su cartera la llave de su apartamento.

– Es un simbolo doble -respondio Christine, buscando todavia-. El apartamento indica la independencia de la mujer, pero perder la llave prueba que todavia conserva su femineidad. ?Aqui esta! ?La he encontrado!

– ?Quedese ahi! -Peter cogio por los hombros a Christine, luego la beso. Fue un beso largo, durante el cual sus brazos la cineron.

Por fin, casi sin aliento, ella dijo:

– He pagado el alquiler. Si vamos a hacer esto, sera mejor que sea en privado.

Tomando la llave de sus manos, Peter abrio la puerta del apartamento.

Christine dejo su carnet en una mesa y se dejo caer en el sofa. Con alivio, saco los pies de la estrechez de sus zapatos.

El se sento a su lado.

– ?Un cigarrillo?

– Si, por favor.

Peter encendio en la misma llama los dos cigarrillos. Tenia una sensacion de gozo e ingravidez, una conciencia del aqui y ahora. Incluia la conviccion de que lo que era logico que pasara entre ellos podia suceder si el queria que asi fuera.

– Esto es agradable -dijo Christine-. Estar aqui conversando.

El le tomo la mano.

– No estamos conversando.

– Pues entonces conversemos.

– Eso no era exactamente…

– Lo se. Pero hay un interrogante con respecto a donde vamos, si lo hacemos, y por que…

– No podriamos dejarlo correr…

– Si lo hicieramos, no habria interrogante. Solo una certeza -se detuvo, pensativa-. Lo que acaba de pasar sucedio por segunda vez, y hay algo quimico involucrado en ello.

– Pense que quimicamente andabamos bien…

– De tal manera que en el transcurso de los acontecimientos habra una progresion natural.

– No solo estoy de acuerdo con usted, sino que voy mas adelante.

– Me imagino que ya esta en la cama.

Peter dijo sonadoramente:

– He tomado el lado izquierdo de la cama segun se entra mirando hacia la cabecera.

– Le dire algo que lo va a desencantar.

– No me lo diga, lo adivinare. Se olvido de cepillarse los dientes. No importa, esperare.

Ella rio.

– Es dificil hablar con usted…

– Hablar no era precisamente…

– Alli empezamos.

Peter se recosto y exhalo un anillo de humo. Lo siguio un segundo y tercer anillo.

– Siempre he querido hacerlo -dijo Christine-. Nunca he podido.

– ?Que tipo de desagrado? -pregunto el.

– Una idea. Que si lo que pudiera suceder… sucede, deberia tener importancia para los dos.

– ?La tendria para usted?

– Creo que si, no estoy segura. -Tenia menos seguridad aun con respecto a su propia reaccion por lo que podria sobrevenir en seguida.

El apago su cigarrillo, luego tomo el de Christine e hizo lo mismo. Cuando cogio entre las suyas las manos de

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