trabajar.

Habia dormido con sueno profundo la tarde anterior y las primeras horas de la noche. Luego hizo una excursion desde el hotel, volviendo a las dos de la madrugada. Habia vuelto a dormir otra hora y media, despertandose bien despejado en el momento que se habia propuesto. Se levanto, afeito y ducho, terminando con agua fria. La lluvia helada tonifico su cuerpo, al principio con un hormigueo, y luego entrando en calor al frotarse en forma vigorosa con la toalla.

Parte de su ritual previo a un saqueo profesional, era ponerse ropa interior fresca y una camisa limpia planchada. Ahora podia sentir la agradable aspereza de la tela, que se complementaba con el punto de tension al que se habia acostumbrado. Si por un instante experimento alguna duda breve e inquietante (una sombra de temor concerniente a la terrible posibilidad de ser enviado a prision por quince anos, si lo cogian una vez mas), la desecho en seguida.

Mucho mas satisfactoria era la facilidad con que habia llevado a cabo sus preparativos.

Desde su llegada el dia anterior, habia aumentado su coleccion de llaves del hotel, de tres a cinco.

Una de las dos llaves extra, la habia obtenido la noche anterior de la forma mas simple, pidiendola en el mostrador, principal del hotel. El numero de su habitacion era 830. Habia pedido la llave 803.

Antes de hacerlo, tomo ciertas precauciones elementales. Se aseguro que la llave 803 estaba en el papel, y que la casilla debajo de la llave no contenia cartas ni mensajes. En caso afirmativo, habria esperado. Cuando entregaban cartas o mensajes, los empleados tenian la costumbre de preguntar su nombre a los que reclamaban las llaves. Habia estado rondando hasta que el mostrador estuvo lleno; luego se unio a la fila de varios huespedes. Le entregaron la llave sin preguntar. De presentarse cualquier tropiezo, hubiera dado la explicacion, muy aceptable, de que habia confundido el numero.

La facilidad de todo, se dijo, era un buen augurio. Mas tarde, despues de asegurarse de que habia cambiado el turno de empleados, conseguiria las llaves 380 y 930 de la misma manera.

Una segunda tentativa tuvo, tambien, buen resultado. Dos noches antes, a traves de un contacto responsable, habia hecho ciertos arreglos con una muchacha de Bourbon Street. Fue ella quien le proporciono la quinta llave, con la promesa de otras mas.

Solo la terminal del ferrocarril, despues de una tediosa vigilia que cubrio muchas partidas de trenes, no le habia dado resultado. Lo mismo habia sucedido en otras ocasiones y en otras partes, y Keycase decidio aprovechar la experiencia. Los que viajaban por tren eran, sin duda, mas conservadores que los que viajaban por aire y tal vez por esa razon tuvieran mas cuidado con las llaves del hotel. De manera que en lo futuro eliminaria de sus planes las terminales ferroviarias.

Miro la hora. Ya no habia motivo para retrasarse, aun cuando advirtio que experimentaba una curiosa desgana de dejar la cama donde estaba sentado. Pero, sobreponiendose, completo sus dos ultimos preparativos.

En el cuarto de bano se sirvio el tercio de un vaso de whisky. Hizo prolongadas gargaras con la bebida, aunque sin ingerirla, escupiendola en el lavabo.

Luego tomo un periodico doblado… una primera edicion del Times-Ficayune, comprado anoche… y se lo coloco bajo el brazo.

Por fin, despues de registrar sus bolsillos donde habia dispuesto su coleccion de llaves por orden de numeros, salio de su habitacion.

Sus zapatos con suela de goma, no hacian ruido en la escalera de servicio. Bajo dos pisos hasta el sexto, moviendose con comodidad, sin prisa. Al entrar al corredor del sexto piso, miro con precaucion y disimulo hacia uno y otro lado, por si alguien pudiera observarlo. El corredor estaba desierto y silencioso.

Keycase ya habia estudiado el esquema del hotel y el sistema de numeracion de las habitaciones. Tomando la llave 641 del bolsillo, la retuvo con naturalidad en la mano y camino despacio hacia donde estaba la habitacion.

La llave era la primera que habia obtenido en el aeropuerto de Moisant. Keycase, sobre todas las cosas, tenia una mente ordenada.

La puerta de la 641 estaba frente a el. Se detuvo. No se veia luz por debajo de ella. Tampoco se oia ruido dentro. Saco los guantes y se los puso.

Sintio que se aguzaban sus sentidos. Sin hacer el menor ruido, inserto y giro la llave. En el mas profundo silencio la puerta se abrio. Quitando la llave, entro, cerrandola con mucha suavidad tras de si.

Las debiles luces del amanecer menguaban la oscuridad interior. Keycase se quedo inmovil, orientandose, hasta que sus ojos se acostumbraron a la penumbra.

La claridad grisacea era una razon por la que los avezados ladrones de hoteles elegian esa hora para operar. La luz era suficiente para ver y evitar obstaculos y, con suerte, podian eludir el ser vistos. Habia otras razones, tambien. Era un momento de calma en la vida de cualquier hotel… el personal de la noche, todavia en funciones, estaba menos alerta cuando faltaba poco tiempo para cambiar el turno. El personal diurno todavia no habia entrado. Los huespedes… hasta los jaraneros y noctambulos, estaban ya en sus habitaciones y casi con seguridad dormidos. El amanecer tambien daba a la gente una sensacion de seguridad, como si los peligros de la noche hubieran pasado.

Keycase podia ver, sin embargo, la forma de una mesita de noche. A la derecha, estaba la sombra de una cama; a juzgar por la respiracion, reposada, el ocupante dormia.

La mesita de noche era el primer lugar donde buscar dinero.

Se movio con cautela, sus pies explorando en torno para no tropezar. Se estiro para tocar la mesita de noche al aproximarse. Exploro con la punta de los dedos. Los dedos enguantados encontraron una pequena pila de monedas. No le interesaban. Las monedas hacian ruido. Pero donde habia monedas, era probable que estuviera la cartera. ?Ah!, la habia encontrado. Y muy abultada.

Una luz brillante ilumino de pronto la habitacion.

Sucedio tan repentinamente, sin el menor anuncio ni sonido, que la rapidez de Keycase, de la que se enorgullecia, le fallo por completo.

La reaccion fue instintiva. Dejo caer la cartera y se volvio con aire culpable, encarado a la luz.

El hombre que habia encendido la lampara al lado de la cama, estaba en pijama, sentado. Se le veia joven, fuerte y colerico.

Sin contenerse, exclamo:

– ?Que demonios esta haciendo?

Keycase se detuvo con la boca abierta, con expresion tonta, incapaz de hablar.

Lo probable, razono en seguida Keycase, es que el que despierta, necesite uno o dos segundos para recuperar toda su claridad mental, motivo por el cual no habia percibido la culpabilidad inicial de su visitante. Pero por el momento, consciente de haber perdido una preciosa ventaja, Keycase intento recuperar la iniciativa, aunque su reaccion resultara tardia.

Balanceandose como si estuviera borracho, exclamo:

– ?Que significa eso de que estoy haciendo? ?Que esta haciendo usted en mi cama? -simulando despreocupacion se quito los guantes.

– ?Al demonio con usted…! ?Esta es mi cama! ?Y mi habitacion!

Acercandose, Keycase le exhalo el aliento cargado del whisky de las gargaras. Vio que el otro se retraia. Ahora Keycase pensaba con rapidez y con toda frialdad, como siempre lo habia hecho. Habia sorteado situaciones tan peligrosas como esta, con anterioridad.

Era importante, llegado este punto, entrar en la fase defensiva, y no continuar con el tono agresivo, porque si no el legitimo propietario de la habitacion, podia asustarse y pedir socorro. Ademas, este tenia todo el aspecto de poder resolver cualquier contingencia por si mismo.

– ?Su habitacion? ?Esta seguro? -pregunto Keycase con expresion tonta.

El hombre de la cama estaba mas colerico que nunca:

– ?Despreciable borracho! ?Por supuesto que estoy seguro de que esta es mi habitacion!

– ?Es la 614?

– ?Estupido fantoche! ?Es la 641!

– Lo siento, amigo. Me parece que me he equivocado. -Keycase tomo el diario que llevaba debajo del brazo para dar la impresion de que acababa de llegar de la calle.- Este es el diario de la manana. Se lo dejo como atencion especial.

– No quiero su maldito periodico. ?Cojalo y vayase!

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