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Al salir del hospital, Brunetti vio que el cielo se habia cubierto y habia entrado en la ciudad un fuerte viento del Sur. Se notaba en el aire una humedad que presagiaba lluvia, lo que significaba que quiza aquella noche los despertara el bramido estridente de las sirenas. El aborrecia el
Brunetti se subio el cuello del abrigo y agacho la cabeza sintiendo el empujon del viento en la espalda; ahora le pesaba no haberse puesto un panuelo al cuello aquella manana. Cuando cruzaba por detras de la estatua de Colleoni, a sus pies se estrellaron en el pavimento los primeros goterones. La unica ventaja del viento era que hacia que la lluvia cayera muy en diagonal, con lo que un lado de la estrecha calle quedaba protegida por los aleros de las casas. Los que habian sido mas precavidos que el llevaban paraguas y caminaban bien protegidos, sin preocuparse de los viandantes menos afortunados que tenian que desviarse o agacharse para sortearlos.
Brunetti llego a la
Encima de la mesa, Brunetti encontro una unica hoja de papel, un informe de la Interpol de Ginebra que decia que no tenian ficha ni informacion acerca de Francesco Semenzato. Debajo del texto pulcramente mecanografiado habia unas palabras manuscritas: «Circulan rumores, nada concreto. Preguntare por ahi.» Y al pie, un garabato en el que reconocio la firma de Piet Heinegger.
A media tarde sono el telefono. Era Lele, que decia que habia podido hablar con varios amigos, incluido el de Birmania. Ninguno se habia mostrado dispuesto a decir algo concreto de Semenzato, pero Lele habia deducido que existia la impresion de que el director del museo estaba involucrado en el negocio de antiguedades. No en calidad de comprador sino de vendedor. Uno de sus informantes tenia entendido que Semenzato habia invertido en una tienda de antiguedades, pero no sabia mas, ignoraba donde estaba y quien pudiera ser el propietario oficial.
– Eso apunta a un conflicto de intereses -dijo Brunetti-. Comprar objetos al socio con dinero del museo.
– No seria el unico -musito Lele, pero Brunetti prefirio no darse por enterado del comentario-. Y otra cosa - agrego el pintor.
– ?Que?
– Cuando hable de un robo de obras de arte, uno me dijo que habia oido hablar de un coleccionista muy importante de Venecia.
– ?Semenzato?
– No -respondio Lele-. No lo pregunte, pero como es sabido que me intereso por el estoy seguro de que, de tratarse de Semenzato, mi amigo me lo hubiera dicho.
– ?Dijo quien era?
– No. No lo sabia. Pero corre el rumor de que se trata de un caballero del Sur. -Lele lo dijo como si le pareciera imposible que un caballero pudiera ser del Sur.
– ?Pero de nombres, nada?
– No, Guido. De todos modos, seguire preguntando.
– Muchas gracias. Te estoy muy agradecido, Lele. Eso no podria hacerlo yo.
– Desde luego -dijo Lele llanamente. Y, sin molestarse en decir «no hay de que», termino con un-: Si hay algo mas, ya te llamare -y colgo.
Brunetti, considerando que ya habia trabajado lo suficiente por aquella tarde y deseando evitar que la llegada del
A las diez ya estaban en la cama, ella, profundamente dormida ante una muestra de escritura estudiantil especialmente desafortunada y el, enfrascado en una nueva traduccion de Suetonio. Habia llegado al pasaje que describia a los ninos que nadaban en la piscina de Tiberio en Capri cuando sono el telefono.
–
– Comisario, aqui Monico. -Brunetti recordo que el sargento Monico tenia el turno de noche aquella semana.
– ?Que hay, Monico?
– Creo que ha habido un asesinato.
– ?Donde?
–
– ?Quien?
– El director.
– ?Semenzato?
– Si, senor.
– ?Que ha ocurrido?
– Parece un atraco. La mujer de la limpieza lo ha encontrado hace unos diez minutos y ha bajado gritando a los guardias. Ellos han subido al despacho, lo han visto y nos han llamado.
– ?Que han hecho ustedes? -Brunetti puso el libro en el suelo al lado de la cama y empezo a buscar la ropa con la mirada.
– Hemos llamado al
– ?Le han dicho algo mas los guardias?
– Si, senor. El que ha llamado ha dicho que habia mucha sangre y que parecia que le habian golpeado en la cabeza.
– ?Ya estaba muerto cuando lo vio la mujer de la limpieza?
– Creo que si, senor. El guardia dijo que cuando ellos subieron lo encontraron muerto.
– Esta bien -dijo Brunetti, apartando la ropa de la cama-. Voy para alla. Envie a quien tenga disponible. ?Quien hay esta noche?
– Vianello, senor. Estaba de guardia conmigo en el turno de noche y ha salido para alla nada mas recibirse la llamada.
– Bien. Llame al
– Si, senor, iba a llamarle ahora mismo.
– Bien -dijo Brunetti haciendo girar el cuerpo y poniendo los pies en el suelo-. Llegare en unos veinte minutos. Necesitamos a un equipo para las fotos y las huellas.
– Si, senor. Avisare a Pavese y a Foscolo en cuanto hable con el
– De acuerdo. Veinte minutos -dijo Brunetti y colgo. ?Es posible sentirse horrorizado y no sorprendido, a pesar