Sin mirar la tarjeta, ella la dejo en el brazo del sofa y se puso en pie. Los acompano a la puerta, les dio la mano, les deseo buenas tardes y cerro en cuanto salieron del piso.
– ?Y bien? -pregunto Vianello cuando empezaban a bajar la escalera.
– Mas pruebas de que la gente no se fia de nosotros.
– ?De ti y de mi, o de la policia en general? -indago Vianello, cuando llegaban al ultimo tramo.
– De la policia -respondio Brunetti, y abrio la puerta del edificio. Ambos salieron a la luz del dia-. Creo que ella se fiaba de ti y de mi. De lo contrario no nos hubiera hablado de esa cosa, de Alba Libera. -Luego, tras una pausa-: Un nombre tonto, ?verdad?
Vianello se encogio de hombros.
– ?Lo dices porque es petulante?
Brunetti asintio, y anadio:
– No mas que Opus Dei, supongo.
Vianello se echo a reir y se paso las manos por el cabello, como limpiandose de los acontecimientos de la manana.
– Tomare el 51 -dijo el inspector-. Es mas rapido.
Por un momento, Brunetti quedo confuso, pero luego comprendio: Vianello no iba a acompanarlo de vuelta, hacia Rialto, donde el inspector podia tomar el Uno, que lo conduciria a Castello. Al igual que Brunetti, deseaba ir a casa a almorzar, y la embarcacion que iba por detras de la isla y paraba en Celestia era la manera mas rapida de llegar.
– Pues hasta luego -se despidio Brunetti, y se dirigio a casa.
Cuando sus pies tomaron la direccion adecuada, volvio su pensamiento a lo que acababa de oir. La calle Bernardo lo llevo al Campo San Polo, pero estaba ciego para todo y para todos los que iba dejando atras. Trataba de representarse a la joven con el rostro ensangrentado acurrucada en el descansillo. No solo trato de representarsela, sino de imaginar lo que la llevo alli o dondequiera que pudiese haber ido despues de que la
La existencia del hombre que habia golpeado a la muchacha -Brunetti no albergaba duda alguna sobre el sexo del agresor- fue la primera prueba de que el deseo de la
Si el hijo estaba enterado de la entrada y salida de esas ninas y mujeres, eso podria explicar su nerviosismo. Podria haber prevenido a su madre en contra de acoger a esas mujeres en su casa. A Brunetti le costaba admitir que un hijo no advirtiera en ese sentido a su madre. Pero el vivia en Lerino, ella en Venecia, y de este modo el podia ejercer poco control efectivo sobre lo que ella hacia o no hacia, a quien recibia en su casa o a quien no.
Se hallo frente a su propia casa y se detuvo alli como un juguete de cuerda que hubiera chocado contra una pared, pero persistiera en seguir adelante. Seguia preocupado por la historia de la
Alguien se le acerco por detras y le dio las buenas lardes. Brunetti se volvio y saludo al
Como suponia, el buzon estaba vacio, pero durante el tiempo que dedico a cerrarlo y a echar la llave, el
Abrio la puerta de su casa, y ante un olor en el que se mezclaban notas de calabaza y pollo, redescubrio su interes por la comida y sus aromas.
En la cocina encontro a Paola a la mesa, enfrascada en una revista: uno de los habitos que habia desarrollado a lo largo de los anos era leer la prensa en la cocina; los libros, en su estudio y en la cama.
– ?Hay huelga en la universidad? -pregunto al tiempo que se inclinaba para besarla.
Ella se volvio mientras el hablaba, de modo que Brunetti acabo besandola en la oreja en lugar de hacerlo en lo alto de la cabeza. Ninguno de los dos se preocupo por eso.
– No. Solo se presento uno de mis estudiantes, asi que suspendi la clase y me vine a casa.
Dejo que la revista se deslizara sobre la mesa, donde quedo abierta por el articulo que estaba leyendo. Brunetti le dirigio una mirada y vio lo que parecia una agitada nube blanca cubriendo la mitad superior de la pagina de la izquierda.
– ?Que es eso? -pregunto, cogiendo la revista y sosteniendola a la distancia que ahora requeria su vista.
Ella le paso sus propias gafas de lectura.
– ?Pollos?
Echo un vistazo mas de cerca. Pollos.
Dejo caer la revista sobre la mesa y le devolvio las gafas.
– ?De que se trata?
– Es uno de esos terrorificos articulos, la clase de cosas que quisieras no haber empezado a leer, pero no puedes parar una vez has empezado. Sobre lo que hacen con ellos.
– ?Pollos? ?Pollos terrorificos? -pregunto, al tiempo que oia un chisporroteo en el horno, senal inequivoca de que algo se estaba asando dentro.
– Chiara lo trajo a casa y me dijo que lo leyera. -Paola apoyo la cabeza en la mano y pregunto-: ?Crees que esto es otra senal de que han crecido mas alla de tu control?
– ?Que?
– Cuando dejan de pedirte cosas para leer y empiezan a decirte que tu las leas.
– Podria ser -admitio, y se dirigio al frigorifico en busca de algo que le hiciera olvidar los terrorificos pollos. Al fondo vio unas botellas de Moet-. ?De donde ha salido este champan?
– De uno de mis alumnos.
– ?De uno de tus alumnos?
– Si. Hace pocos dias supero su examen final y me mando unas botellas.
– ?Por que?
– Supervise su tesis. Era brillante, sobre el uso de la imagineria de la luz en las novelas tardias.
Alerta, Brunetti se dio cuenta de que era un momento crucial. Si no actuaba inmediatamente, iba a enfrentarse a un periodo de tiempo por determinar escuchando lo que habia escrito un estudiante, bajo la direccion de su senora esposa, sobre el uso de la imagineria de la luz en las novelas tardias de Henry James. Considerando el hecho de que recientemente habia soportado una reunion con el
– ?Cuantas botellas te ha enviado? -pregunto, en una maniobra dilatoria.
– Unas cajas.
– ?Que?
– Unas cajas. Tres o cuatro, no me acuerdo.
Eso, Brunetti lo sabia, era consecuencia de haber nacido en una familia noble que no solamente poseia alcurnia sino una gran fortuna: uno pierde la cuenta de las cajas de Moet que un estudiante le manda.
– Un soborno -declaro con su poco lograda voz de polizonte.
– ?Que?
– Un soborno. Me extrana que lo hayas aceptado. Espero que no le des una calificacion alta a esa tesis.
– Todo lo alta que pueda. Era brillante.
Brunetti sepulto el rostro entre sus manos y gimio. Luego saco una de las botellas y tomo dos copas del armario. Las puso en la mesa, haciendo mucho ruido al colocarlas, y luego dirigio su atencion a la botella, cuyo papel dorado rasgo. Apunto con el corcho al rincon mas lejano y lo disparo. El estampido resono en toda la casa y le reconforto el corazon.
