Habia movido demasiado la botella, y el champan produjo una espuma que se derramo sobre su mano. Se apresuro a llenar la primera copa, que se desbordo, y luego la segunda, con la que ocurrio lo mismo. Dos charquitos se extendieron en torno a las copas.

– Rapido, rapido -dijo, tendiendole a ella una copa.

No dijo nada mas, hizo chocar su copa contra la de ella, pronuncio el «cin, cin» y bebio un buen trago. «Ah», exclamo, en paz con el mundo una vez mas. Con otro trago, vacio la copa.

– ?Que te pasa? -pregunto Paola, y luego tomo su copa y bebio un sorbo-. ?Que estas haciendo?

– Destruir pruebas.

– Oh, eres bobo, Guido -dijo, pero se rio y las burbujas se le subieron a la nariz y la hicieron toser.

El almuerzo, quiza por las burbujas, por la risa o por alguna combinacion de ambas, fue agradable y placentero. Chiara parecio satisfecha cuando su madre le aseguro que el pollo era de granja, un pollo biologico que habia llevado una vida sana y feliz. Brunetti, un hombre dedicado a mantener la paz, fue consecuente y no pregunto como podia uno afirmar que un pollo habia sido feliz.

Chiara, por supuesto, no comio pollo, pero sus principios vegetarianos se vieron suficientemente satisfechos por las seguridades que le dio su madre de que el estilo de vida de los pollos no justificaba que ella provocara a los demas miembros de la familia con sus comentarios sobre el acto absolutamente repulsivo en que estaban incurriendo al comer el pollo en cuestion. Su hermano Raffi, indiferente a la felicidad del pollo, solo se preocupaba por su sabor.

Mas tarde, cuando pasaron a la sala de estar a tomar cafe, Brunetti, profundamente aliviado porque nadie le habia preguntado por la signora Altavilla, pregunto:

– ?Que hacen con esos pollos?

– No con el que hemos comido. Espero que lo entiendas -advirtio Paola.

– Entonces, ?no era mentira?

– ?El que?

– ?Que era un pollo biologico?

– No, claro que no -nego Paola, no indignada pero quiza a punto de estarlo si la provocaban.

– ?Por que?

– Porque a los otros los llenan de hormonas, productos quimicos y antibioticos, y sabe Dios que, y si contraigo un cancer quiero que sea porque bebo demasiado vino tinto o como demasiada mantequilla, no porque como demasiada carne industrial.

– ?De veras crees eso? -pregunto el, curioso, no esceptico.

– Cuanto mas leo -empezo a decir, volviendose en el sofa para ponerse de cara a Brunetti-, mas creo que gran parte de lo que comemos esta contaminado en alguna medida. -Antes de que el pudiera hacer un comentario, Paola lo hizo por el-: Si, Chiara se pasa un poco en este asunto, pero en el fondo tiene razon.

Brunetti cerro los ojos y se deslizo en el sofa.

– Es agotador preocuparse siempre de esas cosas.

– Si, lo es. Pero al menos vivimos en el norte, asi que corremos menos peligro.

– ?Peligro?

– Si lees los articulos te enteras de lo que estan haciendo por alli abajo.

Brunetti miro a un lado y la vio coger sus gafas y, como si al parecer desistiera de hablar de aquellas cosas justo despues del almuerzo, volvio a fijar su atencion en el libro que habia traido de su estudio.

El se sento de nuevo y se concentro en su propio libro, los Anales, de Tacito, que llevaba sin leer al menos veinte anos. Y que ahora leia con la atencion de un hombre de una generacion mayor. El salvajismo de gran parte de lo que describia Tacito parecia adecuarse a los tiempos en que a Brunetti le habia tocado vivir. El gobierno hundido en la corrupcion, el poder concentrado en manos de un solo hombre, el gusto y la moral publicos viciados hasta mas alla de lo imaginable: que familiar sonaba todo eso.

Sus ojos se encontraron con esta frase: «El fraude, atacado repetidamente por la legislacion, revivia ingeniosamente tras cada sucesiva contramedida.» Volvio a colocar el punto de lectura y cerro el libro. Decidio que no volveria al trabajo aquella tarde, y que, en cambio, se saltaria su deber y daria un largo paseo en compania de su senora esposa.

13

A la manana siguiente, Paola le llevo el cafe a la cama y le entrego la edicion del dia del Gazzettino, igualmente convencida de su menor toxicidad cuando se presentaba en papel. Brunetti bebio su cafe y lo dejo en la mesita de noche, para tener las manos mas libres y leer el periodico. En algun momento de los ultimos anos, incluso el Gazzettino habia cedido a las necesidades impuestas por el coste, y se imprimia en el formato reducido que habian adoptado la mayoria de los periodicos. Aunque la edicion mas reducida era mas comoda para leer en la cama, Brunetti -del mismo modo que echaba de menos el tipo de letra que habia leido durante decadas- extranaba el viejo periodico de gran formato que requeria ser leido con los brazos bien abiertos. Recordaba las muchas veces que su lectura de aquel formato en sabana habia provocado airados codazos y comentarios entre el publico que se sentaba junto a el en el vaporetto. Pero aun lo anoraba, quiza porque su tamano hacia de su lectura un acto casi publico: no habia manera de limitar su invasion del espacio ajeno. Esta nueva version era un asunto demasiado privado.

La historia de la muerte de la signora Altavilla casi habia desaparecido de los periodicos. Anciana encontrada muerta a causa de un probable ataque al corazon: ?que clase de noticia era esa? Lo mejor que los redactores podian hacer era tratarla buscando cierto pathos residual: mencionaban su condicion de viuda, asi como a su hijo y a los tres nietos que dejaba. Brunetti busco las esquelas y encontro dos, una de su hijo y familia, y otra de la organizacion Alba Libera.

Leyo algunos articulos mas y luego, agotado su interes por el periodico, se levanto, se afeito, se ducho y fue a la cocina, donde encontro a Paola con La Repubblica extendida ante ella en la mesa, y con la barbilla apoyada en las palmas de las manos.

Al oirlo entrar, dijo:

– Nunca fui capaz de leer Pravda, pero me pregunto si todos los demas periodicos son simples variaciones de ella.

– Probablemente -admitio el, dirigiendose hacia el fregadero para volver a llenar la cafetera.

– Cuando estudiaba en Inglaterra -continuo ella- me acostumbre a los periodicos que traian una parte de noticias y otra parte, separada, con los articulos de opinion. -Advirtio que el le prestaba atencion, de modo que cogio el periodico por la parte inferior y sacudio las paginas como si tratara de barrer las migas del mantel-. Aqui no hay diferencia. Todo esta editorializado.

– Lo otro no es mejor. Y recuerda que La Repubblica tiene buena reputacion.

Ella se encogio de hombros y dijo, con verdadera decepcion:

– Esperaria algo mejor de ella.

– Eso es una bobada -dijo Brunetti, y puso la cafetera al fuego.

– Ya lo se, pero eso no me impide tener esperanzas. -Luego, cerrando el periodico, anadio-: El cazo esta en el fregadero.

De este modo le dejaba a el la tarea de calentar la leche para el cafe. Luego pregunto, mientras el cafe empezaba a golpetear la tapa de la cafetera:

– ?Has averiguado algo sobre la muerte de esa mujer?

– Segun Rizzardi la causa fisica fue un ataque al corazon -dijo, sabiendo que Paola le pillaria.

– Y La Repubblica tiene buena reputacion.

– ?Que quieres decir con eso? -pregunto, aunque sospechaba que lo sabia.

– En logica, el error se llama Apelacion a la Autoridad -respondio ella, provocando su confusion-. Tu me dices que segun Rizzardi fue un ataque al corazon, en el mismo tono con que dices que este es un buen periodico. Estas citando autoridades, pero tu no te las crees. -Aguardo el comentario de el, pero como no hizo ninguno, anadio-: Hay algo que te preocupa, y yo supongo que es la muerte de esa mujer, lo cual significa que probablemente no crees a Rizzardi o, lo que es mas probable aun, que el se muestra mas jesuitico que de costumbre, y tu lo sabes.

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