Cruzo el
Aquel dia la madre Rosa estaba sentada en uno de los sillones, con un libro abierto en el regazo. Hizo una inclinacion de cabeza cuando el entro y cerro el libro.
– ?Que puedo hacer hoy por usted,
No le hizo ninguna indicacion de que se sentara, de modo que Brunetti, aunque se aproximo a ella, permanecio de pie.
– Me gustaria hablar con algunas de las personas que mejor conocieron a la
– Debe usted comprender que su deseo tiene poco sentido para mi -dijo. Como Brunetti no respondio, anadio-: Como tambien su curiosidad por ella.
– Para mi si tiene sentido, madre.
– ?Por que?
Le salio antes de pararse a pensarlo:
– Siento curiosidad por la causa de su ataque al corazon. -Antes de que la monja pudiera preguntarle algo Brunetti continuo-: No cabe duda de que fallecio de un ataque al corazon, y el doctor afirma que fue muy rapido. -Vio que ella cerraba los ojos y asentia, como si diera las gracias porque se le hubiera concedido algo que deseaba-. Pero me gustaria asegurarme de que el ataque al corazon fue…, que no fue inducido por algo. O sea desagradable.
– Sientese,
– Si.
– Si la causa del ataque al corazon de Costanza, que en paz descanse, fuera, como usted dice -empezo, e hizo una pausa antes de permitirse repetir la palabra- desagradable, habria razon para esto. Y si ha venido aqui en busca de esa razon, es posible que usted crea que la va a encontrar en lo que le dijo alguna de las personas con las que ella trabajaba.
– Es verdad -admitio, impresionado por la agudeza de la monja.
– Y si
– Ciertamente, tambien es posible, pero creo que dependeria de lo que le dijera, madre -dijo, tras decidir que no tenia otra eleccion que confiar en ella-. Ignoro lo que sucedio, y reconozco que es una tonteria reconocer que todo cuanto tengo es una extrana sensacion de que algo no encaja en esa muerte…
Consciente de no haber dicho nada sobre las marcas en el cuerpo, Brunetti se pregunto si seria peor mentir a una monja que a cualquier otra clase de persona, pero decidio que no.
– ?Significa eso que usted no esta aqui…? ?Como lo diria? Que no esta aqui oficialmente.
Parecio complacida por haber dado con la palabra.
– No lo estoy -tuvo que admitir-. Tan solo quiero procurar algo de tranquilidad mental a su hijo -anadio.
Eso era verdad, pero no toda la verdad.
– Comprendo.
Lo sorprendio porque abrio el libro que tenia en el regazo y volvio a fijar la atencion en el. Brunetti permanecio sentado en silencio durante un tiempo que se prolongo hasta convertirse en minutos y, luego, en mas minutos.
Finalmente acerco el libro a su rostro y parecio leer en voz alta: «Los ojos del Senor estan en todas partes, contemplando el mal y el bien.» Bajo el libro y se quedo mirando a Brunetti por encima de las paginas.
– ?Usted cree eso,
– No, me temo que no, madre -respondio sin dudar.
La superiora deposito el libro en su regazo, dejandolo abierto, y volvio a sorprenderlo diciendo esta vez:
– Bueno.
– ?Bueno porque lo haya dicho o bueno porque no lo creo?
– Porque lo haya dicho, naturalmente. Es tragico que no lo crea. Pero si hubiera dicho que si, habria sido un embustero, lo cual es peor.
Lo mismo que Pascal, ella conocia la verdad no por la razon, sino por el corazon. Pero Brunetti no se refirio a eso, y se limito a preguntar:
– ?Como sabe usted que yo no lo creo?
La monja sonrio con mas calidez de lo que el le habia visto hasta entonces.
– Yo podre ser un trasto viejo,
– Y el hecho de que yo no sea un mentiroso ?que sentido tiene en esta conversacion?
– Me induce a creer que esta realmente interesado en averiguar si podria haber algo desagradable, como usted dijo, en relacion con la muerte de Costanza. Y puesto que ella era una amiga, tambien yo estoy interesada en el asunto.
– ?Lo cual significa que ayudara?
– Significa que le dare los nombres de las personas con las que pasaba mas tiempo. Y a partir de ahi usted actuara por su cuenta,
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No solo le dio los nombres, sino tambien sus numeros de habitacion. Dos mujeres y un hombre, todos octogenarios y una de ellas con una salud mental «apatica». Esa fue la palabra que empleo la monja: «apatica». Brunetti tenia la sensacion de que ella no le habria aclarado que queria decir con ese termino, asi que la dejo pasar. Le dio las gracias y le pregunto si podia hablar en seguida con aquellas personas.
– Puede intentarlo. Es la hora del almuerzo, y para muchos de nuestros huespedes ese es el acontecimiento mas importante del dia. Podria resultarle dificil que se concentren en lo que les pregunte, al menos hasta despues de que hayan comido.
Al oirla recordo un periodo de la decadencia de su madre en que se intereso obsesivamente por los alimentos, por comer, aunque continuo adelgazando, sin que importara lo que ingiriese. Pero no tardo en olvidar lo que era la comida, y habia que recordarle que comiera y casi forzarla a ello.
La monja lo oyo suspirar y dijo:
– Esto lo hacemos por amor al Senor
El asintio, por el momento incapaz de hablar. Cuando Brunetti la miro, ella dijo:
– No se si seran de mucha ayuda si se enteran de que es usted policia. Bastaria que dijera que es un amigo de Costanza.
– ?Y dejarlo asi? -pregunto con una sonrisa.
– Bastaria. -Ella no le devolvio la sonrisa, pero dijo-: Despues de todo, en cierto sentido, es verdad, ?no?
Brunetti se puso en pie sin responder a la pregunta. Se inclino y tendio la mano. Ella se la estrecho brevemente y luego le explico:
– Si sale por esa puerta, gire a la izquierda, al final del pasillo, a la derecha, llegara al comedor.
– Gracias, madre.
Ella asintio y volvio a fijar la atencion en su libro. En la puerta, Brunetti estuvo tentado de volverse y comprobar si ella lo estaba observando, pero desistio.
No tuvo que utilizar sus habilidades profesionales para saber que el almuerzo consistia en asado de cerdo con patatas: los olio nada mas entrar en el edificio. Mientras pasaba frente a lo que debia ser la puerta de la cocina, se dio cuenta de lo bueno que debian estar el asado de cerdo y las patatas.
Frente a las ventanas que daban al
