– ?Y usted regreso?
– ?Quiere decir entonces, cuando ella fue asesinada?
– Si.
– Si, regrese. Y decidi quedarme y hacer algo nuevo. Si podia.
– ?Alba Libera?
Advirtiendo quiza escepticismo en la forma en que Brunetti pronuncio el nombre, se apresuro a explicar:
– Bueno, es el alba de la libertad para la mayoria de esas mujeres. -Brunetti asintio y ella continuo-: Necesite dos anos para poner esto en funcionamiento. Ya gestionaba una ONG en Roma, de modo que estaba familiarizada con el sistema y sabia como obtener permisos y dinero del Estado.
A el le gusto que dijera «dinero» y no fastidiara con los eufemismos que empleaba la gente. Y ahora que hablaba de procedimientos y rutina, desaparecio de su voz el trasfondo airado. Orsoni continuo:
– Debio haberse ido a otra ciudad. Hubiera encontrado trabajo. La ley no podia protegerla, pero se negaba a creerlo. No habia ninguna casa segura, ningun lugar al que pudiera ir y vivir y estar con personas que trataran de protegerla.
Brunetti sabia bien que una persona en peligro tenia escasas oportunidades de obtener algun tipo de proteccion del Estado. El gobierno actual hacia cuanto podia para vaciar de contenido la proteccion de testigos existente: habia demasiadas personas que decian cosas comprometedoras para la Mafia ante un tribunal. Esos testigos aportaban informacion a cambio de seguridad. Cabia imaginar la proteccion que se brindaria a una mujer que no tenia nada que ofrecer al Estado.
Quiza ella tambien habia captado el matiz de indignacion que se deslizaba en su voz.
– Creo que es una explicacion suficiente. Al menos usted sabe por que empece con esto. Contamos con varias casas, en su mayoria en
– ?Estan seguras aqui?
– Mas seguras que en el lugar del que provienen. Mucho mas.
– ?Siempre? ?No las encuentran?
– A veces si -admitio, apartando el vaso a un lado, sin cogerlo-. El ano pasado, cerca de Treviso, hubo un caso.
Brunetti rebusco en su memoria pero no saco nada de ella.
– ?Que sucedio?
– El novio averiguo donde estaba -nunca supimos como lo consiguio o quien se lo dijo-, se presento en la casa donde vivia y pregunto por ella.
– ?Y que paso?
Su expresion se suavizo, como para anunciar que en aquella historia iba a haber menos sufrimiento.
– La anciana en cuya casa estaba acogida -tiene casi noventa anos- dijo que realmente no comprendia de que estaba hablando, que vivia sola, pero que parecia un chico guapo y que lo invitaba a un cafe. Me conto que lo dejo solo en la sala de estar mientras iba a la cocina.
Advirtio el temor de Brunetti por la anciana y por la joven, asi que aclaro:
– Es una vieja astuta, y me conto que sus parientes tuvieron a un amigo judio viviendo con ellos durante toda la guerra. Entonces fue cuando aprendio las reglas que hacer eso impone. -En respuesta a la tacita pregunta de Brunetti, dijo-: Nada de objetos de cualquier clase procedentes de sus vidas anteriores, ni siquiera ropa interior. Todo cuanto llevan se guarda en su armario y en sus cajones, mezclado con sus propias cosas. Y cada vez que abandonan el piso, sin que importe para que, tienen que dejar su habitacion como si nadie la utilizara.
– ?Por si acaso?
– Por si acaso.
– ?Y que ocurrio?
– Se demoro todo lo que pudo haciendo el cafe, y mientras tanto lo oyo moverse por las demas habitaciones. Entro en el cuarto de huespedes. Luego fue a la cocina y ella le dio un cafe y unas galletas y empezo a hablarle de sus nietos y a decirle que era un joven guapo y que si estaba casado, y el no tardo en levantarse y marcharse.
– ?Y?
– Y nosotros la trasladamos a otra ciudad aquella misma noche.
– Comprendo. Son ustedes muy eficaces.
– Tenemos que serlo. Algunos de esos hombres son muy listos. Y todos ellos, violentos.
No hizo mas referencias injustificadas a su hermana, lo que satisfizo a Brunetti.
– ?Y la
– Una prima suya le hablo de nosotros. Ella y yo mantuvimos una conversacion, y me dijo que nos ayudaria de buena gana. Era viuda, vivia sola, disponia de una habitacion extra y habia otros tres pisos en el edificio. -Al advertir la expresion perpleja de Brunetti, explico-: Eso significa que hay personas que entran y salen constantemente del inmueble.
– ?Cuanto tiempo hace de eso?
Ella movio la cabeza hacia la derecha mientras trataba de recordar.
– Yo diria que dos o tres anos. Tendria que consultar mis archivos.
– ?Donde tiene sus oficinas, si puedo saberlo? -pregunto Brunetti, aunque le hubiera resultado bastante facil averiguarlo.
– No lejos de aqui -respondio ella, irritandolo con esa innecesaria evasiva.
– ?Le ocurrio alguna vez a la
La
– Nunca dijo nada. -A modo de explicacion anadio-: Nosotros proporcionamos instrucciones claras al respecto. El dueno de la casa debe informar de todo inmediatamente, aunque se trate de una mera sospecha. -Y luego, con una sonrisa fatigada-: No todo el mundo es tan inteligente como aquella anciana.
– ?Sabe si alguna vez la inquieto algo que le dijera una de sus huespedes?
La sonrisa se hizo mas calida.
– Es muy amable por su parte.
Momentaneamente confundido, Brunetti reconocio:
– No comprendo.
– Llamarlas huespedes.
– Me parece que eso es lo que son -respondio con sencillez, ignorando la tentativa de distraccion-. ?Llego a suceder eso, que se inquietara por algo que oyo?
La
– No, realmente no. Vamos, nunca me dijo nada de eso. -Le dirigio una mirada valorativa, y continuo-: Por lo general esas mujeres hablan muy poco.
No ofrecio mas explicaciones, pero Brunetti tuvo la sensacion de que le quedaba algo por decir.
– ?Pero? -la animo.
– Pero me llego por otro conducto -admitio, volviendo a sumir a Brunetti en la confusion-. Una mujer que se alojo en su casa creia que Costanza estaba preocupada por algo.
– ?Que dijo exactamente? -pregunto Brunetti, tratando de ocultar su impaciente interes.
Orsoni se froto la frente, como para demostrar a Brunetti lo dificil que le resultaba recordar.
– Dijo que cuando fue a alojarse con ella, Costanza parecia una persona muy tranquila, pero luego, transcurridas unas semanas, un dia llego a casa agitada. Ella penso que se le pasaria, pero el humor con que llego parecio persistir.
– ?Adonde habia ido? ?Se entero ella?
– Dijo que Costanza solo iba a visitar a su hijo y a los ancianos de la residencia. Esos eran los unicos sitios a los que iba.
– ?Cuando le conto eso?
– Cuando ya se marchaba, cuando yo la acompanaba al aeropuerto. Debio de ser hace un mes. Quiza despues de eso a Costanza le mejoro el animo.
