junto a la puerta, pero se volvio a mirar a Brunetti y salio fuera, donde marco un numero.
Brunetti pidio un vaso de agua mineral y bebio despacio, al tiempo que apartaba con el codo el plato que contenia el emparedado sin comer. Cuando acabo el agua, ella seguia sosteniendo el telefono, y continuaba pulsando numeros.
Habia un ejemplar de
– No contesta al telefono.
20
Brunetti se levanto para acercarle la silla. Ella se sento y se puso delante el
– No se por que no contesta. Puede ver quien llama -observo, en un tono que Brunetti hallo forzado y artificioso.
El volvio a su asiento y alcanzo el vaso, solo para comprobar que estaba vacio. Lo hizo a un lado y dijo:
– Claro.
Miro el feo emparedado y luego a la
– Me llamo -admitio la
– ?Quien? -pregunto Brunetti. La mujer no contesto, por lo que volvio a preguntar-: ?Quien la llamo,
– La
Brunetti sopeso la debilidad de la
– ?Por que?
– Me dijo… Me dijo que habia hablado con el. -Miro a Brunetti, advirtio que no la seguia y aclaro-: Su novio.
– ?El siciliano? ?Como la encontro?
La
– La mujer lo llamo desde la casa, y luego, cuando el devolvio la llamada, Costanza contesto con su nombre y el le pregunto si podia hablar con ella.
A Brunetti le costo un momento abrirse paso entre los pronombres, pero parecia clarisimo que la mujer que se alojaba en casa de la
– ?La amenazo?
La
– ?Que queria?
Al cabo de un buen rato, contesto:
– Le dijo que todo lo que deseaba era hablar con ella. Podia escoger el sitio que quisiera para encontrarse. Le dijo que se reuniria con ella en la comisaria de policia o en el Florian, en cualquier lugar publico donde se sintiera segura.
Dejo de hablar, pero no retiro las manos de la cara.
– ?Se reunio con el? -pregunto Brunetti.
Con el rostro todavia oculto, reconocio:
– Si.
Percatandose de que importaba poco donde tuvo lugar el encuentro, Brunetti pregunto:
– ?Que queria?
Ella puso las manos en la mesa y apreto los punos.
– Dijo que deseaba advertirla.
El verbo sorprendio a Brunetti. Su mente dio un salto adelante. ?Tenia aquel joven una perversa creencia en alguna demencial idea siciliana sobre el honor personal, y quiso advertir a aquella anciana para que se mantuviera fuera de la linea de tiro? ?O quiso inventarse alguna historia sobre la mujer acogida en su casa?
– ?Que ocurrio? -pregunto Brunetti, con una voz que hizo sonar tan tranquila como si le estuviera preguntando la hora.
– Dijo que eso es lo que el hizo: advertirla.
– ?Contra el mismo? -la interrumpio Brunetti, continuando con su composicion del sorprendente escenario.
Su sorpresa fue evidente.
– No. Contra ella.
– ?Contra la mujer? ?La que tenia en su piso?
– Si.
Como un jugador de rugby que dejara caer el balon por un instante, Brunetti lo recogio, cambio de lado y empezo a correr en la direccion opuesta.
– ?Que le dijo?
Ella aparto la mirada y la dirigio a la puerta, de donde procedia el ruido que habian hecho dos hombres al abrirla. Se quedaron quietos un momento y luego se les reunio un tercero, que arrojo un cigarrillo encendido a la calle. Los tres entraron en el bar y pidieron unos cafes. El rumor de sus voces les llego a traves del local: la aspera camaraderia de unos trabajadores durante la pausa en su tarea.
– Que era una ladrona y que no deberia tenerla en su casa.
Brunetti pudo advertir que le disgustaba repetirlo. Podia entenderla: la
– ?Que sucedio?
Se sintio atrapada. Al comienzo no respondio, pero luego admitio:
– Era verdad.
– ?Como lo sabe?
– El disponia de copias de articulos de periodico, de informes policiales. -Al ver su sorpresa, explico-: Se reunio con el a un lado del
– ?Que decian los informes?
– Que era su tactica. Se mudaba a una ciudad, iniciaba una relacion con un hombre y se iba a vivir con el o el se instalaba con ella. Luego suscitaba una discusion y se las arreglaba para que fuera violenta. Y cuando llegaba la policia… -Se llevo los punos a los ojos, por verguenza o para evitar que el viera su expresion-. Segun el, era lo mas efectivo: que los vecinos llamaran a la policia. -Con voz tensa y decidida, continuo-: De ese modo ella era la victima, la policia la ponia en contacto con uno de los grupos que ayudan a las mujeres maltratadas, la colocaban en una casa y permanecia en ella hasta que disponia de su propia llave y sabia que habia en esa casa. Entonces desaparecia con todo lo que podia cargar.
Mientras su voz sonaba entrecortada a causa de la indignacion, Brunetti oia el entrechocar de las tazas y los platillos, las carcajadas y el tintineo de las monedas al caer. Luego, la puerta se abrio y se cerro, y los trabajadores se fueron.
Al volver el silencio al bar, su voz recupero el tono.
– El le conto eso a Costanza, le mostro los informes y le rogo que lo creyera.
– ?Y que hubo de las quemaduras? -pregunto Brunetti. Como ella no parecia entender, aclaro-: Las causadas
