junto a la puerta, pero se volvio a mirar a Brunetti y salio fuera, donde marco un numero.

Brunetti pidio un vaso de agua mineral y bebio despacio, al tiempo que apartaba con el codo el plato que contenia el emparedado sin comer. Cuando acabo el agua, ella seguia sosteniendo el telefono, y continuaba pulsando numeros.

Habia un ejemplar de Il Gazzettino en la mesa de al lado, pero Brunetti no quiso ofenderla con una senal de impaciencia tan ostensible. Saco su cuaderno y escribio unas pocas frases que sacaria en la conversacion. Ocupado en ello, no oyo que se aproximaba a la mesa y no se percato de su regreso hasta que dijo:

– No contesta al telefono.

20

Brunetti se levanto para acercarle la silla. Ella se sento y se puso delante el telefonino.

– No se por que no contesta. Puede ver quien llama -observo, en un tono que Brunetti hallo forzado y artificioso.

El volvio a su asiento y alcanzo el vaso, solo para comprobar que estaba vacio. Lo hizo a un lado y dijo:

– Claro.

Miro el feo emparedado y luego a la signora Orsoni con expresion implacable. No hizo mas comentarios.

– Me llamo -admitio la signora Orsoni.

– ?Quien? -pregunto Brunetti. La mujer no contesto, por lo que volvio a preguntar-: ?Quien la llamo, signora?

– La signora… Costanza. Me llamo.

Brunetti sopeso la debilidad de la signora Orsoni y pregunto:

– ?Por que?

– Me dijo… Me dijo que habia hablado con el. -Miro a Brunetti, advirtio que no la seguia y aclaro-: Su novio.

– ?El siciliano? ?Como la encontro?

La signora Orsoni apoyo los codos en la mesa y hundio la cabeza entre las manos. La sacudio varias veces atras y adelante y, mirando la superficie de la mesa, dijo:

– La mujer lo llamo desde la casa, y luego, cuando el devolvio la llamada, Costanza contesto con su nombre y el le pregunto si podia hablar con ella.

A Brunetti le costo un momento abrirse paso entre los pronombres, pero parecia clarisimo que la mujer que se alojaba en casa de la signora Altavilla habia sido lo bastante torpe como para telefonear a su novio desde la casa, y asi el pudo leer el numero del que procedia la llamada. Entonces le resulto facil devolver la llamada y comprobar si la muchacha vivia alli.

– ?La amenazo?

La signora Orsoni acerco ambas manos hasta que formaron como un escudo sobre su frente, cubriendole los ojos. Rechazo la pregunta.

– ?Que queria?

Al cabo de un buen rato, contesto:

– Le dijo que todo lo que deseaba era hablar con ella. Podia escoger el sitio que quisiera para encontrarse. Le dijo que se reuniria con ella en la comisaria de policia o en el Florian, en cualquier lugar publico donde se sintiera segura.

Dejo de hablar, pero no retiro las manos de la cara.

– ?Se reunio con el? -pregunto Brunetti.

Con el rostro todavia oculto, reconocio:

– Si.

Percatandose de que importaba poco donde tuvo lugar el encuentro, Brunetti pregunto:

– ?Que queria?

Ella puso las manos en la mesa y apreto los punos.

– Dijo que deseaba advertirla.

El verbo sorprendio a Brunetti. Su mente dio un salto adelante. ?Tenia aquel joven una perversa creencia en alguna demencial idea siciliana sobre el honor personal, y quiso advertir a aquella anciana para que se mantuviera fuera de la linea de tiro? ?O quiso inventarse alguna historia sobre la mujer acogida en su casa?

– ?Que ocurrio? -pregunto Brunetti, con una voz que hizo sonar tan tranquila como si le estuviera preguntando la hora.

– Dijo que eso es lo que el hizo: advertirla.

– ?Contra el mismo? -la interrumpio Brunetti, continuando con su composicion del sorprendente escenario.

Su sorpresa fue evidente.

– No. Contra ella.

– ?Contra la mujer? ?La que tenia en su piso?

– Si.

Como un jugador de rugby que dejara caer el balon por un instante, Brunetti lo recogio, cambio de lado y empezo a correr en la direccion opuesta.

– ?Que le dijo?

Ella aparto la mirada y la dirigio a la puerta, de donde procedia el ruido que habian hecho dos hombres al abrirla. Se quedaron quietos un momento y luego se les reunio un tercero, que arrojo un cigarrillo encendido a la calle. Los tres entraron en el bar y pidieron unos cafes. El rumor de sus voces les llego a traves del local: la aspera camaraderia de unos trabajadores durante la pausa en su tarea.

– Signora? -dijo, reclamando su atencion.

– Que era una ladrona y que no deberia tenerla en su casa.

Brunetti pudo advertir que le disgustaba repetirlo. Podia entenderla: la signora Orsoni habia dedicado sus energias a salvar a mujeres en peligro de convertirse en victimas de la violencia. Y ahora aquello.

– ?Que sucedio?

Se sintio atrapada. Al comienzo no respondio, pero luego admitio:

– Era verdad.

– ?Como lo sabe?

– El disponia de copias de articulos de periodico, de informes policiales. -Al ver su sorpresa, explico-: Se reunio con el a un lado del campo.

– ?Que decian los informes?

– Que era su tactica. Se mudaba a una ciudad, iniciaba una relacion con un hombre y se iba a vivir con el o el se instalaba con ella. Luego suscitaba una discusion y se las arreglaba para que fuera violenta. Y cuando llegaba la policia… -Se llevo los punos a los ojos, por verguenza o para evitar que el viera su expresion-. Segun el, era lo mas efectivo: que los vecinos llamaran a la policia. -Con voz tensa y decidida, continuo-: De ese modo ella era la victima, la policia la ponia en contacto con uno de los grupos que ayudan a las mujeres maltratadas, la colocaban en una casa y permanecia en ella hasta que disponia de su propia llave y sabia que habia en esa casa. Entonces desaparecia con todo lo que podia cargar.

Mientras su voz sonaba entrecortada a causa de la indignacion, Brunetti oia el entrechocar de las tazas y los platillos, las carcajadas y el tintineo de las monedas al caer. Luego, la puerta se abrio y se cerro, y los trabajadores se fueron.

Al volver el silencio al bar, su voz recupero el tono.

– El le conto eso a Costanza, le mostro los informes y le rogo que lo creyera.

– ?Y que hubo de las quemaduras? -pregunto Brunetti. Como ella no parecia entender, aclaro-: Las causadas

Вы читаете Testamento mortal
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату