– Esa mujer ?le pregunto al respecto?

La signora Orsoni puso las manos planas.

– Debe usted comprender como funcionan esas cosas, commissario. Usted llama a esas mujeres «huespedes», pero no son tales. Se ocultan. Algunas salen a trabajar, pero en su mayoria permanecen en la casa, y lo unico que pueden hacer es preocuparse por lo que les va a ocurrir. -Lo miro para asegurarse de que le prestaba plena atencion, y continuo-: Esas mujeres lo han pasado mal, commissario. Les han pegado y las han violado, y los hombres han tratado de matarlas, de manera que les resulta arduo inquietarse por los problemas ajenos. -Hizo una pausa, como para medir la compasion que a el le inspiraba su relato-. Se les hace dificil incluso imaginar que personas como las que las acogen -que disponen de hogares y empleos, que carecen de apuros economicos y que no estan en peligro- puedan tener problemas. - Se lo quedo mirando desde el otro lado de la mesa-. Asi que lo extrano no es que no le preguntara que andaba mal, sino que llegara a darse cuenta de ello. El miedo limita a las personas -concluyo, y Brunetti penso en la hermana.

– Dice usted que la acompano al aeropuerto.

Sin manifestar sorpresa porque sus palabras no hubieran conseguido desviar la atencion de Brunetti, dijo:

– Se fue. Ya se lo he dicho.

– ?Por que?

– A su marido lo detuvieron.

– ?Por que razon?

– Asesinato.

– ?De quien?

– De su amante.

– Ah -dejo escapar Brunetti, pero a continuacion pregunto-: ?Y entonces?

– Y entonces ella pudo regresar a su casa.

El tono de la signora Orsoni daba a entender que se trato de una decision muy sencilla, incluso la obvia. Quiza lo fue.

– ?Quien acudio despues?

Se la quedo mirando mientras ella respondia:

– Otra joven, pero se marcho antes de la muerte de Costanza.

– Hableme de ella.

– Realmente no hay nada de que hablar. Solo lo que me dijo. -Ante el gesto invitador de Brunetti, continuo-: Es de Padua. Iba a la universidad alli y estudiaba economia. -Hizo una pausa, pero Brunetti seguia esperando, asi que anadio-: Su familia es muy… tradicional. -Como Brunetti no respondio a esa palabra, prosiguio-: Asi que cuando informo a los suyos de que tenia novio -empezo a contar-, el cual es de Catania…, le dijeron que tenia que elegir entre el o ellos. -Sacudio la cabeza, como lamentando que sucedieran tales cosas en estos tiempos-. Y ella eligio al novio y se fue a vivir con el.

– ?Y como fue a parar a casa de la signora Altavilla? -pregunto, aunque solo fuera para demostrar que su atencion no habia sido desviada por aquella historia de la joven, y que no le importaba lo tradicional que fuera su familia.

– Llamo a nuestra oficina de Treviso hara unas tres semanas. Fue despues de que la policia le dijera que no podia hacer nada. -Miro a Brunetti, que levanto la barbilla interrogativamente-. El novio. Dijo que hubo problemas desde el principio. Que era celoso y violento: le dio varias palizas, pero ella temia llamar a la policia.

– Suspiro y alzo las manos y los hombros en un gesto de exasperacion-. Esa vez creyo que iba a matarla: asi se lo dijo el. Estaban en la cocina cuando sucedio y, para protegerse, le tiro encima el agua de la pasta.

Brunetti penso que parecia insolitamente pasiva al describir la escena.

– ?Y?

– Y se fue y llamo a la policia.

– ?Que ocurrio entonces?

– Acudieron al piso a hablar con el, pero no hicieron nada.

– ?Por que?

– Porque era la palabra de el contra la de ella. Dijo que la chica habia iniciado la discusion, y que el se limito a defenderse. -Al relatar los hechos, y aunque lo procuro, no consiguio disimular el menosprecio hacia la policia y la ira ante los prejuicios masculinos. Continuo, y finalmente expreso su opinion-: Ademas, ella es una mujer y el, un hombre. -A Brunetti le sorprendio que se abstuviera de anadir: «Y siciliano.» Ante el silencio de Brunetti, prosiguio-: Vivian en Treviso y, como he dicho, llamo a nuestra oficina de alli. Creyeron que estaria segura aqui, en la ciudad. Esta lo bastante lejos.

Tras considerar lo que acababa de decirle, Brunetti pregunto:

– ?Fue la policia la que le dijo eso?

Sus facciones parecieron contraerse.

– Hable con alguien de nuestra oficina, y eso es lo que me dijeron.

Al cabo de un rato, Brunetti volvio a preguntar:

– Usted ha dicho que la signora Altavilla colaboro con usted durante varios anos.

Resultaba evidente que la pregunta le habia disgustado, pero acabo respondiendo:

– Si.

– Y corria cierto riesgo. -Cuando advirtio que ella se disponia a protestar, preciso-: Riesgo teorico. Pero aun asi lo hacia de buen grado. -Ella asintio, aparto la mirada y luego la dirigio de nuevo hacia el-. Usted ha dicho que esa mujer ya no esta aqui. Y no habia senal alguna de su presencia en el piso. -La signora Orsoni volvio a asentir-. ?Pudo haber regresado?

Con voz mesurada, desprovista de emocion, dijo:

– No tenia nada que hacer alli.

– ?Como puedo saber que eso es cierto?

– Porque se lo digo yo.

– ?Y si opto por no creerla?

Mientras aguardaba su respuesta, Brunetti capto el momento en que ella decidio irse; lo vio en sus ojos y luego lo oyo cuando arrastro los pies bajo la silla. Brunetti levanto una mano para atraer su atencion y le pregunto en tono suave:

– Su organizacion es bastante conocida, ?no?

Ella sonrio involuntariamente ante lo que tomo como un cumplido.

– Me gustaria pensar que si.

– E imagino que la ciudad le da el apoyo que puede. Mas la aportacion de donantes particulares.

Su sonrisa era leve pero graciosa.

– Quiza se dan cuenta del mucho bien que hacemos.

– ?Cree que una mala publicidad cambiaria las cosas?

Brunetti lo pregunto con las mismas maneras suaves y con la apariencia de un autentico interes.

Ella tardo un momento en asimilar lo que le habia dicho.

– ?Que quiere decir? ?Que mala publicidad?

– Vamos, signora. No hay necesidad de disimular conmigo. La clase de mala publicidad a que daria lugar que los periodicos contaran que su sociedad coloca a una mujer en casa de una viuda -no, digamos que de una viuda veneciana-, y cuando la veneciana muere en extranas circunstancias, a la mujer que usted coloco alli no se la encuentra por ninguna parte. -Sonrio y dijo en un tono amistosamente coloquial-: No se puede evitar que la palabra «riesgo» acuda a la mente, ?verdad? -Luego, mucho mas serio, continuo con su reconstruccion de los acontecimientos y de como serian percibidos, anadiendo algunos detalles para reforzar la idea-: Las circunstancias de su muerte no estan claras, y la policia es incapaz de encontrar a esa mujer que fue colocada alli por Alba Libera. -Apoyo el codo en la mesa y se sostuvo la barbilla con las manos-. Esa es la clase de mala publicidad a la que me referia, signora.

Se levanto. Brunetti creyo que iba a marcharse. Pero se quedo de pie y lo miro durante un rato. Luego saco su telefonino y alzo una mano dandole a entender que esperara. Se aparto para situarse

Вы читаете Testamento mortal
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату