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– ?Te gusta lo que ves? -pregunto Lidia.

Me gustaba. Mucho. No se parecia en nada a la chica brillante y un poco desastre que durante anos habia sido casi mi hermana. Estaba cambiada y no era solo por el corto, escotado y estrecho vestido que la desvestia, ni por el corte de pelo, ni por las curvas que ahora, despues de tantos anos, venia a descubrirle. Era algo en la mirada, una picardia nueva y sin embargo vieja como el viento. Y algo mas que no conseguia precisar.

– Lo que me tiene perplejo es tu nuevo look. Te advierto que estoy molido y no podre contener a la jauria de hombres que se te echara encima…

Rio y tambien su risa era otra. Los corazones de todos los hombres de la cerveceria -incluido el mio- se aceleraron.

– Hay un remedio: que les ganes de mano…

– ?Y donde quedaria mi prestigio internacional de caballero andante y desinteresado, eh? -Quise tomar el desvio de la broma que tantas veces recorrimos juntos, para alejarnos de otras rutas mas comprometidas.

Pero todos los cruces me llevaban al mismo punto: sus piernas hipnoticas, su figura sensual que me sorprendia, sus pechos que se sostenian sin ayuda. Y esa mirada. Lidia siempre habia sido una linda piba, pero escondida, como si le diera verguenza llegar a ser bella. Pense que nunca la habia imaginado desnuda, ejercicio que yo practicaba hasta con las monjas; y su forma habitual de vestir no ayudaba. Pero eso no explicaba nada. Una mujer joven no puede esconder ese cuerpo bajo ningun ropaje, aunque me desconcerto la certeza de que jamas la habia visto en la playa en Argentina. Pese a los cambios, no habia maquillaje ni dieta intensiva. Era la actitud, como una mariposa que dice aca estoy y basta de esconder mis colores.

– ?Queres que te diga donde te podes meter tu prestigio de caballero andante, Nicolas? -pregunto.

Su voz.

Era y no era la voz de Lidia. Mas aspera y, al mismo tiempo, mas sedosa. Una voz con memoria de noches quemadas en incendios de sabanas desconocidas, de amaneceres sin preguntas ni nombres. Una voz peligrosa, para ella misma y para el que la escuchara de cerca.

La estudie otra vez. Y no pude encontrar en ella el rastro de la amiga a la que confiara tantos desvelos y planes incompletos. Era otra mujer. Y muy deseable.

– Creo que a mi florcita pampeana le vino bien el riego del macho iberico y policial…

– Manolo no tiene nada que ver. Aunque es cierto que me ha hecho sentir querida, que esta pendiente de mi… -Volvio a sonreir-. Y que es muy macho.

– Ole.

– ?Desde cuando nos conocemos, Nicolas? ?Once, doce anos? Y en ese tiempo, en todo ese tiempo de borracheras y confidencias, de venir a mi casa cuando se te caian los castillos; en todo ese tiempo, ?nunca me tuviste ganas?

– Yo…

– Tranquilo, que mi rabia es solo mia y hacia mi. La historia de mi vida que cambia esta noche y no se si para peor, pero cambia.

Bebi otro trago de bourbon mientras ella empezaba a hablar.

– Si alguien puede entender esto, es Nicolas Sotanovsky. No olvides que durante anos fui la primera y benevolente critica de los relatos que escribias entre un amor para toda la vida y el siguiente: Dos en uno, el inquilino siempre presente y relegado, dentro del cuerpo gobernado la mayor parte del tiempo por la otra mitad… ?Creias que era un sintoma exclusivo? No, Nico. A mi tambien me pasa, pero a mi manera. Desde que era una adolescente se que tengo un cuerpo atractivo, pero lo escondia. Y lo escondi tambien a medida que pasaba el tiempo y llegaban las ilusiones y los chicos que me gustaban, que se acercaban atraidos por mi inteligencia, rondaban la idea, pero acababan por irse con otra mas evidente que explotaba su casi siempre escaso capital de tetitas minusculas y vaqueros ajustados. Yo, en cambio, me empene en camuflar atractivos, disimular curvas y ocultar las piernas de rodilla para arriba. Y conoci el sexo a manos de un vivo que resulto muy torpe, en la oscuridad apurada de un jardin, mientras adentro, una buena amiga se abria de piernas en mi dormitorio para atrapar al chico que mas me gustaba, quedar embarazada, casarse, ponerle los cuernos con todo el barrio, y divorciarse cinco anos despues. Fue en mi fiesta de cumpleanos. Cumplia los quince.

Se enderezo y cruzo las piernas, balanceando el pie de la que quedaba encima. Aspiro profundo el cigarrillo y siguio hablando:

– Cuando murio mama, me fui a estudiar a la capital. ?Tenia tantas ilusiones! Creia que seria llegar y sacar afuera una parte de esa otra Lidia, esta que ves, hasta entonces relegada a algun episodio turbio y secreto, y a la intimidad de mi dormitorio cuando me masturbaba con furia frente al espejo, la puerta cerrada con dos vueltas de llave y el tocadiscos a todo volumen. Vigilando gemidos, Nicolas; midiendo la intensidad del pobre y ceniciento placer que me permitia…

Mire hacia las otras mesas, incomodo.

– Lo malo es que nada o poco cambio en la universidad, pese a vivir sola, sin el puto que diran del pueblo. Me acomode, como una princesa boluda en su torre aburrida, en espera de que llegara el principe clarividente que supiera tender el puente entre las dos Lidias…

– Tanto esperar un principe, para que despues apareciera yo…

– … pero no hubo principe. O a lo mejor no habia puente. Y las dos nos habituamos a saber que habia que vivir asi: tu Lidia de siempre llevando el timon de noches vacias; yo esperando el momento oportuno para asesinarla. Claro que no es tan facil asesinar a alguien que es parte de una, aunque sea una parte estupida y reprimida. No deja de ser algo tuyo. Hay que tener paciencia, sumar agravios no aclarados, quejas no gritadas, tejer el odio en finas hebras, Nicolas, hasta que se vuelva espeso y sin retorno.

Crei que iba a llorar y entonces mi mano envolveria las suyas en inocente apoyo y todo volveria a la normalidad manejable de la eterna amiga un poco enamorada a la que no queria hacer dano y por eso postergaba. Pero no lloro, no era la Lidia de siempre; era otra mujer, muy atractiva y con algo duro detras de las pupilas y esa voz que lo cambiaba todo.

– En fin -suspiro mientras cruzaba las piernas sobre la banqueta-. Lo tuyo es mas urgente y tiene fecha de caducidad. Hablemos de ello.

Saco del bolso una libreta de ahorros y me la dio:

– Mi saldo en el banco. -Ante mi silbido admirativo, explico-: La vieja Lidia era una hormiguita que guardaba para el invierno, sin ver que el invierno era la estacion en que vivia todo el tiempo. La de ahora, bebe, es una cigarra que quiere cantar y viajar…

– No lo entiendo… con tu sueldo en el diario…

– No queres entenderlo, pero te lo explico: manejo informacion, contactos, cosas que valen plata en la politica o los negocios. Y unicamente una boluda escrupulosa como tu Lidia hubiera dejado escapar esas ocasiones. Tengo plata y mis papeles en orden, nadie sospecha de mi doble vida. De modo que nos vamos. No podes quedarte en Madrid con esos tipos pisandote los talones.

– Puedo manejarlos, creo.

Saco un papel del bolso. El retrato robot no me hacia justicia, pero era yo.

– Tu amigo el detective pensaba lo mismo, Nicolas. Y le dibujaron una segunda sonrisa. Una gran sonrisa eterna, pero en la garganta…

No dije nada, porque no tenia nada que decir. La nueva Lidia si:

– Nadie se fija en los pordioseros, pero ellos lo ven todo desde sus castillos de carton. Uno te vio entrar anoche y salir esta manana del edificio de Mar Lopez. Encontraron tu nombre en una agenda, y el telefono de la putita, pero nadie los relaciono…

– Salvo el sagaz Manolo.

– Asi es. Y me trajo el dibujo para consultarme. Le menti. Le dije que anoche habiamos cenado juntos, mientras revisabamos las notas de tu reportaje, y que nos habiamos quedado en mi casa hasta las tantas…

– Genial -dije-. Ahora, ademas de querer matarme un mafioso de cuarta, me querra asesinar un policia de tercera. Voy progresando, negrita.

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