– No seas pavo. No le hizo mucha gracia, pero si no le gusta, que se joda. Ademas -volvio a sonreir-, puedo ser muy persuasiva…
No pregunte como habia conseguido el dibujo, pero lo imaginaba. Y aunque me odie por eso, algo en mi entrepierna fatigada empezo a tensarse.
– No podes seguir asi, Nico. O te matan los mafiosos esos, o la policia termina por cargarte la muerte del detective.
– ?Entonces?
– Entonces, te alquilo por un tiempo -declaro tocando la cartilla-. Nos vamos manana mismo a recorrer Europa, o a Africa, si preferis. Si no queres que le pida a Manolo que te arregle lo del pasaporte, se donde comprar uno falso que te puede hacer cruzar cualquier frontera. Desaparecemos de este mapa donde nadie te quiere. Y despues ya veremos. Con esto tenemos para vivir un buen tiempo a todo lujo. No te comprometo a nada: nos vamos ya del pais y seguimos juntos el primer mes. Despues, podes hacer lo que quieras o seguir conmigo. No creo que un mes de vacaciones juntos se te haga insoportable, ?o si?
La mire de arriba abajo, sin atrincherarme en los recuerdos ni ponerle un escudo de prejuicios. La mire como se mira a una mujer que promete y tiene con que cumplir.
– Supongo que podria sobrevivir, Lidia.
No la llame «negrita» y tomo nota. Le agarre la mano. Fue una caricia de hombre a mujer, en la que cabia la ternura y todo lo demas, incluidos el sudor y la lucha de los cuerpos.
– Pero no puedo irme. Y ya no es por miedo a lastimarte, que a lo mejor tengo que aprender a tenerte miedo. Es por mi. ?Me queres decir que mierda hago en Espana? Te lo voy a decir: escapar. Pero como lo hago con pereza, no se nota. Y me escapo de tantos recuerdos chiquitos pero afilados; me escapo de plantar batalla y de creer en algo. Me escapo porque aunque parezca mas dificil, es tan facil hacer un par de bolsos y seguir viaje…
Me miraba sin parpadear, como si entendiera.
– Estas muy buena, Lidia -reconoci-. Y soy un pelotudo por no haberte descubierto antes. Me podria enamorar de vos y joderte un poco la vida. Y cuando acabe todo esto, si todavia se mantiene la oferta, y no me refiero al viaje, sino a vos, a lo mejor me animo. Pero ahora no. Ahora ya no retrocedo otra casilla en el tablero, no vuelvo a tirar los dados, no pido mas cartas; me planto con lo que tengo y lo que tenga que pasar, que pase.
– Nicolas…
– No: esta decidido y no puedo cambiar. Esta vez no. Ademas…
– Nico…
– Suena a boludez, pero alguna vez tengo que decir aca me planto y ver que pasa…
Me tapo la boca con su mano:
– Que estoy de acuerdo, Nicolas. Lo entiendo y estoy de acuerdo.
Me ofendio un poco que no insistiera, pero no se lo dije. Mantuvo sus dedos en mis labios y dejo que uno resbalara en mi boca.
– ?Venis esta noche a no dormir conmigo? -pregunto.
Dije que si con la cabeza.
Entonces la vi.
Detras de los cristales, Noelia me miro durante un instante y giro la cabeza. Llevaba el vestido rojo que le habia visto en la foto, que floto cuando empezo a correr.
22
Deje un billete sobre la mesa, le pedi a Lidia que me esperara, y corri hacia la puerta. Mejor dicho, quise correr, porque en ese momento una pandilla de parejas muy divertidas decidio jugar a que entraba y no entraba al local, una camarera se cruzo en mi camino con su bandeja cargada de cervezas, y dos viejitas se pusieron de pie con energia, a riesgo de romperse por el esfuerzo. Tarde casi dos minutos en llegar a la calle, pero me parecieron dos siglos. La busque con la mirada, presintiendo que no la veria.
Pero la vi, casi dos calles mas alla, cruzando a paso rapido el cerco de luz de una farola. Corri, esquivando domingueros sorprendidos que temian un tiron en el bolso o miraban hacia atras, para ver quien me perseguia. A mi tambien me hubiera gustado saberlo.
Baje a la calle. Era preferible esquivar coches y avanzaba mas rapido. Ya la tenia a la vista y no me habia equivocado: era ella y era el vestido. Miraba hacia atras cada tanto y sabia que la seguia.
Ocurrio de repente, pero es cierto que uno puede presentirlo un segundo antes; yo creia que era otra mierda de Hollywood, pero no. Supe que algo no encajaba y cuando el coche se cruzo en su camino, comprendi lo que era. La voluminosa sombra de Serrano se recorto contra la luz y en dos zancadas estuvo junto a ella. Quise gritar y avisarle, pero era demasiado tarde. Solo podia seguir corriendo y llegar junto a ellos, sin saber que haria luego, porque Jamon ya la arrastraba de un brazo hacia el coche y yo estaba muy lejos todavia para hacer nada. Pense que en las peliculas el protagonista siempre encontraba algo que lo sacara del apuro: una moto sin candado y con la llave puesta, unos tachos de basura que arrojar rodando contra el malo, un carrito de supermercado, algo. Yo no tenia nada, ni siquiera aliento. Busque una piedra en la calle, una buena piedra que tirarle a Jamon cuando estuviera mas cerca. No era muy heroico, pero lo distraeria un momento. Busque en el asfalto, en los costados de la acera, mientras seguia corriendo. Nada. Envoltorios de chicles, condones usados, ?un zapato de bebe!; habia de todo en la calle, menos piedras.
Me cai, salte hacia delante y segui corriendo, mientras el enano egoista que dejo vivir dentro de mi me decia que era mejor asi, que al fin y al cabo, si atrapaban a la pelirroja, me dejarian en paz. Lo hice callar, el hijo de puta no entendia que yo necesitaba saber. Noelia ya estaba casi dentro del coche y yo no pude esquivar el Mercedes negro que se cruzo en mi camino. El conductor me miro con odio, como si hubiera manchado su precioso coche con mi sucia sangre. Pero no sangraba. Un moreton mas para Nicolas Sotanovsky, el heroe mas lento del mundo.
Cuando volvi a mirar, el coche de Jamon todavia estaba ahi, pero no veia a Noelia. Llegue junto a el y Serrano me saludo con su caracteristico:
– Buenasnoche.
Yo no tenia respiracion suficiente para devolver la cortesia. Abrio la puerta y me deje caer en el asiento a su lado.
– ?Donde? -alcance a decir.
– ?Donde que? -pregunto Jamon ofendido.
Respire a fondo y solte todo el aire de mis pulmones. Mi corazon quiso seguir latiendo.
– ?Donde esta la pelirroja?
Miro para otro lado, se ajusto el nudo de una corbata que serviria para amarrar un petrolero, y reviso su peinado de escaso pelo en el retrovisor del coche, que le cabia en la mano.
– Eso lo sabra usted -dijo el Jamon.
– Escuche, Serrano: la vi -corregi-. Los vi: a ella intentando escapar y a usted tirando de ella hacia el coche. ?Donde esta? ?No me dira que se le fue?
Su disimulo infantil se derrumbo:
– Es que… tenia una pistola, ?sabe?
– ?Y usted no?
– Desde luego. -Saco el canon y me arrepenti de mi pregunta-. Pero me sorprendio. Ademas, ?pegarle un tiro a una mujer, quien se cree que soy?
– No me tire de la lengua, Serrano. ?Pudo verla bien?
– ?Es guapa, no? Se parece a las tias de las peliculas. ?Y esta de buena! -Se detuvo confuso-. Usted perdone, al fin y al cabo, es su novia…
– ?Pero si estoy harto de decirle que no la conozco!
Era inutil. Saque un cigarrillo y lo encendi.
– Estamos igual que al principio -dije, pensando en la oferta de Lidia.
– Igual no -razono-. Ahora le quedan menos dias para encontrarla.
