– Suban.

Obedecimos sin protestar. Serrano estaba incomodo, pero le duraria todavia el enojo, porque me encanonaba con mano firme.

– Abran la puerta -ordeno El Muerto.

– Oiga, usted dijo hasta el viernes y hoy es… -reclame sin entusiasmo.

– Se acabo la paciencia, sudaca. O me llevo lo mio ahora o…

– ?O se espera hasta el viernes! -grito Nina.

El Muerto se puso rigido y Serrano solto un «conoo» con voz queda. Mire hacia atras y vi que Nina los apuntaba con la pistolita plateada que habia visto dias antes en su bolso. Me pregunte como habia cruzado a Marruecos con ella, pero a esas alturas ya sabia que Nina tenia recursos de sobra.

– Nosotros somos dos -calculo El Muerto.

– Se sumar -dijo Nina-. Pero tambien se disparar, asi que por lo menos a uno me lo cargo y se quien sera. Usted elije: o nos deja cumplir el plazo que le dio a este, o pone a prueba mi punteria.

El Muerto intento asustarla con una mirada hueca, pero el pulso de Nina no temblaba y apuntaba directamente a su cabeza. Repitio dos veces el numero de un telefono movil y le pregunto a El Muerto si lo recordaria.

– Yo no olvido -dijo el con un tono gelido que no impresiono a Nina.

– Ve bajando la escalera, Nicolas -ordeno ella-. Y no digas nada.

Me movi despacio, sin dejar de mirar a Serrano. Creo que nunca dije tantas cosas sin hablar.

– Hasta el viernes -concedio El Muerto-. Pero no creas que esto lo sacas gratis, putilla. Guarde la pipa, Serrano.

Nina los hizo retroceder hasta el final del pasillo y luego paso corriendo a mi lado, escaleras abajo.

– ?Mueve el culo, que nos frien! -dijo al pasar.

Cuando llegamos a la calle, me dio la pistolita mientras abria el coche. Entre apuntando hacia el portal y aunque nadie nos siguio no baje el arma durante un buen rato.

– Ya puedes descansar, Dillinger -dijo ella-. Ademas, creo que hay que quitarle el seguro, aunque no se donde punetas esta…

La mire boquiabierto. Temblaba de pies a cabeza. Paro el coche en una acera iluminada y empezo a llorar. Le pase la mano por el pelo y la abrace hasta que dejo de temblar. Discutimos un rato sobre que hacer y finalmente acepte ir a su casa. Si no la habian molestado hasta entonces, quiza no conocian la direccion. Ademas, senalo, ir a Barajas era entrar en la boca del lobo y en cuanto a un hotel, si habia policias mezclados en el asunto, no tardarian en encontrarnos.

Pense que lo mismo podia pasar con su casa, pero no quise discutir. Estaba en deuda con ella, ya no me interesaba saber, y no queria pensar.

El departamento era parecido al de Noelia, pero en plan caotico. Comimos algo sin quitar la vista de la puerta y con la pistolita sobre la mesa. Nina busco el manual y despues de un rato descubrimos donde estaba el seguro y como quitarlo.

– ?Y vos? -pregunte.

– Voy a desaparecer una temporada -dijo-, hasta que el cadaver ese caiga o se canse. Y no te preocupes, que me ire sola. Dentro de un rato, cuando descansemos, elegimos el metodo. Creo que a ti te conviene ir en autobus hasta Malaga…

– ?Otra vez?

– … y desde alli combinar un vuelo hasta tu tierra via Londres o Roma. Yo igual me paso unas vacaciones en Paris o donde cono sea.

– Nina, yo…

– Dejalo, Nicolas. No me apetece tu gratitud si no puedo tener tu confianza.

No insisti y, cuando un rato despues fue hacia el dormitorio, espere un gesto de invitacion que no llego.

JUEVES

«Los dias cantan la historia

del hombre al borde del hombre

los dias cantan mananas

los dias no tienen miedo.»

FITO PAEZ, La vida es una moneda

38

No pensaba emborracharme, no era necesario. Pero estaba a solas con mi cabeza y las preguntas amenazaban con su campaneo lejano de tren que viene y va a llegar. Pense en escribirle a Nina una larga carta que pusiera en su lugar cada pieza del rompecabezas de mi corazon, pero sabia que los bordes no iban a coincidir y lo deje. Un buen trago no recuerdo de que y tampoco eso importaba. Cuando el sol estuviera alto y las calles sudorosas con algo de gente para fingirlas habitadas, cargaria mi mochila a la espalda y en cada baldosa dejaria caer un recuerdo de esa semana enloquecida. Como cuando eras pibe y el equilibrio del universo dependia de no pisar las baldosas rojas, y si el proximo coche en doblar la esquina no era azul, entonces el dia seria un desastre; supersticiones simples que hacian girar la tierra, porque la tierra gira o eso decian las maestras y, a juzgar por todas sus otras mentiras, vaya uno a saber.

Vague por la casa demorando un ojo en cada libro mientras el otro se negaba a coleccionar mas imagenes de Nina que luego tendria que olvidar con dolor, porque el olvido es la mas jodida disciplina cuando es urgente olvidar, borronear una cara inolvidable por puro instinto de supervivencia, hacerle trampa al rompecabezas con la tijera de una memoria obediente que viene moviendo la cola si la llamas y le das su hueso para roer, su recuerdo para desgastar, su golosina con pelusas traidas de un gastado bolsillo de la mente, su palmadita condescendiente que la perra memoria, domesticada para olvidar, agradece con perruna fidelidad, enfermedad de perros al fin y al cabo, que los hombres podemos ser agradecidos hijosdeputa egoistas egocentricos y hasta decentes tres segundos por decada, pero poco mas. Muy poco mas.

Nina tenia estanterias llenas de libros borrosos, mas borrosos a cada trago que exprimia de la botella; borrosos cuadros sin marcos que les cuadricularan el paisaje; una borrosa foto de Nina y una pelirroja que se llamaba, ?como mierda se llamaba la pelirroja?, «muy bien, Laika, ahi va otro hueso, Laika, mi estupida canina y alegre Laika, que poco te hace falta para ser feliz y que gorda te vas a poner, perra memoria, con un amo que no hace mas que tirarte recuerdos que roer y enterrar en los rincones mas ocultos del sucio patio que habitamos mi cabeza y yo. Brindo por eso, ?por que?, por eso, ya sabes, por no acordarme del nombre borroso de la borrosa mujer que posa en la foto junto a…, no exageremos, Laika, perrita memoria docil, que a Nina no se la olvida tan facil, ojala, ojala que las hojas no te borren el cuerpo cuando caigan y no me acuerdo mas, lo siento Silvio, pero esta jodida perra memoria tiene tanta practica en enterrarme recuerdos duros como huesos, con su entusiasmo de rabo limpiaparabrisas, sonrisa tonta, ?rien los perros o es pura mueca, como mis besos, mis caricias, pura careta ahora si ahora no, que uno se pone y se quita negando obstinado que siempre queda algo de la mascara dibujado en la cara y viceversa? Tan borracho no estoy, no, si he pensado dicho cantado al son de ?como se llamaba la cancion? dos palabras como obstinado y viceversa; si acaso un poco mareado, poca comida y mucho alcohol y ningun sueno nuevo y planchado que ponerme. Que frio voy a tener dentro de un rato cuando me vaya sin pisar las baldosas rojas y dejando caer en cada una un pedacito de Nina, un

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