pelo de Nina, un pezon de Nina». «Mejor parar, Nicolas», me dijo un tipo con voz de borracho, cara de borracho y de infeliz borracho pagado de si mismo, pero pagado a credito. «Andate a la mierda», le respondi, «quien te dio vela en este entierro, a quien le ganaste vos, de que vas, o te crees mejor que yo, barbita; o es que pensas que tus llorones rezongos ahi al fondo, entre los huesos masticados que mal entierra mi perra memoria, te alcanzan como para Pilatos me lavo las manos y el que tiene la culpa es el o sea yo, y una mierda, que en este cuerpo vivimos los dos y si no te gusta, te mudas y chau».
Se retiro del espejo el tipo, con su jodida cara de te lo dije y casi se lleva mi botella pero no lo deje, «que borrosa y todo, mi despedida del piso de Nina merecia un trago y la perra tenia sed de imagenes que olvidar. Una foto de una nena de trenzas negras y mirada picara que igual es Ella. No, Ella era la otra, la que se fue o me fue, que importa la diferencia, la que me puso, Laika, aqui, Laika, donde mierda estas perra memoria, que me voy tropezando con huesos mal enterrados, en las puertas de un aeropuerto solo para demostrarme a ella que Ella no era tan definitiva y que no me iba a quedar a esperar que volviera, a buscarla para que volviera, y ahora que, si me queres te gastas el orgullo en una carta a lista de Correos en Madrid, nada de correos electronicos, que igual cuando llega no me encuentra porque no se si Madrid o Portugal, ?por que no Paris?, aunque uno no sepa tocar la quena o rascar el charango, en Paris se pueden vender poemas en la boca del metro, que al fin y al cabo, dijo Ella, dije yo o dijo Laika, perra memoria, al fin y al cabo, un poema es una mentira que suena bien, algo que ponerse, mercancia si se vende y yo me habia pasado la vida vendiendo mentiras. Eso lo dijo Ella, ?Laika?, donde estas cuando mas te necesito, cuando los huesos me ahogan y son tantos y Ella no escribio en todo este tiempo, no escribio, Laika, perrita memoria, solo este hueso, que siempre me lo enterras para el carajo y tropiezo con el cuando salgo al patio y me caigo y me lastimo porque como lastima el hueso de Ella y siempre vuelve a salir, siempre me espera puntualmente a la salida, nunca a la entrada del Correo, cada viernes voy, sabiendo que hoy tampoco y me miento que es solo una costumbre excentrica de un tipo que nunca escribe cartas y sin embargo espera. Vacia. Alguna otra botella tiene que tener Nina, esta despedida merece un brindis de lo que sea, es el gesto que quema garganta abajo, cabeza arriba, por todo el patio lleno de huesos que bien mirado parece un cementerio. Anis. No, que hasta para esto de regar el patio tiene uno sus preferencias. Conac. Si no hay mas remedio, pero hay remedio, un whisky de nombre raro y etiqueta desconocida que resulta ser bourbon y yo sin saberlo, todo conocimiento es limitado, todo dolor acaba alguna vez. Lo malo es que despues viene uno nuevo y la puta de Laika que no aparece. Piedritas. Son piedritas que Nina ha coleccionado. No, no son piedritas, son gatitos minusculos de ceramica, barro o yo que se, tamanos, formas y colores variados pero siempre la insultante media sonrisa del gato que nada tiene que ver con la del perro que rie para mi, los gatos, los putos jodidos gatos que se mueven o soy yo, los gatos se rien de mi. A la mierda los gatos y su sonrisa, si los doy vuelta los pongo de espaldas de cara a la pared castigados por reirse del senor, senor… ?Laika, cuidado con lo que enterras, carajo, mi nombre no! Son un monton de gatos y uno se le parece pero no es tan flaco y se le parece, se llamaba, ?como se llamaba? Ah, Laika, perversa, cuando se trata de tus odios ancestrales si que le das a las patas, entierra que te entierra, pero te voy a joder porque no me acuerdo como se llamaba el gato pero si que no queria ser un gato de ministro, eso seguro. Este encuentro merece un trago, Silvestre, ?ves como yo tambien se desenterrar, perrita memoria? Lo malo es que ya no hay palabras, Silvestre, apenas una sonrisa igual a la de los otros gatos de ceramica, barro o lo que sea, pero la tuya duele, porque los dos sabemos de que te reis. Y prometo que no tengo intencion de dejarte caer, solo acercarte al oido, a ver si me das bajito un consejo de callejon que me sirva para este viaje, pero no hay consejos y juro que no te tiro a la alfombra con rabia, Silvestre, que no te pateo contra el sofa por despecho, que no. Lo siento, Silvestre, hasta borracho miento. Pero tambien se pedir perdon y ya mismo, aunque todo se mueva, te levanto del suelo y te devuelvo a tu sitio, ahora me agacho con el estomago en la garganta y el cerebro empujando por escaparse desde mis orejas, ahora la alfombra se mueve como un terremoto mudo y sin embargo, Silvestre, lo mas parecido a un amigo que he tenido en tanto tiempo, te busco a gatas, gato al fin y al cabo, por el territorio pastoso de la alfombra, te sigo el rastro debajo del sofa y me acerco para rescatarte de ese exilio oscuro y pelusiento».
Entonces la vi.
No tuve ninguna duda y si el mundo era de gelatina, ella permanecia inmovil y definida. No era gemela de la otra, ni pariente cercana; era la misma caja de madera que habia visto en casa de «comosellamaba, suelta, Laika, ahora no», la caja marroqui a la que quise mudar mi bailarina con una sola pierna que bailaba Para Elisa y que no pude encontrar.
Al lado de la caja, debajo del sofa, el gato de ceramica habia caido coherentemente de pie y su media sonrisa se me antojo menos insultante.
Dentro de la caja, el contenido tambien era de gelatina pero menos, y descubri que si miraba las cosas medio de costado, como sin querer, se volvian un poco mas solidas. Fotos de Nina y la pelirroja, cartas, postales, recortes de diarios.
Sente al gato de ceramica a mi lado en la alfombra, y empezamos a revisarlo todo, con mucho esfuerzo y por el costado del ojo. Alcance a leer algunas frases de postales, fechas que se me cruzaban y superponian porque es imposible sumar con numeros de gelatina, titulares de los recortes que cuando acababa de leerlos se movian, frases sueltas de las cartas y las postales.
Senti que en esa caja perdida y reencontrada habia piezas del rompecabezas, algunas que venia buscando desde hacia varios interminables dias. Pero supe tambien que habia perdido las piezas que tenia desde antes, las vagas ideas de dos puntas que venia tratando de atar sin mucho exito desde los tiempos ya remotos, cuando necesitaba saber para respirar. No estaban, enterradas por la diligente y perruna memoria, me faltaban datos y deducciones, me sobraba gelatina dentro y fuera de la cabeza.
Todo aquello que contenia la caja queria decir algo, eran semillas millas de respuestas. Pero yo habia perdido las preguntas. «Signifique lo que signifique, nos vamos, Laika», pense.
Y antes de dormirme sentado en la alfombra, antes de olvidar sus nombres, brinde por Philip Mar Lopez, por el gato Silvestre, por Serrano y por Nina.
Quise brindar tambien por mi, pero habia olvidado como me llamaba.
Serian las diez y media de la manana y ya hacia calor.
Siempre hacia calor.
Desperte casi sin resaca y con las brumas de mi descubrimiento revoloteando como fantasmas que no queria mirar para negar su existencia.
No queria preguntar, no queria saber.
Junte mis cosas, las que me quedaban, porque no pensaba volver a la casa de Noelia. Conte el dinero que tenia encima, el billete para volver a que, el pasaporte de tapas azules con el escudo argentino estampado en dorado y hasta estuve a punto de cantar unas estrofas del Himno Nacional. Cualquier cosa menos responder al murmullo de las dudas. Mirando al frente, pero sin mirar, fui hasta el dormitorio de Nina. Me sentia como cuando te presentan a la novia de un amigo y no queres mirarle las piernas cruzadas pero lo unico que encuentran tus ojos son las piernas.
Nina no estaba.
Nina nunca estaba cuando habia que hacer frente a una pena previsible. Dejaba una nota y escapaba. Pense que esa actitud me resultaba familiar y cambie de tema, porque tampoco se trata de no mirarle las piernas a la mujer de tu amigo y acabar mirandole las tetas.
La nota estaba en una hoja de cuaderno doblada, y dentro de ella, una despedida:
«No me gusta decir adios, prefiero el 'chau' como dicen en tu tierra, porque suena a 'nos vemos cuando menos te lo esperes'. Y yo no voy a verte mas, me temo; pero voy a esperarte de cualquier modo, porque eso no me lo puedes prohibir, jodido sudaca, jodido y querido sudaca. Un beso. Te quiero».
Una «N» rabiosa y enorme firmaba la nota, acorralada de marcas de lapiz de labios, besos de papel. Habia