– ?Que?

– ?Has terminado? -pregunto impaciente y enfadada-. Te estamos esperando, vente para aca.

– ?Adonde? -En realidad, a Dori no le apetecia nada reunirse con ellos en aquel momento. Lo unico que queria era irse a casa a tumbarse, pero sabia que no le iban a dejar en paz. Marta Mist llamaria y acabaria por ir a buscarle si no contestaba. Lo mejor era acabar ya con el asunto.

– En el 101… date prisa.

Colgo y Dori se puso a caminar un poco mas rapido. Hacia frio y estaba agotado. Antes de darse cuenta estaba en la entrada del hotel, y se sacudio la ropa para desprenderse de la nieve que se le habia acumulando encima durante el camino. Se paso los dedos por el pelo y se lo sacudio. Despues abrio la puerta y entro. De pronto, Dori sintio unas ganas enormes de beberse una cerveza. Fue hacia sus amigos y se sento en una silla libre, aunque Marta Mist y Briet se habian movido para dejarle sitio entre ellas. Ni pensar en sentarse al lado de ellas en esos momentos. Las chicas intentaban no dejar traslucir que aquello les habia sentado mal, y Dori observo la tranquilidad con la que se volvian a correr para llenar de nuevo el espacio vacio sin que se notara mucho. Marta Mist era maestra en una sola cosa: sabia conservar la calma y la dignidad. No solia mostrar otros sentimientos que furia implacable y desprecio. Orgullo herido era algo que no figuraba en su vocabulario.

– ?Por que demonios no respondias al telefono? -pregunto enfadada-. Llevamos ya un buen rato aqui con el corazon en un puno, esperando noticias tuyas.

Dori se enfado.

– ?Pero que os pasa? Estaba hablando con los abogados esos. ?Que os iba a decir por telefono? -Nadie dijo nada, asi que Dori repitio la pregunta-. ?Eh? ?Que podia decir?

Marta Mist encontro una escapatoria.

– Pues podias haber contestado al mensaje por lo menos. Eso no habria sido demasiado esfuerzo.

– Ah, si, claro -dijo Dori ironico-. Nada mas sencillo. ?Pero que te crees que soy yo para dedicarme a los mensajitos? ?Un adolescente?

Brjann intervino.

– Pero bueno… ?te pasa algo? -dijo con tranquilidad, y bebio un sorbo de cerveza. Aquella vision fue mas de lo que Dori podia aguantar. Hizo senas al camarero y pidio una cerveza grande. Luego se volvio hacia los demas.

– Todo fue estupendamente… mas o menos. Sospechan un poco de todo pero, en realidad, saber, no saben nada. -Dori tamborileaba con los dedos de la mano derecha en el borde la mesa mientras utilizaba la izquierda para buscar su cajetilla en los bolsillos del abrigo. No la encontro-. Me he dejado los cigarrillos… ?me dais uno? - Briet le paso su cajetilla… y Dori suspiro para sus adentros. Eran unos cigarrillos tipicos de nina, blancos como la tiza, con mentol y, para colmo, mas que suaves. Pese a todo cogio el paquete y saco un cigarrillo. Eso era lo peor cuando Marta Mist estaba enfadada con el: ella fumaba cigarrillos de verdad, Marlboro. Dio una calada y, tras quitarse el cigarrillo de los labios, miro el cilindro humeante y sacudio la cabeza-: ?Como puedes fumar esta porqueria?

– Algunos dicen «gracias» -le espeto Briet, molesta.

– Perdona. Estoy un poco tenso. -Llego la cerveza y, despues de tomarse un buen trago, Dori inflo de aire las mejillas, soplo y suspiro-. Aah, esto ya esta mejor.

– ?Les dijiste algo? -pregunto Marta Mist… se le estaba pasando el enfado.

Dori se tomo otro trago mientras sacudia la cabeza.

– No, nada importante. Naturalmente, les dije un monton de cosas… no hacian mas que chorrear preguntas, y algo tenia que contestar.

Marta le miro pensativa y asintio, visiblemente satisfecha.

– ?Seguro, seguro?

Dori le guino un ojo como signo de reconciliacion.

– Seguro, seguro… no te preocupes.

Marta Mist sonrio:

– Mi heroe.

– ?Algo mas? -dijo Dori casi con indiferencia, moviendo el elegantisimo cigarrillo delante de la cara-. ?Verdad que soy listo?

Andri solto unas risillas, puso su propio paquete de cigarrillos en la mesa y le dio un empujoncito para acercarselo a Dori.

– ?Que crees que haran ahora? ?Querran volver a reunirse con nosotros?

– No, eso lo dudo.

– Bien -dejo escapar Brjann-. Esperemos que se vean metidos en un bucle infinito y acaben por rendirse.

Briet era la unica que no se habia puesto de tan buen humor.

– ?Y que pasa con Hugi? ?Ya os habeis olvidado de el? -Fue mirando a los demas uno a uno, con gesto escandalizado. La sonrisa desaparecio de los labios de Dori.

– No, claro que no. -Se pidio una cerveza mas grande, que no le supo tan bien como la primera. Marta Mist le dio un buen pellizco a Briet en la parte superior del brazo, y la muchacha se quejo.

– Pero bueno, ?que te pasa? No, no van a rendirse… sacaran algo de todo esto. Lo principal es que nosotros no nos veamos involucrados en el asunto. Esto tiene una mala pinta de todos los demonios.

– La gente no es condenada por crimenes que no han cometido… lo declararan inocente, podeis estar tranquilos -dijo Andri con la boca pequena.

– Pero ?de donde sales tu? -pregunto Briet, que no estaba dispuesta a rendirse pese al escozor en el brazo. No era nada frecuente que intentara contradecir a Marta Mist, pero seguia enfadada con Dori-. Toda la vida han condenado a la gente por errores judiciales… ?te acuerdas del caso de Geirfinn? ?Eh?

– Dejaos de idioteces -espeto Marta Mist, que no apartaba los ojos de Dori.

– Todo saldra bien, ya vereis. Vamonos a comer algo. Estoy muriendome de hambre.

Se pusieron en pie y recogieron sus cosas. Cuando fueron a pagar las bebidas, Marta Mist se quedo aparte con Dori.

– Aun no te has librado de todo… lo sabes. -Dori aparto la mirada pero ella le cogio por la barbilla y le obligo a mirarla a los ojos-. ?No has acabado de librarte de eso?

Dori asintio con la cabeza.

– Ya esta, se acabo. No te preocupes de nada.

– Yo ya no me atrevo ni siquiera a tener maria en mi casa. No estaria nada mal que tu tambien tomaras precauciones. Si esos dos se ponen a revolverlo todo, a los maderos se les puede ocurrir cualquier cosa y registrarnos las casas a todos. ?Estas seguro de que te lo has quitado todo de encima?

Dori carraspeo y la miro fijamente a los ojos. Con voz decidida, le dijo:

– Lo juro. Ya no hay nada

Marta Mist sonrio y le solto la barbilla.

– Venga, tenemos que pagar la cuenta.

Dori la vio alejarse. Que curioso, le habia creido. Siempre se daba cuenta cuando el intentaba alguna mentira. Habia progresado en deshonestidad. Cool.

?ora estaba intentando que las espesas cejas del hombre que estaba sentado delante de ella no la distrajeran demasiado. Matthew y ella se encontraban en el despacho de ?orbjorn Olafsson, el director de la tesis del master de Harald.

– Muchas gracias por recibirnos -dijo ?ora sonriendo.

– De nada -respondio ?orbjorn-. Si quereis dar las gracias a alguien, tendria que ser a Gunnar: es el quien nos ha reunido. Pero me parece estupendo que hayais podido venir con tan poco tiempo de aviso. -?orbjorn les habia telefoneado poco despues de que Dori dejase la casa de Harald, y ?ora y Matthew acordaron con el que irian a verle de inmediato. ?orbjorn dejo el lapiz que habia estado haciendo girar entre sus dedos-. ?Pero que es lo que teneis tantas ganas de saber?

?ora fue la primera en hablar.

– Imagino que Gunnar te habra explicado nuestra relacion con Harald, ?no? -?orbjorn asintio y ?ora continuo-. Queriamos oir tu opinion sobre Harald y lo que pudieras decirnos sobre sus estudios, en especial sobre su investigacion.

Вы читаете El Ultimo Ritual
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ОБРАНЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату