efecto, se trataba de un juicio de lesa majestad.
Los hechos eran los siguientes. El dia anterior, 8 de marzo, durante una tumultuosa celebracion del Dia de la Mujer, una militante lenguaraz se habia reido de las disposiciones de la lider sublime, elegante e intelectual que las deslumbraba y dominaba a todas. En fin, resulta que la maleducada habia gritado «?La reina esta desnuda!», y luego, poseida por sus personales furores, se habia atrevido a tocar el cuerpo santo asestandole una bofetada. Escandalo, castigo, condena.
?Y yo que habia ido buscando la fraternidad o, cuando menos, la igualdad! No me quedaba sino la libertad: la libertad de girar sobre mis habituales tacones y lanzarme a la calle. Alli, en la sombra, los caballos de la carreta para la guillotina ya coceaban impacientes.
Tercer y ultimo intento. Leo que hay una convocatoria ludica en una barcaza sobre el Tiber que puede brindar la pobre ilusion de estar en la playa a quien no le guste banarse.
Adivino cierto fervor desde los pretiles del rio atestados de varones patrioteros. ?Convertidos? No. ?Arrepentidos? Mucho menos. Divertidos, mas bien, y excitados por el espectaculo, del todo nuevo.
Un mar, mejor dicho un rio de tetas al aire para la ocasion y que hacian como si tomaran el sol. Tetas como ciruelas recien brotadas, tetas como manzanas verdes, tetas como peras maduras, tetas como platanos pochos. El catalogo completo de un sector hortofruticola del mercado central se encontraba alli, exhibiendose ante aquellos ojos ansiosos, a modo de desafio.
Yo, que hacia poco me habia liberado de la obligacion de la maternal camiseta interior de abrigo, gire sobre mis sandalias y me marche volando.
Dicen que se nace incendiario y se muere bombero. A mi me ha pasado lo contrario: lo quemaria todo, ahora.
A cubierto, en el ojo del huracan, pasaron los anos de plomo. Me case, tuve una hija, reparti octavillas a favor del aborto. Con esto creia que habia pagado, que habia reparado mis errores. En realidad, he sido una esposa mediocre, de carne fria, y sobre todo una madre deficiente. Las malas hijas se convierten en malas madres porque quieren dar lo contrario de cuanto han recibido y por tanto fallan dos veces. Mande a mi nina a un colegio de lo mas exclusivo que ponia en practica el esnobismo al reves: sito en un paramo desolador, al lado de una fabrica que producia veneno para ratas, todo su sesentayochismo consistia en oponerse firmemente a la tabla de multiplicar. Nunca le hable de Dios ni de religion: resultado, confundia -y aun confunde- a Moises con Noe. La deje crecer, en definitiva, como un caballito salvaje, convencida de que la naturaleza le ensenaria el camino, pero aquella, maligna y madrastra como es, no ha cesado de cambiarle de sitio las senales de trafico, confundiendola y asustandola.
No quiero, sin embargo, hablar de mi familia. Esta viva, esta sana, se las arreglara. Mis fantasmas, en cambio, para los que represento la unica posibilidad de renacer durante un instante, me esperan y exigen un pequeno auto de fe.
Solo un poco de paciencia, una breve pausa: mientras tanto, tomaos un recreo.
Puede asombrar, en estos recuerdos, que un periodo tan ajetreado y tragico, quince anos largos, fuera vivido por una persona como yo, no exclusivamente interesada en su propio ombligo, como una sonambula.
Quiero recordar que en el Madrid asediado la gente iba al cine y que, cuando la tension es excesiva, se desarrolla en nosotros una especie de calmante natural de manera uniforme.
Entonces, ademas, la division en tribus se hallaba muy marcada: estaban los jovenes y los menos jovenes, los rojos y los fachas. Tribus endogamicas, cerradas, a cuyas puertas era inutil llamar si no eras como ellos. Para los jovenes no era bastante iracunda, para los adultos, muy poco burguesa; para los rojos era demasiado critica, mientras que los fachas eran los que me vetaban a mi; para los sonadores de poesia no habia lugar en ninguna parte.
Tambien a mi nueva familia la liquide demasiado pronto.
Cada matrimonio es un misterio, dichoso o doloroso (nunca glorioso), solo conocido por los dos conyuges: misterios que nosotros, en cambio, seguimos desconociendo.
Lo teniamos todo en contra. Siempre atraida, a causa de mi Edipo, por hombres maduros y a veces mas que maduros, convencida de que tenian mucho que ensenarme, me case con un muchacho siete anos menor que yo, de una familia sencilla y con ningun deseo de conocer mi mundo y aun menos de entrar en el. Aquella familia sencilla me detestaba como si fuese una vieja vampiresa que se llevaba a su mejor hijo para usarlo y luego tirarlo. Todos nos daban como mucho uno o dos anos para el divorcio. Sin embargo, seguimos aqui, juntos, despues de cuarenta anos. ?Milagro? No creo en los milagros. Mas bien, mas alla del aprecio, el afecto, el amor, muchas veces se crea un lazo inextricable, una simbiosis, entre oscuras necesidades que buscan, y a menudo encuentran, un consuelo, una compensacion en las del otro. Ahora se que buscaba yo. Una coartada. Una coartada que justificara mi escaso exito, mi negarme a la creatividad, a las buenas relaciones, a las amistades, a las novedades. La encontre facilmente en sus celos: unos celos sombrios, morbosos, de siciliano, que me ataban de pies y manos y que yo aceptaba porque me liberaban de la obligacion de reconocer en el miedo a no tener exito, a ser juzgada, la raiz del jaque mate que me atribuia incluso antes de comenzar la partida.
Pese a todo, aqui coturnos: yo muy enferma, el, el angel irascible, solicito como una madre que adivina los deseos de su nino incluso antes de que este los manifieste. Aqui estamos despues de anos de sosiego que podrian llamarse anos de felicidad si solo supieramos, mientras la vivimos, que la felicidad es eso.
Desde hace unos dias, desde hace unas noches, me quedo facilmente sin respiracion, tengo la sensacion de asfixiarme, me imagino lo que debe de ser ahogarse.
Mi doctisimo medico (o mejor dicho profesor con anos de estudio, publicaciones en revistas internacionales, congresos importantes) me ha dicho muy serio: «Pruebe a poner una almohada mas en la cama».
Un vaso de quina con hielo
Santa Lucia, mengua la noche y crece el dia.
Ojala. Si la astronomia popular, forzada por la rima, coincidiese magicamente con el autentico solsticio de invierno, manana mismo tendria un minuto menos que seguir en el reloj luminoso, un minuto menos de tortura. Ya es algo si tienes la certeza de que estas pequenas sustracciones a la oscuridad iran aumentando.
La Inquisicion, que se las sabia todas, condenaba a tantos glorias, avemarias o padrenuestros en funcion de las culpas que queria hacer confesar: no eran oraciones sino latigazos que duraban lo que se tardaba en declarar las culpas. He hecho un calculo aproximado: en un minuto pueden rezarse convenientemente dos avemarias. No esta mal.
Santa buena que llevabas regalos a los ninos todavia credulos, santa buena con una escudilla sobre la que estan como huevos al plato los ojos que te arrancaron los paganos malos, se benigna conmigo y ahorrame la visita de Insomnio con sus dos hijos, los crueles gemelos Calambre y Espasmo.
Los conozco bien: llegan despues de las tres, una vez que han ajustado cuentas facilmente con los novatos, los advenedizos de estas luchas. Como todos los sadicos, prefieren a los expertos, a la aristocracia de los insomnes que los estan aguardando, como si los desafiaran aun a sabiendas de que pierden siempre. Para los principiantes puede bastarse Acidosis, la hermana solterona y fea, que los hara retorcerse en la cama con el estomago en llamas.
En la espera, no queda sino torturarse solos.
No habia invocaciones a la santa con los ojos en el plato, aquel ano: entonces dormia bien. Sin embargo, si que habia motivos para estar despierto.
Abril de 1978, en plena ebullicion del caso Moro: noticias, desmentidos, alarmas, pesquisas a cargo de los carabineros y pesquisas a cargo del pendulo, magos a los que se les hacia mas caso que a los politicos, un cielo perennemente gris indigno de Roma pero muy a tono con la escenografia del drama que estaba teniendo lugar,
