que jamas me hubiera atrevido a tocar, fue decidido de una vez para siempre por mi madre.

El espejo, en la misma entrada, tan necesario para ver como va cambiando tu autorretrato cada dia. Luego, todos los libros de cine, mi otra pasion, acompanados por un Corriere dei piccoli, mas o menos del ano en que yo naci, amorosamente enmarcado, con una historieta de Sor Pampurio [28]que regana a la criadita porque se pasa el dia embobada sonando con las estrellas del celuloide.

Dentro de un cuadrito hay dos billetitos de mil liras, ganados milagrosamente a las cartas nada menos que a mi maestra de juego, por norma imbatible.

Un gran corazon de mazapan reseco cuelga de un clavo en la pared, profetico recuerdo del que seria mi ultimo viaje, a la Oktoberfest.

Al lado de la cama, en la alcoba de madera, una reproduccion del Jardin de las delicias del Bosco conduce al reino de los suenos alegremente inquietantes: pajaros enormes, homunculos en botella, ramitos de flores ensartados en el trasero.

Pero la que me conmueve es una fotografia a los pies de la cama: grande, y bien visible tanto por la noche, a la pequena luz de la mesilla, como por la manana, cuando el alba viene a acariciarla.

Por regla general, no me gustan las fotografias familiares: congelan los momentos felices aureolandolos de nostalgia; los tristes, los reavivan. Sin embargo, aqui se ha producido un pequeno milagro: la imagen, tomada sin muchas pretensiones, reconstruye de forma casual a un grupo respetando el aspecto, la personalidad, el orden de llegada a la familia, incluso la jerarquia de cada uno de sus miembros.

Son mis amigos, aquellos a los que he entendido mejor y que me han dado mas.

Son mis gatos ya desaparecidos del mundo visible, pero que permanecen en mi corazon, pequeno cenotafio acogedor.

Es la hora de la comida y se han congregado en la cocina, volviendo todos a la vez la cabeza hacia el inusitado clic.

Una dama de la antigua corte japonesa sono una noche con una graciosa gatita que se dirigio a ella en estos terminos: «Soy tu amiga, que murio hace tres meses y, por una leve culpa, me he reencarnado asi. Tratame bien».

Por una leve culpa.

El primero fue Ghego, nombre parecido a un balbuceo infantil: de hecho, se lo dio mi hija siendo nina, que lo consideraba una especie de hermano con algunas agradables anomalias.

Entonces eramos novatos y lo compramos, poniendonos a la altura de los mercaderes de esclavos. Hermoso, con esa hermosura uniforme de los siameses, tan bueno que se dejaba vestir como un muneco, cuando llego era tambien tan educado que se comia su arroz de lata. Al cabo de tres dias, inexplicablemente ya se habia malcriado.

Muchos anos despues fue el primero en marcharse, como manda la naturaleza; en la foto esta delante pero apartado, cual presagio, mientras que los otros forman sobre la mesa una fila ligeramente escalonada, respetando las reglas de la perspectiva, gatos de porcelana fina.

El segundo que entro en nuestra casa era radicalmente opuesto al noble Ghego. Hallado por mi hija en el portal una tarde que llovia a mares, me trajo un desecho fangoso, lagrimoso, con solo tres patas, implorandome que nos lo quedaramos. Como Poncio Pilatos, delegue la sentencia al veterinario. Pulgar en alto: despues de tres dias quitandole el barro de las orejas, nos devolvio un gatito bastante decente, con un pecho blanco precioso que le habria permitido granjearse la admiracion de todos de no ser porque pronto empezo a llenarse de pulgas, suplicio que el pobrecillo padecio de por vida, pues era incapaz de librarse de ellas a causa de su mutilacion. Siempre debido a la patita que le faltaba le pusimos el nombre de Zombi, que, aunque muy apropiado, en el fondo era injurioso, por lo que lo dejabamos en apelativos carinosos como Zombito, Zombino, etcetera. Yo lo llamaba incluso «Fra Ginepro» [29] o «Cordero de Dios», por la mansedumbre y la humildad que manifestaba con sus companeros, cediendoles el paso y dejandoles comer antes, como si esa pata menos no le diese ningun derecho. Aun asi, recibio una postrera reparacion; cuando, ya enfermo, lo llevaba cada dos por tres al veterinario, una vez lo subi al autobus. Era su primer viaje y se asombraba de todo, distrayendose un poco de su mal, como un campesino recien llegado a la ciudad; un muchacho que se habia agachado para mirarlo en su cesta cerrada, le dijo lo que nadie le habia dicho jamas: «?Que gato tan bonito!».

En su ultima noche, todos los amigos acudieron como en peregrinaje al almohadon sobre el que dormia, pegado a un radiador a fin de que estuviera calentito, para decirle adios.

Amor, que a nadie amado amar perdona. [30]

Los morenos fueron encontrados un Primero de Mayo en el parque, otra vez por mi hija, a la que desde entonces prohibi que fuera a esos sitios tan peligrosos. Acababan de ser abandonados alli pues seguian saliendo de su cajon mientras un corrillo de gente se formaba alrededor. En total eran cuatro, todos negros, todos de lo mas vivaces: la nina uso la falda, a guisa de delantal, para traermelos.

Incluso para mi eran demasiados. Afortunadamente, dimos con una pareja de novios que se disponia a hacer el ensayo del matrimonio conviviendo juntos y, ya que estaban, les atraia tambien hacer el ensayo del hijo, por que no con un animalito.

En el acto se enamoraron de dos, pero ella se encapricho de uno que era igualito al Gato Felix; el, de una hembra que tenia una estrella blanca en la frente. Se me ocurrio una genialidad: los convenci de que se quedaran con los dos, metiendoles una enorme mosca detras de la oreja: en el fondo, podrian tener una pareja de gemelos, tan frecuentes hoy en dia. Quien sabe como habra acabado el ensayo de la familia.

Los dos morenos restantes acabaron, obviamente, en nuestra comunidad, como amuletos. La hembra fue llamada Marlene por su andar sinuoso de estrella de los anos treinta que tantas veces he tratado de imitar, poniendo un pie exactamente en la pisada del anterior. Por su parte, el macho se merecio un bonito nombre de antiguo romano cual es Pansa Nasica (familiarmente abreviado en Pansy), no porque hubiera nacido en Roma y aun menos por su antiguedad, sino por sus caracteristicas fisicas: un largo hocico de felino y un orgulloso vientre de tragon.

Carlina es una historia aparte y digna de especial mencion. Mi marido iba cada miercoles con un amigo al campo a alimentar a una pandilla de hambrientos a la que otro buen samaritano se encargaba de dar de comer los domingos. Conclusion: estos gatos comian dos veces a la semana. El espectaculo del reparto era indescriptible, si puede llamarse reparto a lanzar aqui y alla briznas de carne, restos de pescado, grasa de jamon, evitando a la vez que los animales se agredieran entre si y que los mas pequenos, todavia incapaces de llegar a las primeras filas de los adultos, se quedaran ayunos.

Un dia los dos humanos llegan y no oyen el habitual coro de maullidos furiosos. Aquel rincon protegido, tupido de hierbas y zarzas, estaba convertido en una especie de aldea devastada por los yanquis: no quedaban senales de vida. A decir verdad, si habia una senal de vida, pero en tan mal estado que resultaba dificil reconocerla: Carlina. La linea de la espalda doblada por un probable palazo, la barriga hinchada, el pelo endurecido, se habia salvado precisamente con el recurso empleado en las peliculas: tapada por los caidos, despues se habia arrastrado y escondido en un recoveco.

Vana busqueda de un veterinario, inexistentes en aquellos pueblos, carrera (?la ultima?) a Roma, donde es medicada pero no se repone; por ultimo, alguien se atreve a abrirla y encuentra un rinon tan inflamado que esta a punto de reventar: una vez que se lo quitan, comienza el milagro de la resurreccion. Despues de todo eso, ?como no iba a merecerse el nombre de su salvador, mi marido?

Naturalmente, no es como los otros. Conserva todas las costumbres adquiridas en su infancia salvaje: se lanza sobre la comida, la propia y la ajena, y devora; ella, que deberia comer solo frugales papillas semiliquidas. Y ademas tiene todas las enfermedades posibles: una hernia, el colon muy largo y cuantas mas querais imaginaros. Sin embargo, en los intervalos es simpatiquisima: no hace muchas zalamerias pero te salta sobre los hombros y se enrolla alrededor del cuello como una autentica piel. Pese a que todos sabemos que no va a durar mucho, con su frenetica vitalidad llega a estar con nosotros nueve anos, que no dejan de ser una buena marca.

Ahora no esta ninguno pero cada uno de ellos ha recibido el homenaje de un rito conforme a su personalidad.

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