Yo tambien hablo a menudo como Madame de La Palisse y, confiando en hacer algo util, les hablare asi a los principiantes, a los catecumenos de esta enfermedad mia y suya, ofreciendo algunos consejos sencillos derivados de la experiencia, una especie de pequeno decalogo portatil:
I. No os hagais ilusiones.
Si llega a haber algun tratamiento, empezaran los estadounidenses, una vez recuperados del crac, publicando estudios en revistas especializadas que seran tergiversados y puestos por la prensa para luego caer en el olvido. Mientras tanto, se amontonara una montana sanguinolenta de ratones inocentes que allanaran el camino para experimentos con el hombre (dicho sea de paso, dejad que los hagan otros). Pasados unos anos se tendran resultados positivos. Pasados trescientos cincuenta y nueve (359) anos, el tiempo que ha hecho falta para rehabilitar a Galileo, en nuestro pais se abriran las puertas al farmaco milagroso. ?Teneis ganas de esperar tanto?
II. Creed moderadamente en los medicos.
Una vez que hayan cumplido valerosamente su funcion de dar el duro diagnostico, sintiendose impotentes, os recetaran medicamentos que muchas veces son incompatibles entre si, lo que aumentara la confusion de ellos y la vuestra.
III. Si creeis en algun dios, no lo solteis. Puede ser que sirva, al principio o al final, sobre todo si no os haceis muchas preguntas de tipo racional.
Mas bien rugad lo o blasfemad contra el; dadle las gracias o maldecidle: a lo mejor eso vale para mantener abiertos los canales de comunicacion.
IV Si no creeis en nada, mejor: un pensamiento menos. Muchos observadores profesionales refieren que los ateos mueren mejor.
IV. Seguid vuestro instinto. Nadie os conoce mejor que vosotros.
Casi todo el mundo os dira: «Acepta, acepta». Lo que significa seguir viendo a los amigos, cuyo respiro de alivio os parece oir no bien salen de vuestra casa, asi como hablar con ellos hasta que vuestra voz no se haya convertido en un graznido apenas inteligible. Al fin y al cabo, ellos son proclives a mostrar lastima, vosotros, valor, cuando en realidad, en el fondo de las entranas, a ellos los asalta el miedo, y a vosotros la envidia.
No llamo «aceptar» a lo que no tenemos mas remedio que tomar.
Estan tambien los del «lucha, lucha», aquellos que en las necrologicas siempre escriben: «Despues de luchar largo tiempo contra la enfermedad… murio ayer nuestro amigo de toda la vida XY…». No les hagais caso; esta concepcion muscular no hara mas que mermar vuestras fuerzas, ya escasas, para cuando llegue a lo grande la famosa «debilidad generalizada», que no consiste, como creia yo tambien, en no poder con las bolsas del supermercado repletas de articulos de la compra sino en la imposibilidad de levantar con una mano el suplemento ilustrado de un periodico. Entre estas dos escuelas de pensamiento, yo personalmente he elegido orgullosamente una tercera via, por lo demas desaconsejada y criticada por todos. Complaciendo a mi misantropia y ayudada por una natural capacidad para estar sola, me he enclaustrado en casa, no respondo al telefono, rechazo todas las visitas, me comunico solamente por escrito.
V. Eliminad los recuerdos y disfrutad de los pequenos privilegios que se conceden a los enfermos. Dado que he entrado en una Second Life, procuro (naturalmente, no se consigue) borrar los rastros de la primera. Quisiera eliminar los recuerdos, las anoranzas, los remordimientos. Quisiera hacer tabla rasa de mi mente que sigue, ay, trabajando, incluso mas de la cuenta. Aprecio y acepto las pequenas ventajas de los enfermos: ser tratados como munecas a las que desnudan, visten y peinan; ser satisfechos enseguida en nuestros pequenos antojos con la comida; dejar a los otros, aunque nos sintamos despojados y relegados, el gobierno de la casa, la colocacion de los objetos, el lugar exacto de los libros.
Por lo que se refiere a los amigos (solo de pluma), nunca me he sentido mas estimada, admirada y querida. Porque ya no tienen que temer a mi lengua afilada: lo se pero no me importa, es mas, son ellos quienes me dan pena, a veces, pues estan obligados a mirar constantemente hacia atras, perseguidos por su propia sombra.
VII No guardeis rencor a quienes os hayan hecho dano sin darse cuenta. De lo contrario, sera como ir a acostarse de noche con una pequena astilla que no quiere salir de la una.
VIII. Soportad a la enfermera que os tutee, tratandoos como a una viejecita chocha. Aunque no lo creais, al parecer es un consejo que les imparten en los cursos de formacion, como metodo para aparentar mayor cercania a los enfermos. Puede. A mi, sin embargo, solo me parece de una tremenda mala educacion.
IX. Sed pacientes con las personas que padezcan vuestra misma condicion y escuchad, hasta donde aguanteis, sus explicaciones, invariables.
Yo misma, que, lo confieso, siento una invencible repugnancia por los viejos y los enfermos, olvidando que formo parte del mismo grupo, trato de resistir estos malos impulsos, en nombre de la empatia, cuando no de la simpatia, sensaciones que a veces son increiblemente divergentes o, incluso, opuestas.
X. No vayais a Lourdes.
Un matematico, alegremente agnostico, ha contado las «curaciones inexplicables» totales (las hay, las hay) y ha descubierto que las de Lourdes suman treinta unidades menos que las producidas en otros lugares. Por tanto, concluye, si os quedais en casa tendreis treinta posibilidades mas de curaros.
El padre eterno, una vez que llego al decimo mandamiento, paro: evidentemente le daba lastima Moises, que debia bajar del monte Sinai, en sandalias, cargando a cuestas dos piedras pesadisimas con las Tablas de la Ley.
Nosotros, que escribimos sobre hojas ligeras, podemos anadir alguna recomendacion mas.
XI. Preparad una lista de las cosas que sabeis hacer, de esas para las que hacen falta manos y pies o de aquellas en las que es necesario un poco de cerebro o de alma. Hacedlas. El orden es imprescindible pues lo primero que se os debilitara son las extremidades (?cuidado con las caidas!), ya incapaces de obedecer a las ordenes de las neuronas perdidas. Despues, o incluso antes, se os trabara la lengua, hasta emitir sonidos incomprensibles. Asi pues, nada de cantar o de declamar. Al final, sin embargo, el cerebro os funcionara perfectamente, calvario y gozo. Personalmente, me ha salvado la escritura, pero tambien puede leerse ahora que se dispone de todo el tiempo para uno y que nadie te molesta, o rezar con mas intensidad y conciencia.
XII. Sed curiosos.
La curiosidad es el motor de la inteligencia, es una robusta muleta para sostenerse, es la puerta abierta hacia la vida. Hacia la vida que nos retiene con fuerza hasta que encontremos la respuesta a aquella pregunta que nos ha venido a la mente, por tonta que sea.
XIII. Buscad o, si ya lo teneis, cultivad vuestro sentido del humor. Hay mucho de que reir en el mundo: de los demas, de vosotros mismos, de las cosas que os parecian tan importantes y que sin embargo eran tan tontas. Si hay un momento en que nuestro ojo ve con claridad, es este. A menos que este nublado por las lagrimas, lo se.
Amigos, mis «mandamientos» son muy materiales, un poco arrogantes para presumir de seguridad; por ello he excluido la parte mas delicada, la que se deja en manos de la conciencia individual, peligrosamente tironeada entre dos poderes: el de un Estado inseguro de todo y el de una Iglesia demasiado segura de todo. Anadanse nuestras personales dudas sobre principios que creiamos firmes y que en cambio pueden desvanecerse ante un dolor nuevo -uno mas de la ya abundante coleccion-, ante un nuevo miedo o ante una antigua creencia: se os quitaran las ganas de dar consejos.
Fui educada laica e irreligiosamente por mi padre, entre las protestas de mi madre que terminaba siempre sus reproches con un «Tambien vosotros pasareis por esa puerta», refiriendose a la de la iglesia en el dia de nuestro funeral. He tenido, pues, el farolillo de la Razon como unico sistema de iluminacion y, debo confesarlo, muchas veces me he estrellado en esa penumbra.
