perseguidora: me la entrego en la salida, perfectamente limpia, un amuleto.
?Un metodo para medir el tiempo que pasa por nosotros, rodillo compresor que nos deja aplastados pero todavia vivos entre las vistosas grietas del asfalto, como les ocurre a los personajes de los comics, peligrosamente inmortales?
A mi, pero cada cual tiene el suyo, me funciona la simple relacion con los cinco sentidos. Cinco por decirlo asi, puesto que realmente son muchos mas, como nos sucede cuando encontramos una calle en una ciudad que no conocemos, cuando sabemos decir con exactitud que hora es sin necesidad de reloj o cuando somos incapaces de ubicar un lugar o una plaza, que, aunque podriamos describir en cada uno de sus rincones, parece existir unicamente en suenos o en el sueno de un sueno o en el sueno del sueno de un sueno…
Hoy predominan la vista y el oido, dotados de cierta nobleza en el reino de los sentidos quiza porque por medio de ellos se vuelcan en nuestra vida cotidiana las tan amadas novedades tecnologicas.
En efecto, ?que seria para muchos el dia sin esas horas delante de una pantalla de televisor tragando papillas insulsas o enganosas acerca de esos acontecimientos francamente esenciales para sus vidas, alimentos tan poco nutritivos que no tienen mas remedio que zamparse enseguida un buen plato picante de asuntos ajenos, imaginarios o imaginados, pero que causan un disfrute mucho mayor?
?Y la pantalla del ordenador, la red que nos hace sentir en comunicacion con el mundo, a ser posible con juegos merced a los cuales todos se sienten creativos, aunque se trate de una creatividad de saldo?
Asi las cosas, yo no lamento las dioptrias que he perdido.
Al parecer, los sordos creen que pertenecen a una casta, a un grupo privilegiado: tal vez porque no oyen los comentarios que se hacen a sus espaldas, tal vez porque se comunican solamente entre ellos. De esa manera excluyen, no son excluidos.
Sin embargo, yo he vivido de cerca la tragedia de mi padre, que esta a punto de repetirse conmigo. De duro de oido a sordo, poco a poco descartado de sus muchas actividades laborales, culturales, sociales. No mas teatro, musica, palabras; no mas politica, conversaciones, trabajo. A menudo se preguntaba: «?Por que el ciego da pena y el sordo da risa?».
Ya, ?por que?
Los otros tres sentidos del orden tradicional (gusto, tacto, olfato) son considerados vulgares, mas animales que humanos, pero precisamente por el hecho de que estan mas arraigados en nuestros origenes comunes los considero mas importantes. Me alegra haberlos conservado intactos.
Tratad de imaginar una vida sin el gusto, como ocurre despues de ciertos accidentes. Las horas de las comidas convertidas en pesadas obligaciones en vez de en alegres pausas, cada bocado deglutido a la fuerza, semejante a una bola de papel mojado que solo deja la molestia de la digestion.
Si unicamente fuese una cuestion de garganta, de placer, podria aceptarse. Por hambre se come cualquier cosa, media humanidad esta ahi para demostrarlo y hay santos que, por mortificarse, han comido las cosas mas repelentes. Pero la falta de gusto genera paulatinamente inedia e indiferencia por la comida y, por consiguiente, si ya no te parece necesario conseguirla, defenderla, perderas lo que mantiene unidas tus moleculas, el instinto mismo de supervivencia.
Lamentablemente, eso tambien le ocurre a quien comeria encantado (sobre todo dulces, porque la senilidad se asemeja a la infancia), pero le cuesta tanto tragar que corre el riesgo de ahogarse. Es el suplicio de Tantalo en version esclerosis y yo ya estoy en un buen punto: tambien me atraganto con la hermana agua.
Mas impalpable, pese a que se trata de algo muy material, es el concepto mismo de tacto. Concierne al tocar o al ser tocado. Por lo que se refiere al segundo aspecto, pasada cierta edad se es mas golpeado, empujado o hurgado; en cambio, por lo que se refiere al primero, que delicia sigue siendo poder acariciar a un gato negro (no se bien por que, pero ha de ser negro) con su pelaje sacado de un corte de seda, los guantes largos a lo Gilda, el rabo liso como una culebra inofensiva, los bigotes suaves que se retuercen de placer cada vez que le pasas la mano.
Asi pues, alabado sea el tacto.
En el olfato soy una especialista. He notado con estupor que mis olores naturales han cambiado: desaparecido el del sudor, que en las personas morenas recuerda, atenuandola, la primitiva negritud, mientras que sorprendentemente huelo mas a mujer; las otras secreciones estan demasiado alteradas por los medicamentos para tenerlas en cuenta.
El sentido mas antiguo, que durante largo tiempo fue necesario para propagar la vida, despertando los humores del sexo, es al tiempo el que mas rapido se somete a las necesidades y a las modas.
Las ciudades, que a principios del siglo XIX apestaban por los gratuitos «beneficios» de los caballos, hoy huelen a cara gasolina quemada. Baudelaire olia sensualmente la cabellera de su amante mestiza, que le hacia sonar con viajes exoticos en barcos repletos de especias; hoy mucha gente se lava la cabeza todos los dias, perdiendo, ademas del pelo, todo aroma natural.
Un autor muy guason, el olvidado Marcello Marchesi, nos ha dejado el epitafio mas hermoso del olfato:
Y todos bien lavados,
acabaremos mordidos
por nuestros perros.
A proposito. El sentido que ahora me resulta mas util, o mejor dicho necesario, escapa a la clasica clasificacion. Es una suerte que lo tenga, completo y quizas un poco caustico.
Me refiero al sentido del humor.
Los consejos de Madame de La Palisse
Madame de La Palisse debia de ser una mujer extraordinaria.
Queria a su marido, valiente capitan, y por ello escuchaba pacientemente sus relatos de batallas, asedios y duelos; como era muy sabia mostraba mucho interes, pero al tiempo, para sus adentros, expurgaba bastante, pues sabia que los hombres, incluso los mas sinceros, tienen la imperiosa necesidad de contar con la admiracion de esas oyentes caseras que son sus mujeres.
Tenia otra gran virtud, Madame: un sano sentido del humor. Asi, cuando le llego la noticia de la muerte de su marido en la batalla de Pavia (fabrica de frases celebres), tras llorar mucho, no pudo menos que prestar atencion a la cancion improvisada por los soldados para honrar su memoria, cuyo final, ingenuo hasta la absurdidad, estaba destinado a perdurar en el tiempo, atribuyendo al adjetivo «lapalissiano», trasladado por los lisonjeros al lisonjeado, una patente de estupidez estrafalaria que el heroico hombre de armas sin duda no se merecia.
Monsieur d'La Palisse est mort,
Mort devant Pavie;
Un quart d'heure devant sa morte,
II etait encore en vie.
Cuanto mas pasaba el tiempo, aquella estrofa hacia reir mas a Madame, quien inteligentemente se alegraba de que su hombre hubiera pasado de alguna manera a la semieternidad del lenguaje.
Comenzo a hablar con esa obviedad del poemita y descubrio que asi la gente la comprendia mejor.
