tomo el pelo.
– ?Me los vas a ensenar algun dia?
Brenna asintio. ?Como podia sentirse tan feliz por una sola pregunta?
Finalmente, la lobezna fue aminorando el ritmo de su succion, y Cu la miro.
– Por favor, dime que puedo lavar a esta bestezuela ya.
Brenna miro a
– Como tu Sanadora que soy, puedo decir que puedes banar a
Cuchulainn arqueo una ceja.
– Aunque algunas veces parezco tonto en tu presencia, me doy cuenta de que tendre muchas mas posibilidades de exito a la hora de cortejarte si no huelo a orin de lobo. ?Estas de acuerdo?
A Brenna le dio un vuelco el estomago.
– Si.
– ?Bien! -dijo el, y se puso en pie tan subitamente que
Despues se dio la vuelta y rebusco en un baul que habia a los pies de la cama, del cual saco una camisa y un kilt limpios; agarro la cesta de comida y puso los trapos limpios sobre ella. Finalmente, le tendio la mano libre a Brenna.
– Bueno, tienes que venir con nosotros. No creo que sea suficiente que
Brenna se quedo mirandolo sin saber que decir. Aunque tuviera fuerza, todavia sentia que el miedo luchaba contra su deseo por el guerrero.
Cuchulainn la tomo de la mano y la puso en pie.
– ?No quieres pasar tiempo a solas conmigo, Brenna?
Brenna trago saliva y le dijo la verdad.
– Tengo miedo.
El la miro fijamente a los ojos.
– Y yo tambien, amor mio.
La sinceridad de su respuesta hizo que su decision fuera mucho mas facil. Exhalo un suspiro y respondio:
– Entonces, superemos nuestro miedo juntos.
Capitulo 28
La poza del bosque estaba convenientemente rodeada por una espesa niebla, como si Epona le hubiera puesto un velo para protegerla de los ojos inquisitivos del mundo.
– Parece muy fria -comento Cuchulainn.
– Recuerdo que era refrescante, si -dijo Brenna con una sonrisa.
Algunas veces, hablaba como su hermana, penso Cuchulainn, y refunfuno.
Despues, decididamente, dejo la cesta en una piedra cercana y se saco a la lobezna de la camisa.
– Bueno, cuanto antes termine con esto, antes podre comer -dijo.
Le entrego a
– Cuchulainn, creo que sera mejor que la banes tu. Esta mucho mas comoda contigo.
Cu asintio mientras se desabrochaba el kilt.
– Si, solo sujetala un momento mientras me desnudo.
Desnudarse… La palabra resono por la cabeza de Brenna, y sus pensamientos comenzaron a rebotar por su mente. «?Que pensabas, Brenna, que iba a banarse vestido?». En realidad, ella no habia pensado nada hasta aquel momento. Hasta que el se desenvolvio el
Cu se detuvo antes de sacarse la camisa de lino, que le llegaba hasta los muslos, por la cabeza. Se volvio a mirarla con una sonrisa juguetona en los labios.
– Si mi desnudez te incomoda, puedes cerrar los ojos. Yo tomare a
– Me incomoda -admitio Brenna-, pero no quiero cerrar los ojos.
Cuchulainn sonrio con encanto y picardia. Todavia estaba sonriendo cuando se quito la camisa y, desnudo, le tomo la lobezna de las manos y se metio en la poza, entre chapoteos y maldiciones.
Ella se quedo alli quieta, mirandolo, pensando que la vision de su espalda ancha y de sus nalgas fuertes se le quedaria grabada para siempre en los ojos.
– ?Brenna! -dijo el, por encima de los quejidos de
Brenna asintio y tomo una piedra para romper la roca suave que habia en la orilla de la poza. Estuvo a punto de aplastarse varios dedos junto al jabon de roca, puesto que no podia evitar que sus ojos viajaran a la poza.
– Ya esta listo -dijo, intentando no mirarlo mientras emergia, aunque sin conseguirlo.
Sin dejar de sonreir, el se quedo ante ella con el agua por las rodillas. Tenia a la lobezna en brazos y no dejaba de tiritar, y tenia los labios un poco azulados, pero su sonrisa era calida, picara y maravillosa. Cuchulainn se inclino hacia ella.
– Tengo las manos llenas. ?Podrias ayudarme, amor mio? -le pregunto con los ojos brillantes.
Brenna se sintio como si estuviera dentro de un sueno erotico. Echo jabon de roca sobre
Finalmente, Brenna lo miro a los ojos.
– Podrias unirte a mi, amor. No haria tanto frio con el calor de tu piel desnuda contra la mia.
Ella queria hacerlo. Lo deseaba con todas sus fuerzas, pero al pensar en desnudar su cuerpo danado junto al de el, aquel monton de musculos cubierto por una piel dorada y perfecta, se le formo un nudo en la garganta.
– No puedo -susurro.
– Entonces, en otra ocasion, amor. En otra ocasion. Tenemos mucho tiempo -dijo el con ternura-. Hasta entonces, sera mejor que me enjabones tambien el pelo. Las pulgas son unas companeras de cortejo muy desagradables.
Brenna le lavo el pelo mientras el frotaba y reganaba y engatusaba a
Nunca habia sido tan feliz.
– Hora de aclararse, mi nina -le dijo el a la lobezna, y, sujetandola contra el pecho, se puso en pie, le guino el
