ojo a Brenna y se sumergio en el centro de la poza.
Brenna sacudio la cabeza cuando los dos emergieron, salpicando ruidosamente, y comenzaron a secarse. Todo lo que hacia el guerrero era impactante. Tenia un aura de poder, y de la promesa de conseguir lo imposible. Y Brenna estaba empezando a creer que habia sucedido eso, lo imposible. Su deseo mas profundo se habia realizado. Cuchulainn la habia elegido a ella.
– Me muero de hambre -dijo el, mientras dejaba uno de los trapos en el suelo del bosque. Tomo la cesta y se acerco a Brenna.
– Tu cuida de tu lobezna -le dijo ella-. Yo me ocupare de la comida.
Cuchulainn sonrio y se metio a Fand en la camisa limpia. Brenna comenzo a sacar la comida, y declaro con su mejor voz de Sanadora:
– Ahora ya sabes un poco sobre lo que siente una mujer cuando lleva a un hijo en su vientre durante todos esos ciclos de luna.
– Un hijo, ?eh? ?Deseas hablar tan pronto de los hijos? -le pregunto el, rascandose la barbilla como si estuviera reflexionando-. Mi madre se va a poner muy contenta.
Brenna se quedo inmovil cuando iba a pasarle un pedazo de pan con queso y fiambre, y noto que enrojecia profundamente. Sabia que, al ruborizarse, la parte intacta de su rostro llamaba mas la atencion sobre las feas cicatrices, y por costumbre, bajo la cabeza para que el cabello le ocultara la cara.
– ?No, Brenna! -dijo Cuchulainn, inclinandose hacia ella. Le puso un dedo en la barbilla y la obligo a mirarlo-. Por favor, no te escondas de mi.
– No queria esconderme… Yo… solo… -tomo aire profundamente y, de nuevo, eligio decirle la verdad-: Me pongo muy fea cuando me ruborizo, y no queria que me vieras.
Entonces, Cuchulainn hizo algo totalmente inesperado. No recurrio a los topicos para intentar acabar con la incomodidad de aquel momento, ni se nego a aceptar los sentimientos de Brenna. Solo se inclino mas hacia ella y la beso. Fue un beso dulce, pero Cu le paso la mano por la nuca y mantuvo sus labios unidos para poder completar el beso lentamente. Brenna no penso en que su mano estuviera posada sobre el lado de su cuello que estaba lleno de cicatrices; no penso en como debia de estar ruborizandose; no penso en que era imposible que Cu sintiera deseo por ella.
Cuando, finalmente, se separaron, los dos estaban sin aliento, y el la estaba mirando con los ojos llenos de lujuria.
– Me gusta tu rubor -le dijo a Brenna con la voz ronca-. Me recuerda que no soy el unico que esta nervioso.
– Tu no estas nervioso -respondio ella, y sin querer se rio.
– ?Me prometes una cosa, Brenna?
Ella asintio, pensando que habia muy pocas cosas que pudiera negarle a aquel hombre.
– Prometeme que no te vas a esconder de mi nunca mas. Prometeme que vas a confiar en que no voy a hacerte dano.
Brenna se quedo atrapada en sus ojos magicos. Y sintio un absoluto asombro al entender lo que veia en ellos: vulnerabilidad. Ella podia hacerle dano con su respuesta. El nunca le habia desnudado su corazon a otra mujer, tal y como lo estaba haciendo en aquel momento con ella.
– No sera facil, pero te prometo que no me escondere de ti nunca mas.
– Gracias, Brenna, por el regalo de tu confianza. No voy a malgastarla -le dijo, y le beso la mejilla de las cicatrices mientras ella se quedaba inmovil.
Y despues, como si besarla fuera algo que hacia todos los dias, Cuchulainn sonrio y tomo el pan y el queso de sus manos.
– Deberia comer. Tengo que ir a ver a mi hermana. Sera mejor que lo haga con el estomago lleno.
Brenna tomo un poco de pan con queso para si.
– Ah -anadio Cuchulainn con un poco de timidez-. Tenia que decirte que tambien voy a llamar a mis padres para que te conozcan. Cuanto antes, mejor.
A Brenna se le acelero el corazon.
– Conozco a tu padre. Es un gran Chaman.
– Si, lo es -dijo Cuchulainn entre mordiscos al bocadillo.
– Pero no conozco a la Amada de Epona. Dicen que es muy bella.
– Es casi tan bella como la joven Sanadora con la que voy a casarme.
– ?Ooh!
A Brenna se le escapo el aire de los pulmones. Tuvo una sensacion de euforia mezclada con un encogimiento de estomago.
Cuchulainn sonrio.
– No te preocupes, amor. Mi madre lleva anos intentando que me case. Te va a adorar.
Y despues, al ver lo palida que se habia quedado Brenna, se puso serio y se inclino para susurrarle contra los labios:
– Y esa es mi promesa para ti.
La niebla de la manana no se habia disipado cuando Cuchulainn y Brenna se encaminaron hacia el castillo. Caminaban lentamente, tomados de la mano, y permitiendo que sus brazos se rozaran intimamente. Brenna penso que el color gris de aquel dia era magico. Le parecia que la puerta del reino de los espiritus se habia quedado entreabierta para ella, y que habia podido pasar con facilidad de un mundo al otro, junto a Cuchulainn. En vez de asustarse, la idea de que el reino de los espiritus la estuviera aceptando era reconfortante. Estaba tan contenta que no se dio cuenta de que Cuchulainn entrecerraba los ojos y comenzaba a mirar, desconfiadamente, a su alrededor por el bosque.
Cuchulainn tuvo un presentimiento vago, y lo detesto. ?Acaso no podia dejarle en paz aquella carga del Mas Alla? Elphame estaba a salvo en el castillo. Brenna caminaba alegremente a su lado. El bosque no albergaba mas peligros que algun jabali malhumorado. Sin embargo, de repente aquel presentimiento le habia puesto el vello de punta, y Cuchulainn estaba seguro de que provenia del bosque, como cuando habia ocurrido el accidente de su hermana. Tal vez Elphame estuviera pensando en correr de nuevo. Si era asi, el tendria que quitarselo de la cabeza. Se podia razonar con ella, de vez en cuando, y habia pasado demasiado poco tiempo desde su caida como para que hiciera un ejercicio tan agotador.
Se le paso un pensamiento por la mente, tan breve que su conciencia apenas lo reconocio. Le susurraba un recuerdo de lo que ocurria cuando los humanos rechazaban los dones que les concedian los dioses.
Brenna se echo a reir cuando torcieron una curva de la carretera y una ardilla se asusto y salio corriendo.
– ?Oh, boba! ?No te vamos a hacer dano!
Cuchulainn se dijo que el tambien estaba siendo un bobo, si una ardilla bastaba para asustarlo tanto. Se obligo a relajarse y volvio a concentrarse en la encantadora mujer que caminaba tan contenta a su lado. Ella era su futuro, no un presentimiento sin nombre y sin cara. El habia elegido vivir con los pies en la realidad. Le dejaria la magia y el reino de los espiritus a su hermana.
Capitulo 29
Elphame atraveso el patio principal devolviendo el saludo a todos los trabajadores que la saludaban. Se detuvo junto a la fuente, que borboteaba alegremente. Tenia que acordarse de encargarle a Danann que tallase un banco para poder sentarse alli y disfrutar de la belleza de la fuente alli mismo, en el corazon de su castillo. La manana era gris y apagada, pero no podia amortiguar el brillo que relucia en su interior. Su sonrisa era un reflejo de la alegria secreta que sentia, y no se percato de que varios de los hombres que se dirigian al Gran Salon para desayunar se quedaban boquiabiertos ante su belleza. Elphame mojo los dedos en el agua de la fuente, pensando en lo mucho que habia durado su bano de aquella manana, para liberar su cuerpo de la tension que le habian causado las relaciones sexuales de aquella noche.
Lochlan… Queria gritar su nombre y decirle a todo Partholon que amaba, y que era amada. Que habia
