?Sus edificios son grandes y bonitos! ?Sus calles estan bien asfaltadas! ?Como puede ser que haya gente pobre en una ciudad rica?
Mi padre me echo un vistazo y yo me encogi de hombros.
– No se -dije.
– Claro. No lo entiendes porque es absurdo. Es absurdo que haya gente pobre y gente rica cuando todos podrian ser ricos. Pero la clave ya te la he dicho: esta todo muy mal repartido. Veamos otro ejemplo. Esta carretera. ?Tu crees que esta carretera es riqueza?
Yo volvi a encogerme de hombros. Mi padre trato de mostrarse paciente y comprensivo.
– Pues precisamente. Tambien esta carretera es riqueza. Imaginate que tienes un camion y que debes llevar una mercancia. Imaginate que tienes el camion pero no la carretera. ?Como vas a llevar esa mercancia? ?Y como vas a cobrar por algo que no has llevado?
El razonamiento parecia incuestionable. Mi padre se mantuvo unos instantes en silencio para darme tiempo para asimilarlo, y yo mientras tanto pensaba: «Entonces nuestra | situacion no es tan desesperada. Nosotros no tenemos el camion pero si la carretera.»
– Bueno -continuo-. Quiero que te quede bien clara una cosa: el verdadero problema del mundo es que esta todo muy mal repartido. Por eso, aunque todos podriamos ser ricos, solo unos pocos lo son.
Sus propias palabras le iban animando. Alzo una mano con aire profesoral y dijo:
– Para hacerse rico, para ganar dinero no hace falta mas que una cosa. ?Cual?
Yo no tenia ni idea. Nunca en mi vida habia pensado en ganar dinero y hacerme rico.
– ?Cual? -insistio el.
– Un camion -dije.
Mi padre nego con la cabeza.
– ?Una carretera? ?Una fabrica?
Mi padre volvio a negar, algo decepcionado.
– No -dijo-. Para ganar dinero hace falta dinero. ?Dinero! ?Por eso la riqueza esta mal repartida! ?Porque solo los que tienen dinero pueden ganar mas dinero!
A la familia de mi madre no la veia desde que tenia, no se, siete u ocho anos. Lo que mejor recordaba de ellos eran mis manos. Las manos del tio Jose, con las unas siempre manchadas de blanco porque era pintor. Las de la tia Elvira, que olian a mandarinas porque trabajaba en una fruteria. Las de mi abuela, llenas de manchas y de arrugas y con los, dedos retorcidos por la artritis. Supongo que a esa edad, los siete u ocho anos, las manos de los adultos es lo unico que esta a tu alcance: las tienes a la altura de los ojos, siempre que cruzas una calle debes agarrarte a alguna de ellas, me imagino que por eso te fijas tanto. El tio Jose estaba casado y tenia dos hijos gemelos algo mas pequenos que yo. Y, ?lo veis?, sus manos no las recordaba, o al menos no las recordaba como las del tio Jose o la tia Elvira o la abuela, o como las de la tia Rosita, la mujer del tio Jose, que apestaban a lejia.
Pero todo en la familia de mi madre apestaba a lejia: la casa, la ropa, la furgoneta en la que el tio Jose llevaba sus brochas y sus pinturas, todo. Hasta las manos de la tia Elvira, que, cuando no olian a mandarinas, olian a lejia. ?Todos los pobres huelen asi? Supongo que no, porque tambien mi padre y yo eramos pobres, y yo no sabria decir a que oliamos pero a lejia seguro que no. Me pregunto, en fin, como oleria mi madre. ?Oleria a lejia como pobre que era? Tal vez no. ?Y como serian sus manos? ?Largas y delicadas, bonitas como las de Audrey Hepburn? ?O mas bien vulgares, callosas, con la piel aspera y las unas mordisqueadas como las de cualquier mujer de familia pobre?
Llegamos al pisito de mi abuela y lo primero que me llamo la atencion fueron precisamente unas fotos en las que aparecia mi madre. Supongo que siempre habian estado ahi, encima de esa comoda repleta de pequenas fotos enmarcadas: fotos de bodas y de excursiones a la playa, retratos de ninos y de ancianos y de hombres vestidos de soldado. Yo, sin embargo, nunca antes habia reparado en ellas. En una se la veia de nina, con un vestidito blanco y un lazo en el pelo, sosteniendo entre las manos un conejito de peluche. En otra, ya adolescente, posaba junto a sus dos hermanos a la salida de una iglesia, y al fondo se adivinaba un personaje anonimo y borroso que echaba comida a varias decenas de palomas. En la mas reciente llevaba bata y camison, y parecia estar meciendo entre los brazos a un recien nacido, evidentemente yo. Debia de ser una de sus ultimas fotos.
– ?Felipe, chicos! -dijo la tia Elvira-. Podeis jugar en la mesa de la cocina.
Se acerco a mi y me tendio la caja de los Juegos Reunidos.
– ?Por que me miras asi? -me pregunto con dulzura.
?Como la estaba mirando? No se. Solo se que en ese momento estaba tratando de imaginar como seria mi madre todavia viviera. ?Se pareceria quizas a la tia Elvira, su hermana? Aparte la mirada y me encogi de hombros. Ella anadio:
– Eres un chico muy especial. Tendras muchas novias. A las chicas les gustan los chicos especiales.
Me pase el resto de la tarde jugando con mis primos al parchis. Mi abuela aparecia de vez en cuando por la cocina y nos rellenaba los vasos de gaseosa. La mitad de las veces derramaba la gaseosa sobre la mesa porque tenia Parkinson v apenas si podia sujetar la botella. Mi padre y los tios estallan encerrados en el cuarto de estar, y cada cierto tiempo la tia Rosita salia a vaciar los ceniceros en el cubo de la basura. Una de esas veces salio tambien el tio Jose, y yo desde la cocina oi como cerraban la puerta del cuarto de estar y abrian la del dormitorio: en aquella casa no habia muchas puertas mas.
– ?Tu que crees? -pregunto el tio Jose en un susurro.
– No se…-titubeo la tia Rosita.
En ese momento me tocaba jugar a mi y sostuve el culete en el aire para poder oir la continuacion.
– No se, pero si me hubiera tocado la loteria creo que no le habria escogido a el como administrador.
– Se trata de una especie de aval. Una garantia para atraer nuevas inversiones. El mes que viene nos lo devolvera todo. El dice que el negocio no puede fallar. Y que nos compensara con acciones… No te pienses que le vamos a dar nuestros ahorros asi como asi.
Se tomaron unos segundos para reflexionar. Yo arroje el dado: un tres. Movi una de mis fichas. Ellos volvieron a hablar en voz baja.
– ?Que es lo peor que podria ocurrir?
– Si las cosas le salen mal, renunciara a la parte de la herencia que le corresponde al chico.
– ?Herencia? -la tia Rosita casi se rio.
– Mujer, digo yo que por este piso nos darian algo…!
Entonces ella solto un bufido que yo no supe interpretar y volvieron sigilosamente al cuarto de estar. Ahora ya sabia a que venia el parloteo de mi padre durante el viaje, todas aquellas gilipolleces suyas de que el mundo entero es riqueza y de que para ganar dinero lo que hace falta es dinero. Deje el cubilete sobre la mesa. Estaba cansado de tanto parchis, no me apetecia seguir jugando.
He hablado del olor de los pobres y ahora me tengo que preguntar como huelen los ricos. ?A que oleria, por ejemplo, la familia de mi padre? ?A que oleria mi abuela de Vitoria, que era la duena de la mitad de los hoteles de la ciudad y de todos sus cines? ?A que oleria el hermano de mi padre, ingeniero de profesion, casado con la hija de un gobernador civil? Esos si que eran ricos, muy ricos segun mi padre, que estaba renido con ellos y siempre los criticaba, pero al mismo tiempo parecia orgulloso de que fueran ricos, tan ricos. Tarde o temprano tendre que hablar de todo esto, pero de momento me limitare a decir que aquella tarde acabe muy disgustado. ?Por que tenia que pedir dinero a la familia de mi madre? ?Por que no se lo pedia a su propia familia, si de verdad era tan rica? Supongo que seria por lo de siempre, su famosa dignidad. Mi padre jamas se habria rebajado a pedir nada a su madre o su hermano. Eso le habria parecido humillante. Con mi familia de Tarrasa era diferente. A ellos no les estaba pidiendo. A ellos les estaba haciendo un favor: les estaba invitando a entrar en un mundo superior, el de los negocios, que siempre les habia estado vedado. Lo importante para mi padre era poder mantener la cabeza bien alta incluso cuando hacia una cosa como esa, pedir dinero. Es ridiculo, ?no os parece?
Recuerdo que nos metimos en el coche para marcharnos y que todos salieron a despedirnos desde el balcon. Mi padre sonreia y agitaba la cabeza y les decia adios con una mano, pero lo hacia todo mientras con la otra mano buscaba la llave y ponia el contacto y maniobraba el volante. Habia conseguido mantener la cabeza alta y ahora, de repente, tenia prisa por escapar de ahi.
– Bueno, bueno -suspiro cuando ya estabamos en la carretera.
Aquel fue un suspiro de alivio, y a mi me parecio que no ha de ser muy diferente del suspiro del atracador de
