sus exitos. Yo en aquellos momentos admire a mi padre y me senti orgulloso de ser su hijo. No se muy bien como explicarlo. Yo creo que le atribui un poder secreto, casi magico, una sabiduria que hasta entonces me habia resultado desconocida, y francamente pense que me habia equivocado al juzgarle. Me reproche a mi mismo el no haber tenido mas confianza en el.
Pero supongo que, a estas alturas, no creereis que las cosas acabaron asi. Al cabo de unos minutos el Hercules metio un gol en Pamplona y muy poco despues creo que fue el Recreativo de Huelva el que hizo lo mismo en el campo del Badajoz. A medida que nos acercabamos a los finales de los partidos, nos alejabamos de ese exito que yo habia llegado a tocar con los dedos, y me parece que todavia hubo otro resultado que cambio en el ultimo momento y termino de desbaratar mis ilusiones. Y sobre todo las de mi padre, claro. Trate nuevamente de imaginarmelo, al otro lado del tabique, y mi padre volvio a ser mi padre, el mismo de siempre, solo que mas derrotado y mas sucio. ?Os dais cuenta? En apenas media hora habia dejado de ser un personaje admirable para convertirse en un pobre hombre, un timador, alguien que nada mas podia aspirar a merecer mi lastima. Si, ya se lo que estais pensando: que el exito lo habria considerado nuestro, suyo y mio, y el fracaso unicamente suyo. ?Os parezco un traidor o un aprovechado o algo asi? Puede ser. Yo solo digo lo que senti en ese momento, y lo que senti fue un inmenso desprecio hacia ese hombre que seguia encerrado en su dormitorio, a solas con su radio- despertador y su fracaso.
Aquella noche ni siquiera salio a cenar. Yo me tome un bocadillo en la cocina y luego volvi a mi cuarto a leer tebeos. A eso de la una le oi deambular por la casa y detenerse finalmente ante mi puerta. «Ya esta», pense, «ahora no sabe si contarmelo o no.» Abrio la puerta sin hacer ruido y me envio una mirada inexpresiva.
– ?Querias algo? -le dije.
– Iba a apagarte la luz. Pensaba que a lo mejor te habias quedado dormido.
– No tengo sueno.
Mi padre asintio con la cabeza y permanecio varios segundos callado, como pensando en la forma de iniciar su discursito. Al final, sin embargo, lo unico que dijo fue:
– Es tarde. Buenas noches.
Mejor asi. Yo no habria sido capaz de soportar sus explicaciones.
Acabe de leer el tebeo y apague la luz. La linea de luz bajo la puerta era tenue y amarilla. Mi padre seguia en el cuarto de estar pero la unica lampara encendida debia de ser la de la terraza. Al cabo de un rato esa linea desaparecio y yo, desde la cama, segui el sonido de sus pasos hacia el dormitorio. Ya solo faltaba el ruido de la puerta. Pero no, ese ruido no llego, y en su lugar escuche otra vez sus pasos. Ahora no llevaba zapatillas sino zapatos. ?Donde iria mi padre a esas horas de la noche? Le oi cerrar sigilosamente la puerta y sali a espiarle desde la terraza. No se por que, yo me imaginaba que se sentaria en el pretil y se pasaria un rato meditando y mirando las estrellas, y me atraia la idea de poder observarle sin que el me viera. Lo que no esperaba era verle meterse en el Tiburon y enfilar la calle que llevaba a la carretera nacional.
– De putas -dije en voz alta-. Este hombre es capaz de irse de putas en una noche asi.
Os preguntareis de que habiamos vivido hasta entonces. Lo mas antiguo que recuerdo es el negocio de los champinones. Mi padre iba por los pueblos buscando cuevas y locales abandonados que fueran aptos para su cultivo. Yo solia acompanarle los fines de semana y me avergonzaba ver como husmeaba en todos los sotanos y se asomaba a todos los escondrijos y bodegas.
– Lo importante es que sea humedo -me decia-. Humedo y oscuro.
Cuando encontraba algun sitio asi preguntaba por el dueno y, si resultaba que el dueno o alguno de sus parientes tenia necesidades economicas y un poco de tiempo libre, el trato era seguro. Mi padre le convencia de que la unica manera de rentabilizar aquel local inservible era la que el le proponia y luego le daba toda clase de explicaciones sobre el modo de cultivo. Al dia siguiente volvia por alli y le vendia unos cuantos sacos de fertilizantes, otros de una cosa llamada
Aquel asunto marchaba bastante bien. Luego, de golpe, se hundio el precio del champinon, y mi padre ni siquiera se molesto en volver por esos pueblos para ofrecerles mas fertilizantes y mas
Yo creo que aquello de algun modo le cambio. No se. Tal vez fue el coche, tal vez la facilidad con que acababa de ganar esa pequena fortuna. Mi padre siempre habia sido de esas personas que habrian rechazado por indigno cualquier trabajo manual. El podia estar metido en el asunto de los champinones, pero jamas habria aceptado ensuciarse las unas cultivandolos, como los hombres aquellos. Para el habia dos categorias de trabajadores, los que se manchaban las manos y los que no, y estos ultimos siempre serian superiores, por mucho dinero que aquellos pudieran ganar. Con lo de la gasolinera descubrio que tambien entre los que no se manchaban las manos habia dos categorias: los que perseguian el dinero y los que dejaban que el dinero les persiguiera a ellos. Estos eran los autenticos hombres de negocios, gente dotada de un instinto especial para atraer riqueza, y yo creo que mi padre compro el Tiburon para sentirse como uno de ellos, como un verdadero negociante.
Ahora, para el, ganar dinero habia dejado de ser algo misterioso. Si lo habia hecho en una ocasion, podria hacerlo siempre que quisiera. La cuestion era encontrar nuevas gasolineras cuyos duenos estuvieran dispuestos a vender. El comprador, de hecho, ya lo tenia localizado, porque la empresa madrilena parecia deseosa de comprarlo todo. Entonces los viajes con mi padre eran un autentico calvario. Parabamos en todas las gasolineras de la carretera y, si traiamos el deposito lleno desde la gasolinera anterior, se inventaba algun problema con la presion de las ruedas para poder charlar con el encargado. La verdad es que era bastante habil y casi siempre se las arreglaba para sonsacarle la informacion que necesitaba: la identidad del propietario, su edad y lugar de residencia, su posible interes por cambiar de vida o de negocio.
– Papa -le decia yo-. ?De verdad hace falta que te acompane?
– ?Claro que si! -contestaba-. Si ven a un nino, se fian mas y me lo cuentan todo.
Luego, una vez hinchadas todas las ruedas y obtenidos todos los datos, se metia nuevamente en el coche y decia «tachin» o decia «tachan». Tachin significaba tachar: aquella gasolinera no ofrecia posibilidades. Tachan significaba subrayar: las perspectivas no eran malas, volveria al cabo de unas semanas y hablaria con el dueno. Lo dijo, por ejemplo, en una gasolinera a las afueras de San Javier:
– Tachan. Los duenos son dos y parece que estan renidos…
Lo dijo tambien en un pueblecito de la carretera de Aguilas a Lorca:
– ?Tachan! Se murio el mes pasado. La actual propietaria es la viuda.
Y lo dijo en una gasolinera cercana a la playa de San Juan:
– ?Tachaaan! ?El dueno es un antiguo emigrante que dejo a sus hijos en Suiza y ahora los echa de menos!
Decidme algun pueblo o ciudad de la zona de Murcia y Alicante, creo que los conozco todos. O por lo menos puedo jurar que conozco todas sus gasolineras, desde Aguilas a Villajoyosa. Aquel invierno viviamos en una urbanizacion al lado de Santa Pola. Entonces Santa Pola era todavia un pueblo pequeno, con tipicas casitas de pescadores, de esas que tanto gustan a los turistas y que normalmente acaban siendo derribadas para construir edificios de apartamentos para los turistas. La unica gasolinera que mi padre consiguio vender fue la de la playa de San Juan, que estaba a unos treinta kilometros de nuestra casa. Para convencer al suizo (asi le llamaba el) tuvo que recorrer esa carretera al menos una veintena de veces.
– ?Bueno! ?Ya esta! ?Todos conformes! -le oi decir por telefono-. Manana mismo empezamos el papeleo.
Finalmente hablo con un notario de Alicante y concerto una cita. Estaba orgulloso de si mismo, tambien este negocio le habia salido bien. Se puso su mejor corbata de la sastreria Sucesores de Bonet y acudio a la notaria. Y alli se paso toda la manana, esperando en vano a que aparecieran el suizo y los de la empresa. ?Entendeis lo que
