Bueno, pero si os cuento todo esto es para que penseis que mi padre no habia cambiado, que seguia siendo el mismo que repetia que mi educacion era lo unico importante, el mismo que aprovechaba la menor ocasion para darse aires de persona importante ante los desconocidos, Sin embargo, si que habia cambiado, aunque yo no se si aquello se me revelo entonces como una certeza o si se trataba de una intuicion que fue afirmandose poco a poco, a medida que pasaban los dias en aquel triste pueblo del interior. Por primera vez en mi vida nos alejabamos del mar, ?puede ser que eso influyera? A mi, desde luego, me parecia que si, que era como si hasta ese momento el mar nos hubiera indicado un camino, un itinerario, y como si de repente, al carecer de esa referencia, nos descubrieramos perdidos en un lugar en el que no supieramos orientarnos. En fin, como explicarlo. Lo que estoy tratando de decir es que antes, en la epoca de las playas de invierno y las urbanizaciones desiertas, no sabiamos hacia donde ibamos pero al menos sabiamos por donde. Ahora ni siquiera eso, ahora nuestra vida daba la impresion de haberse vuelto definitivamente erratica.
Para que no creais que exageraba cuando decia que mi padre habia cambiado, os dire que aquel dia el director del colegio nos llevo a ver el fronton y a conocer a algunos de los profesores.
– Vas a tener que hincar los codos -me decian, y yo asentia con la cabeza y mi padre aseguraba que el se encardaria de que aprovechara los pocos dias que quedaban hasta los examenes.
– Lo mejor sera que venga a estudiar aqui -intervino el director-. Por si tiene dudas.
– Sera lo mejor -dijo mi padre-. ?Lo has oido? Empezaras manana mismo. Yo me ocupare de que no faltes.
Exactamente esas fueron sus palabras, y yo sin embargo nunca volvi a poner los pies en aquel colegio. ?Y que os pensais? ?Que tuve que aguantar broncas y malas caras? Nada de eso. Yo no solo no iba al colegio a preparar los examenes sino que tampoco en casa me tomaba la molestia de fingir que estudiaba. Era un modo como otro cualquiera de protestar, y lo que mas me desconcertaba era que mi padre ignoraba por completo esa actitud mia, que en otro momento le habria resultado irritante. La ignoraba de verdad, sinceramente, como si se tratara de un asunto que nada tuviera que ver con el. ?Os dais cuenta? Mi padre, que tanto hablaba de buscarme buenos colegios y de lo importante que era mi educacion, me habia llevado a ver al director del colegio y luego se habia desentendido de todo aquello. Como un amnesico. Como si aquella visita y aquellas palabras y aquellos buenos propositos no hubieran existido jamas. ?Que? ?Habia cambiado o no? Llegaron las fechasde los examenes. Yo, por supuesto, no me presente a ninguno y mi padre ni siquiera me pidio las notas. ?Habia cambiado?
En aquella epoca no se que me pasaba pero no tenia ganas de nada. Ni de salir de casa. ?Para que? ?Que podia hacer yo en ese pueblo sin playa? Me levantaba muy tarde y, despues de comer, me sentaba ante el televisor a esperar el inicio de la programacion. Me tragaba todo lo que ponian, Los dibujos animados, los programas didacticos para ninos, un absurdo concurso basado en el juego de los barcos: todo. Me lo tragaba todo aunque muy poco de lo que veia me gustaba. O tal vez precisamente por eso, porque me negaba a estar contento, porque lo que me apetecia era sentarme ante el televisor y odiarlo en silencio durante horas, odiar el televisor y odiar el mundo y todo lo que se me pusiera por delante. Fijaos como debia de encontrarme entonces que veia hasta los partidos del Mundial de Alemania: yo, que siempre he detestado el futbol.
Solo recuerdo un programa que me gustaba. O mejor dicho, que me entusiasmaba. Era
Un dia descolgue el puzzle con las vistas del Sena y Notre Dame. Hacer un puzzle era lo mas parecido a no hacer nada, y no hacer nada era todo lo que me apetecia hacer. Descolgue el puzzle de la pared y le quite el marco. Entre el puzzle y el carton de atras aparecieron dos sobres mohosos con sellos franceses y un carnet de la Union General de Trabajadores del ano treinta y cuatro. El nombre que figuraba en el carnet era Ramiro Dominguez no se que. Supongo que seria el anterior inquilino, el de la RENFE, y las dos cartas le habian sido remitidas desde Caos por otro hombre del mismo apellido. Su hermano, me imagino.
Lei una de las cartas, la mas antigua. Decia que se encontraba bastante bien de salud y que lo de los temblores nocturnos era algo a lo que tendria que acostumbrarse. «Al fin y al cabo», anadia, «otros tuvieron menos suerte que yo y ahora ni siquiera pueden quejarse.» Mencionaba despues a gente por la que el otro debia de haberle preguntado en una carta anterior y anunciaba que, en cuanto tuviera un poco de dinero ahorrado, se casaria con su novia francesa: «Marguerite, te hable de ella. Lastima que no puedas conocerla. Te gustaria.» Decia tambien que le enviaba una foto de ambos en una plaza de Cahors, pero yo volvi a mirar dentro del sobre y alli no habia ninguna foto. «Y en cuanto a lo de vernos algun dia, ?que quieres que te diga?», proseguia. «Tu ahora no puedes salir de alli y yo no puedo entrar. Aunque pudiera, seria lo mismo. No pienso volver a Espana mientras Franco este en el poder, y cualquiera diria que ese hombre se ha propuesto seguir en el poder hasta el mismisimo dia de su muerte.»
Mire la fecha de esa carta: mil novecientos cuarenta y siete. El matasellos del otro sobre era bastante mas reciente. Del cincuenta y nueve, el ano de mi nacimiento. Lo abri tambien y en su interior habia una postal en color del Paseo de los Ingleses de Niza. El texto era muy escueto, Decia nada mas: «Querido Ramiro, siento mucho lo de tu enfermedad. Yo no puedo decir que me encuentre mejor, A ver si te decides a hacernos esa visita. Y que sea pronto, No se cuanto aguantare. Marguerite y la nina te mandan besos.»
Cogi todo aquello y lo guarde entre mis cosas. Yo entonces no sabia nada de politica. Sabia que en Espana mandaba Franco y que los enemigos de Franco eran los enemigos de Espana: esto ultimo se lo habia oido decir una vez a un profesor de Formacion del Espiritu Nacional. Sabia tambien que en algunos paises se organizaban manifestaciones en contra de Franco y que luego en Madrid se organizaban manifestaciones a favor de Franco, y yo creo que eso era mas o menos todo lo que sabia. Y acaso fue aquella la primera vez que pense en la politica y en esos enemigos de Espana de los que hablaba el profesor de FEN, la primera vez que pense en lo sordido que debia de haber sido aquel tiempo anterior a mi, con espanoles que no podian entrar en Espana y espanoles que no podian salir, con hermanos que seguramente nunca volvieron a encontrarse por culpa de Franco. Pense en lo sordido que debia de haber sido aquel tiempo y me pregunte si no seguiria siendolo entonces, en mi propio tiempo. Despues de todo, tal vez no habian cambiado tantas cosas desde que aquellas cartas fueron escritas. Franco, por ejemplo, seguia vivo y seguia en el poder.
Ese verano fue precisamente el de la enfermedad de Franco, pero de eso os hablare mas adelante. Mi padre salia entonces con una mujer bastante mas joven que el. Se llamaba Paquita, y yo creo que no pasaba de los veinticinco anos: estaba mas cerca de mi edad que de la de mi padre. A mi Paquita no voy a decir que me gustara, pero si al menos que no me disgustaba tanto como las otras novias que mi padre habia tenido. Claro, ?como iba a gustarme? ?Como habria podido ser que, siendo tan distintos, a mi padre y a mi nos gustara la misma persona? El caso es que, de todas sus novias, Paquita era la unica que no me parecia una cursi ni una gilipollas, la unica tambien que no me revolvia el pelo con la mano ni me decia que estaba hecho todo un hombre ni aspiraba a que algun dia pudiera llamarla mama.
Supongo que con esto esta todo dicho. Lo que si puede parecer mas desconcertante o dificil de explicar es que esa mujer gustara a mi padre. ?Quereis saber por que me lo parece? Porque no tenia nada en comun con las otras. Por eso y, sobre todo, porque no tenia nada en comun con mi propio padre. No se. A lo mejor lo que pasaba era solo que mi padre se estaba haciendo mayor y que sus gustos estaban cambiando. Paquita, para empezar, era
