algo que habia dicho el cura en el sermon.

– Hoy ha hablado de Jesucristo y los mercaderes. Aqui habria que hacer lo mismo, ir tienda por tienda gritandoles, tirandoles las cosas al suelo y amenazandoles con las penas del infierno. Si Cristo lo hizo, es que esta bien, ?no? Los comerciantes de este pueblo son como esos mercaderes, o incluso peores. Y la peor de todos mi tia, que vende yogures caducados y cobra las bolsas de asas a las clientas. ?Que haria Jesucristo si de repente apareciera y lo viera? Seguro que montaria un buen alboroto y que tambien a estos los echaria del templo. Pero, claro, sobre eso el cura no dice ni mu, porque se arriesgaria a quedarse solo y nadie daria dinero para las obras de la sacristia.

Paquita era una catolica especial, ya lo veis, una catolica con opiniones propias y todo eso.

– Jesucristo condeno a los mercaderes por hipocritas y aqui el primer hipocrita es precisamente el cura. ?Sabeis que es lo que ha dicho hoy? Que Cristo es un modelo para lodos los hombres y que tambien el, a su manera, fue un comerciante…

– ?Eso ha dicho? -preguntaba de vez en cuando mi padre, fingiendo interes, y luego se desentendia de la respuesta y emitia un hondo suspiro.

Bueno, ya sabeis lo que pienso del amor: que el amor te vuelve estupido. Y, desde luego, mi padre parecia un tremendo idiota, con aquellos suspiros y aquellos silencios y aquellas miradas de perro apaleado. Mi padre se estaba comportando como el clasico marido infiel de las peliculas, como el adultero que acude a una fiesta en la que inevitablemente han de coincidir su amante y su mujer. Pero alli ni siquiera estaba Estrella: por eso digo que el amor te vuelve estupido. Y me dije tambien: «Fijate si es falso esto del amor que, si no hubiera sido por estos carteles, seguro que habria acabado olvidandola. ?Como puede ser que un sentimiento dependa de una cosa como esa, de una simple foto?»

Llegamos hasta la salida del pueblo, y alli algun gracioso se habia entretenido pintarrajeando unos cuantos carteles. En uno de ellos, Estrella aparecia con gafas redondas y unos colmillos como de Dracula, y tambien con un chicle de fresa pegado en un ojo. En otro habian dibujado un pene erecto a la altura de sus labios. Mi padre lo miro con disgusto y yo me rei para mis adentros. Mientras tanto, Paquita, ajena a lo nuestro, seguia con sus disquisiciones teologicas:

– Son todos unos hipocritas. El cura y todos los demas. Y a lo mejor os estais preguntando por que sigo yendo a misa… ?Quereis saberlo?

– Si, ?por que? -dijo mi padre, distraido.

El pueblo acababa ahi, pero los carteles seguian en direccion a Lerida. Vimos unos cuantos en una valla lejana, y a mi me parecio que estaban ahi como indicando el camino, como diciendo a mi padre por donde tenia que ir para llegar hasta Estrella. Nos quedamos los tres mirando la carretera. Mi padre se acaricio la barbilla y yo pense que tal vez estaba dudando si seguir adelante o no. Y a mi a lo mejor hasta me habria parecido lo mas normal del mundo. Habria sido como el final de las peliculas de Charlot: la carretera recta hacia el horizonte, mi padre avanzando por ella, Paquita y yo viendole marchar mientras la pantalla se tenia de negro, y ya esta, se acabo,THE END.

Aquel verano volvieron a ponerse de moda las calco- manias.

– ?Felipe! -me llamo mi padre desde el pasillo.

Yo estaba en el cuarto de bano, en calzoncillos. Me estaba poniendo nuevas calcomanias en los escasos huecos libres que me quedaban en el pecho y los brazos. Mi padre golpeo la puerta con los nudillos y volvio a gritar mi nombre. Con alguien como el uno no podia pasarse mas de cinco minutos en el cuarto de bano sin que empezara a aporrear la puerta y a preguntar: «?Te ocurre algo? ?Estas bien? ?Por que tardas tanto?» Claro, mi padre creia que siempre que me metia ahi era para pelarmela. Para hacerme pajas, que absurdo. Yo a mi padre debia de parecerle un grandisimo pajero, un monstruo de la masturbacion. Segun el, yo no me encerraba en el retrete para cagar o mear como todo el mundo, o para darme una ducha o reventarme un grano, o simplemente para mirarme en el espejo, para mirar mi pecho cubierto de calcomanias. No. Segun mi padre, yo entraba al cuarto de bano solo para masturbarme, y lo que no entiendo es como podia creer que yo era capaz de hacerme siete u ocho pajas diarias.

Alguna vez me habia hecho ir al cuarto de estar y, con esa actitud suya de cuando pretendia hablar conmigo de hombre a hombre, me habia soltado alguno de sus discursitos sobre las cosas que ocurrian a los chicos de mi edad y sobre los cambios del organismo y sobre la atraccion por las chicas y todo eso. Cuando se ponia a hablarme de esas cosas, habia siempre un momento en el que no acababa de encontrar las palabras precisas, y entonces decia algo asi como:

– Y si te gusta una chica, ?verdad que te emocionas penando en ella? Como decirlo…, ?verdad que te excitas?

Pero que cerdo. Y, sobre todo, que retorcido. Esa era la clase de preguntas que mi padre me hacia cuando yo salia del retrete, y lo que yo tendria que haberle preguntado era:

– ?Que es lo que tratas de averiguar? ?Si me hago mu- chas pajas?

Poneos en mi lugar: yo acababa de salir del retrete, acababa de cagar en el retrete, y me encontraba con que a mi padre le daba por hablarme de los cambios del organismo y gilipolleces asi. Si queria saber si me habia encerrado para hacerme una paja, ?por que no me lo preguntaba directa- mente? Sin embargo, lo que al final acababa haciendo mi padre era adoptar la postura del obispo (ya sabeis como es, pidiendo calma con las manos) y decirme:

– En fin, lo que quiero decir es que esas cosas son propias de tu edad. Y que no debes preocuparte…

?Como que no debia preocuparme? Si de verdad me hiciera tantas pajas como el creia, claro que deberia preocuparme. ?Siete u ocho pajas diarias? ?Eso son cosas propias de mi edad? Si me hiciera cada dia todas esas pajas, os aseguro que no lo habria considerado nada normal. Que lo habria consultado con todos los medicos del mundo y a lo mejor hasta habria acabado donando mi cuerpo a la ciencia.

Pero, bueno, aquella tarde mi padre no me llamaba desde el otro lado de la puerta para saber si me la estaba pelando sino solo para anunciar que se iba. Abri la puerta y no me importo mostrarme con medio cuerpo cubierto de calcomanias.

– Me voy -dijo-. Tal vez me retrase un poco.

No hizo ningun comentario sobre las calcomanias. 0 sobre los tatuajes, como el decia. Me las habia visto tantas veces que ya ni siquiera protestaba. Lo unico que anadio fue que no creia que apareciera nadie preguntando por el, y| con eso queria decir que, si llegaba alguno de los tempore- ros, me encargara yo de acompanarle al telefono y de cobrarle.

Me asome a la calle y le vi marchar en el Tiburon. En direccion a Lerida, por supuesto. Al primero de los recita les de Estrella. ?Donde, si no, podia ir un martes como aquel con una corbata como aquella, la mejor de sus corbatas de Sucesores de Bonet? Estrella iba a cantar esa semana, de martes a sabado, y yo supuse que mi padre asistiria a todos los recitales.

– ?Mierda! -grite.

A mi todo aquello me irritaba. Semidesnudo como es- taba, me puse a dar patadas y saltos y golpes dekung fu, y solo al cabo de un rato me tranquilice. En aquel momento odiaba a Estrella. Y odiaba a mi padre por haberse enamorado de Estrella. Me daba la impresion de que, si nos habiamos alejado de las playas e instalado en un pueblo como aquel, habia sido por su culpa, y de que en cierto modo nuestra vida dependia de la suya, como si la estuvieramos siguiendo en secreto, como si de alguna extrana manera hubieramos quedado unidos a ella para siempre. Ah, eso era lo que me irritaba.

Habiamos disfrutado de un breve parentesis de paz, incluso de alegria, y ahora yo me temia que bien pronto volveriamos a lo de siempre, a Estrella y a sus horribles canciones y a la mala leche. Y lo sentia. Lo sentia por mi pero tambien por Paquita, que no podia ni sospechar lo que estaba ocurriendo o a punto de ocurrir. Si, ya se que mis deducciones os pareceran precipitadas y mis temores carentes de fundamento, pero yo creo que a veces vale la pena dejarse llevar por la propia intuicion. Yo, por ejemplo, desde el principio supuse que mi padre se habia propuesto no faltar a ninguno de los recitales. Era solo un presentimiento, pero eso fue exactamente lo que acabo ocurriendo. ?No os parece sintomatico?

Mas ejemplos. Una de esas tardes Paquita aparecio por casa para proponernos una de sus sesiones de espiritismo, y mi padre se froto las sienes con ambas manos y dijo que es- taba cansado, que le dolia la cabeza, que en ese momento no estaba para nada ni para nadie. Una simple excusa, como comprendereis. Luego Paquita se marcho y mi padre dejo pasar unos minutos antes de marcharse tambien el. ?Que os decia? ?Tenia o no tenia razones para estar alarmado? Otro dia, creo que fue el jueves, sali a pasear y me encontre con ella, con Paquita,

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