Supongo que lo habeis comprendido. Mi padre debia de haberla visto en la cafeteria y me imagino que se habia sentido descubierto. ?Por que, si no, se habia apresurado a librarse de las flores, unas flores que no hacian sino terminar de delatarle? Me volvi discretamente. Localice a Paquita al otro lado del pasillo y supuse que no nos habia visto. O tal vez si y solo estaba disimulando. Despues de todo, ?que otro motivo que el de encontrar a mi padre podia haberla llevado a ese sitio? No, Paquita no era de la clase de personas que uno iria a buscar a un recital de zarzuela.
– ?Quieres dejar de moverte? -susurro mi padre, enfadado.
Se apagaron las luces de la platea y Estrella, acompanada por el maestro Sebastian Armengol, salio a cantar sus canciones. Mi padre estaba tenso, ?como no iba a estarlo? Delante de sus narices tenia a la mujer a la que amaba y a su espalda a una mujer que le amaba, y yo sabia que una de las cosas que en ese momento temia era una escena de Paquita, una escenita publica de despecho o de celos o de amores traicionados. Me imagine que eso no entraba en sus planes. Me imagine que mi padre se habia propuesto reconquistar a Estrella y que entonces no habria tenido problema para deshacerse de Paquita como se habia deshecho de otras novias anteriores. Con buenas palabras o con malas, con Id grimas si hubiera sido necesario, pero siempre en privado y sin testigos. ?Podria acaso ser de otra manera tratandose de un hombre como mi padre, incapaz de preguntar una direccion a un desconocido solo para que este no se formara un» opinion equivocada de el? Bueno, mi padre no lo estaba pasando demasiado bien en esos momentos. Yo, en cambio, disfrutaba secretamente con aquella situacion y solo esperaba el momento en que todo se resolviera de una forma u otra. Estabamos sentados sobre una bomba, o a lo mejor no lo estabamos pero ese es el tipo de frases que suelen utilizar los novelistas: estabamos sentados sobre una bomba a punto de explotar, ?cuando y como acabaria explotando?
El cuando os lo dire enseguida: en el entreacto. El como tendra que esperar un poco mas, pero os aseguro que no dejara de sorprenderos. Llego el entreacto y volvieron a encenderse las luces de la platea. Buena parte del publico se levanto para salir a la cafeteria. Mire a mi padre. Estaba como hundido en su butaca. Podria parecer simplemente repantigado, pero yo sabia que con esa postura trataba de esconderse, de hacerse invisible.
– ?Salimos a tomar algo? -pregunte.
– Ahora no. Habra demasiada gente.
– Me apetece una cocacola.
– Te esperas a la salida.
Eche una ojeada a mi alrededor. Me incorpore un poco tratando de localizar a Paquita.
– ?Quieres estarte quietecito? ?No puedes dejar de moverte ni un segundo?
Yo me reia para mis adentros. No se a vosotros, pero a mi aquello me resultaba divertido. Dije:
– ?Puedo salir a saludar a Paquita? Me parece que nos esta buscando.
– ?Que te estes quieto!
Paquita, de hecho, avanzaba por el pasillo central mirando a uno y otro lado. El pasillo era cuesta abajo, y las telas de Paquita daban un breve saltito cada vez que adelantaba un pie. Y en cuanto a mi padre, yo notaba como se hundia y se hundia en su butaca a medida que Paquita se acercaba a nuestra fila.
– ?Hola, Paquita! -dije-. No sabia que te gustara la zarzuela.
Dije eso pero Paquita ni me escucho. ?Habeis visto alguna vez a alguien fuera de si? Eso es algo que no hay manera de disimular. Por mucho que esa persona intente con- tenerse, los que estan a su lado lo notan. Lo notan de un modo vago pero inequivoco. Como si lo olieran. ?No dicen que los perros huelen el miedo de la gente que se les acerca? Pues esto es mas o menos lo mismo, y las cuatro o cinco personas que estaban sentadas entre Paquita y nosotros lo percibieron desde el primer momento.
– ?Ya no saludas? -le pregunto a mi padre-. He visto tu coche fuera.
Hablaba con aparente calma, sin levantar la voz, sin lamentarse ni amenazar. La tension estaba y no estaba en su forma de hablar, del mismo modo que estaba y no estaba en su forma de apoyarse en el respaldo mas proximo al pasillo. Mi padre la miro fingiendo sorpresa.
– ?Paquita! ?Como no me has dicho que pensabas venir?
– ?Habrian cambiado mucho las cosas?
Mi padre dijo que habria pasado a buscarla y que la habria traido. Era consciente de que, con mayor o menor disimulo, su conversacion era seguida por algunas de las personas cercanas, y adoptaba la actitud del caballero que comenta algun asunto intrascendente ante un grupo de conocidos.
– ?Te esta gustando? -le interrumpio Paquita-. ?Te gusta esta mujer?
– Me gusta, me gusta, no lo puedo negar. Tiene una voz con muchas posibilidades…
Paquita volvio a interrumpirle:
– ?Que podia esperar de un Cancer como tu?
En esta ocasion la voz salio de su garganta como quebrada, insegura. Dos mujeres de la primera fila cuchichearon algo entre ellas y se volvieron a mirarla con inquietud. Paquita se froto la cara.
– Estoy cansada. Dame las llaves del coche. Quiero descansar.
Mi padre se levanto y se las tendio con una naturalidad mas bien forzada. Entonces, mientras lo tuvo al lado, parecio como si Paquita pretendiera decir o hacer algo, no se el que pero algo, algo que hubiera meditado con antelacion, y como si en ese instante le hubiera faltado la determinacion o el coraje. La gente de la cafeteria volvia ya a ocupar sus asientos y Paquita fue abriendose paso hasta la salida. Mi padre y yo la seguimos con la mirada. Mi padre se cubrio la boca con la mano para ahogar un suspiro.
Pero no os creais que el episodio concluyo ahi, en ese suspiro. El publico acabo por fin de instalarse, se oyeron unas cuantas toses y Estrella y el maestro Armengol reaparecieron en el escenario. Comenzo la segunda parte del recital, y yo creo que pasaron solo cinco o diez minutos antes de que Paquita irrumpiera de nuevo en el salon de actos y se asomara a nuestra fila de butacas.
– ?Rapido! ?Venid! ?Es importante!
Ahora si que Paquita no hacia ningun esfuerzo por contenerse. Susurraba, hablaba como si solo mi padre y yo tu- vieramos que oirla, pero al mismo tiempo habia en su voz un tono premioso y alterado que inevitablemente tenia que reclamar la atencion de otras personas. Mi padre alzo las manos en un gesto que queria decir: «?Que demonios ocurre?»
– ?Venga! ?Salid rapido! ?Inmediatamente!
– ?Que demonios ocurre! -exclamo mi padre, por fin.
El publico de la primera fila se volvio a observarnos. Alguien pidio silencio desde algun sitio y la propia Estrella, sin dejar en ningun momento de cantar, dio unos cuantos pasos por el escenario y miro hacia nuestro lado con los ojos entrecerrados, como los miopes que se han olvidado de sus gafas. Mi padre se levanto y yo le segui por el pasillo central. Paquita avanzaba a grandes zancadas por delante de nosotros y todo en el salon eran miradas de reprobacion que nos seguian hacia la salida. Yo observaba a esa gente sin ningun rubor. Mi padre, en cambio, salia con la mirada puesta en sus zapatos, como los delincuentes que son conducidos al juzgado entre una multitud de periodistas y curiosos.
– ?Se puede saber que mosca te ha picado? ?Te has vuelto loca? -grito mi padre, ya en la cafeteria.
Estabamos solos nosotros tres. Paquita nos agarro del brazo.
– No es el momento de hacer preguntas -dijo.
Dijo eso y nos llevo hasta el coche. Yo me meti en la parte de atras. Paquita se puso al volante y arranco, yo nunca la habia visto conducir. Mi padre no paraba de protestar:
– ?Creo que merezco una explicacion! ?Me escuchas? ?Exijo una explicacion!
Salimos de Lerida en direccion a Almacellas. Ibamos a bastante velocidad y apenas cinco minutos despues quedo a nuestra espalda la gasolinera de la noche anterior.
– Solo te pido que me contestes. ?Me vas a contestar?
– Te voy a contestar -dijo finalmente Paquita-. Preguntame.
– Bueno, esto ya es otra cosa -dijo mi padre-. ?Se puede saber que estas haciendo?
– ?Que «estamos» haciendo! -corrigio ella-. ?Estamos huyendo!
– Pero ?te has vuelto loca de repente?
– Estamos huyendo y ya no podemos volvernos atras. He robado dinero, mucho dinero. He robado toda la recaudacion del teatro y la cafeteria. Ahora teneis que recoger rapidamente vuestras cosas. ?Nos largamos!
Mi padre se quedo sin habla, como si no hubiera entendido las palabras de Paquita.
– ?Viva! -grite yo-. ?Esto se pone divertido!
Estaba alegre, muy alegre, pero lo que me alegraba no era que nos hubieramos vuelto ricos, sino que nos
