despedian, vi como ella se acercaba al ventanal y bailaba unos instantes solo para mi. Sin volverse nunca hacia donde yo me encontraba, sin hacer el menor gesto que pudiera delatarme, pero sin duda consciente de mi presencia y de mi mirada, y ahora puedo deciros que eso, esa aficion de Miranda a ser observada y a exhibirse, fue la sexta de las diez cosas que yo supe de ella.

Aquello duro apenas un par de minutos, y luego yo abandone mi sitio al lado del seto y corri hacia el ceda el paso que habia ante la entrada principal de la academia. El Chevrolet rojo del padre de Miranda aparecio muy poco despues. Lo segui con la mirada hasta que desaparecio detras de una curva lejana.

Mi padre se hizo amigo de un espanol que trabajaba en la base americana. Se llamaba Felix, y era un hombre largo y sombrio como un coche funebre. Se llamaba Felix y se apellidaba Gimeno y tenia una pequena empresa de limpieza llamada FEGIX: la FE era de Felix, la GI de Gimeno y la X supongo que se la habia puesto para darle un aire mas internacional. La empresa de Felix era la encargada de limpiar la hamburgueseria y el autoservicio del club de golf de la base.

– Vosotros nunca habeis estado ahi dentro, ?verdad? ?Quereis que os la ensene uno de estos dias?

– ?Por que no manana mismo? -conteste.

Fuimos en el coche de mi padre. Unos policias militares nos hicieron parar a la entrada y Felix asomo la cabeza para darse a conocer. ?Habeis estado alguna vez en los Estados Unidos? Da lo mismo. Aunque no hayais estado nunca, seguro que habeis visto cientos de poblaciones norteamericanas en peliculas y series de television. Aquello era exactamente eso, un trozo de Norteamerica colocado en un sitio que no era Norteamerica, y te dabas cuenta en cuanto entrabas y veias, por ejemplo, las senales de trafico:give way en vez de ceda el paso, one way en lugar de la flecha blanca sobre fondo azul. Avanzabamos por una carretera americana llena de senales americanas y Felix dijo:

– Alla estan los hangares. Y esto es una pista de aterrizaje. Algunas veces te hacen parar. Como en un paso a nivel. Solo que, en vez de un tren, lo que ves pasar es un Hercules o un Phantom que despega o aterriza.

Felix nos dio una vuelta por la zona de los chalets. Aquellos chalets eran como los deEmbrujada, la serie de television: todos iguales, cuadrados, de un solo piso, de ladrillo rojo y paredes color crema, con el techo de cemento y un pequeno jardin delante, con persianas de laminas en las ventanas. Cada casita tenia su propio aparcamiento, poco mas que un cobertizo sin puerta ni verja ni nada que se le pareciera, y yo reconoci un Chrysler azul que todas las semanas aparecia por nuestra casa y un Ford ranchera que vino un dia y nunca mas volvio a venir. Pero, claro, lo que yo buscaba era un Chevrolet, un viejo Chevrolet rojo, y no me pregunteis por que.

– Esto es la bolera -dijo Felix-. Y ahora vereis la calle principal. Mirad: el economato, la peluqueria, el cine, la iglesia… No tiene ninguna cruz porque la utilizan los de todas las religiones. Primero unos y luego otros, claro esta. Como veis, no les falta de nada. Viven igual que en su pais. ?Sabeis que la cocacola se la traen de America? Y tambien la leche y no se cuantas cosas mas.

Mi padre estaba impresionado. Mi padre nunca habia salido de Espana, y yo creo que le impresionaba ver que el mundo podia ser muy distinto. Llevabamos anos y anos viajando por Espana, y nada cambiaba demasiado entre un sitio y el siguiente. Ahora, sin embargo, habiamos hecho un viaje de muy pocos kilometros, y eso habia sido suficiente para que nos sintieramos lejos, muy lejos de nuestro propio mundo, en un lugar extranjero lleno de gente extranjera, donde todos hablaban y vestian de otro modo y tenian unos coches y unas casas que en nada se parecian a los coches y las casas de la gente como nosotros. Tambien a mi me impresionaba eso, ese cambio tan repentino, pero sobre todo me impresionaba pensar que hasta el paisaje era distinto alli. No se trataba ya de las casas o de los coches o de las senales de trafico. Se trataba del paisaje, que parecia uno de esos tipicos paisajes americanos, el mas tipico que se os pueda ocurrir, y yo me pregunte si tambien el paisaje, como la cocacola o la leche, lo habrian traido en aviones desde America.

– Y eso, ?el colegio? -pregunto mi padre-.?School no significa colegio?

Si, ahi estaba el colegio, grandisimo, y delante de el estaba aparcado un autobus azul con un rotulo que decia school, y yo pense que Miranda en ese momento debia de estar ahi dentro, a apenas cien o doscientos metros.

– Ahora a la derecha -indico Felix-. Vamos al club.

El club era el club de golf. Ya he dicho que la empresa de Felix tenia algo que ver con aquel club. Fuimos con Felix al autoservicio y, mientras el presentaba a mi padre a no se quien, yo me tome una inmensa copa de helado llamada Sundae. No Sunday sino Sundae, aunque a lo mejor habia un error en la carta de helados y si que se llamaba Sunday.

Despues comimos en la hamburgueseria. Era un restaurante normal, ni bueno ni malo, pero mi padre se hacia el torpe, como si estuviera acostumbrado a sitios mas caros y distinguidos, en los que no tienes los botes de ketchup y mostaza esperandote en el centro de la mesa.

– Esta muy bien este sitio -decia-. Muy bien.

Decia eso con el tono de quien ha conocido muchos restaurantes en su vida. Lo decia con un retintin de curiosidad o de sorpresa, como si fuera la primera vez que veia un bote de ketchup y generosamente estuviera dispuesto a pasar por alto ese detalle a la hora de hacer su valoracion.

– No se puede negar que esta carne esta deliciosa -dictamino.

– Tambien la carne la traen en aviones -dijo Felix.

En realidad estaba tratando de impresionarle, de impresionar a Felix, que consideraba a mi padre un hombre elegante, un caballero, y admiraba precisamente esas cosas de mi padre que yo detestaba: sus remilgos a la hora de decidirse por uno u otro plato, cierto gesto de concentracion con que paladeaba el primer trago de vino, su costumbre de pelar la naranja con cuchillo y tenedor.

En fin, que mas da. Fue Felix quien nos consiguio un pase para entrar libremente en la base americana. Mi padre solia reunirse en el club de golf con Felix o con gente que Felix le habia presentado. Yo, mientras tanto, merodeaba por alli y aprovechaba para recoger pelotas de golf perdidas, que luego vendia en la tienda del club por unos cuantos centavos.

– ?Cuantas has encontrado hoy? -me preguntaba mi padre, ponderativo-. Vaya, eso pueden ser dos o tres dolares.

A mi padre le enorgullecia ver que dedicaba mi tiempo a recoger pelotas. Le parecia que aquella actividad podia ser muy beneficiosa para mi formacion, y por eso siempre permitia que fuera con el y hasta me alentaba. Pero para mi aquellas pelotas de golf y aquellos centavos eran poco mas que un pretexto, una excusa para poder entrar en la base sin tener que darle explicaciones. Claro, si queria ir a la base era solo para sentirme cercano a Miranda, para frecuentar lugares y personas que ella misma podia frecuentar, para experimentar la emocion que me producia el pensar que, en ese sitio, un encuentro casual no era del todo imposible. Si, ?por que no?, para tratar de verla. Miranda me pertenecia solo los martes y los jueves, o solo algun martes y algun jueves, y nada mas por un rato, y eso a mi me parecia poco. Estaba enamorado, ?no?

Pero ya se por donde vais, ya se lo que estais pensando: que en realidad mi padre y yo no eramos tan distintos. Que yo ahora me hacia el encontradizo con Miranda igual que mi padre se lo habia hecho con Estrella. Que yo rondaba las clases de ballet de Miranda como mi padre habia rondado las clases de canto de Estrella. Tambien yo lo pense entonces y me pregunte si me estaba comportando de la misma estupida manera. Y es posible que aquello me sirviera para comprenderle un poco, solo un poco.

Una manana, por fin, la vi pasar por delante del club. La vi y me dio un vuelco el corazon, pero ahora digo esto y me doy cuenta de que os estoy confundiendo, de que a lo mejor pensais que estoy hablando de la entrepierna y no del corazon. Pues no. Estoy hablando del corazon: note de golpe como mi corazon bombeaba la sangre con mucha mas fuerza que antes y como sus latidos me sacudian el pecho pero tambien las sienes y las munecas. Tal vez sea esto, y no lo otro, lo que de verdad significa esa expresion. Aquella manana Miranda llevaba unos vaqueros verdes y una camiseta blanca con unas letras y unos numeros que ella misma debia de haber bordado. Asi vestida no parecia Miranda, que quereis que os diga, pero a mi esa Miranda de los pantalones verdes me gustaba tanto como la Miranda del tutu. Sali del club de golf y la segui. La acompanaba otra chica, una chica tambien negra y tambien guapa, algo mayor que ella, y esa fue la septima cosa que supe de Miranda: que tenia una hermana llamada Amy.

Bueno, que se llamaba Amy lo supe porque ese era el nombre que llevaba impreso en la camiseta debajo de su foto: entonces estaban muy de moda esas camisetas con tu cara y tu nombre. Y lo de que era su hermana no lo averigue hasta un poco despues. La gente de la base tenia una costumbre curiosa: cuando regresaban a

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