quereis que os diga, era la primera vez que mantenia una relacion asi con una chica y todavia no poseia demasiadas nociones sobre la psicologia femenina. ?Que pensais?, ?que mi interes habria podido halagarla? Es posible. ?Que, al no preguntarselo, ella podia tomarme por un tarado o un pasmarote? Tambien eso es posible. No digo que no. Lo unico que digo es que yo entonces no podia saberlo.

Asi que paseaba con frecuencia por alli. Andaba un poco encorvado, como si ya hubiera crecido los diez centimetros prometidos por el «Taller & Taller New System», y buscaba el coche de Miranda y la casa de Miranda. Un dia, por fin, oi el motor del Chevrolet a mi espalda y lo reconoci de inmediato, y lo que entonces ocurrio fue que… ?Que pensabais que iba a decir? ?Que se me puso dura alli mismo y en ese mismo instante? Pues no. Lo que ocurrio fue que yo fingi no verlo y que el Chevrolet me paso por la derecha y que luego lo segui con la mirada hasta que fue a aparcar a unos treinta metros de donde yo estaba.

Miranda no iba aquel dia en el coche, pero eso a mi no me importo. Habia encontrado lo que estaba buscando, aquella casita con la puerta pintada de rojo, y desde entonces, cada vez que salia del club de golf con mis dos o tres dolares en el bolsillo, mis pasos se orientaban hacia esa calle y esa casa y, si alguna vez probaba alguna ruta distinta, lo hacia siempre de forma que a mi regreso pudiera pasar por ahi. Era como si tuviera un radar en la cabeza, un radar como el del submarino deViaje al fondo del mar, con una raya luminosa que daba vueltas sobre si misma y una luce- cita que se encendia y se apagaba. La raya luminosa era yo; la lucecita era Miranda, su casa.

La casa en la que vive mi amor: suena a titulo de cancion cursi. Pero es que el amor siempre me ha parecido y me parecera algo cursi. ?Os acordais de cuando os hablaba de mis opiniones sobre el amor?, ?de cuando decia que el amor te vuelve estupido y todo eso? Despues de conocer a Miranda, mis opiniones no habian cambiado. Seguia penando lo mismo, solo que ahora era yo el estupido. Como explicarlo: yo era a la vez el protagonista y el espectador de aquella historia y, si como protagonista vivia en un estado de placido aturdimiento, como espectador no podia sino considerarme un completo gilipollas. El Felipe espectador le decia al otro Felipe: «No seas bobo. Tu lo que querias era dejar de ser virgen, ?no? Recuerda que ya tienes quince anos. ?Y tu crees que, si sigues comportandote de esa manera, conseguiras dejar de ser virgen antes de los treinta?» Y el Felipe protagonista le replicaba: «Pero ?por que tienes que ser tan insensible? Lo mio es amor, ?has oido hablar de el? Amor, claro que si. ?Es que tu no lees libros ni ves peliculas?» Y el Felipe espectador volvia a la carga: «Amor, amor. Tu lo que necesitas es acostarte con esa chica cuanto antes. Solo asi dejaras de masturbarte y de hablar de amor.» Ya veis cual era mi situacion. Yo unas veces le hacia mas caso a uno de esos dos Felipes y otras veces al otro. Y el resultado era que estaba enamorado y que al mismo tiempo me arrepentia de estarlo. Complicado, ?verdad? Por poner un ejemplo, pocas cosas me habrian molestado tanto como que mi padre se enterara, que se encontrara conmigo en uno de esos paseos y lo adivinara todo. Bueno, yo podia estar enamorado, pero jamas habria aguantado a mi padre guinandome un ojo y riendose con risita de conejo y diciendome: «?Que? ?Te gusta esa chica? ?Estas enamorado?»

Pero de lo que yo queria hablaros era de su casa, de la casa en la que vivia Miranda. ?Cuantas veces pase por delante fingiendo que iba a otro sitio? ?Cuantas veces recorri aquella calle sin detenerme, conteniendo la respiracion, casi temblando? ?Cuantas veces la mire de reojo, temiendo o quiza deseando que ella estuviera en el jardin y pudiera descubrirme? No sabria explicar la rara fascinacion que aquella casa, identica a todas las otras casas, despertaba en mi. Se trataba de amor, claro, de mi amor por Miranda, pero habia algo mas. Algo a mitad de camino entre la curiosidad y la envidia, un deseo de averiguar como vivian los que no vivian como yo, los que pertenecian a un sitio y podian sin ningun problema decir: «Esta es mi casa y esta mi familia.» No se. Miranda y los suyos eran extranjeros en un pais ajeno y, a pesar de todo, a mi me daba la impresion de que ellos podian, con mas motivos que yo, decir una frase asi. «Esta es mi casa, este es mi jardin, estas flores las he regado y cortado yo con mis propias manos…» ?Me explico? Lo que me preguntaba era como habria sido mi vida si hubiera nacido en una familia como la de Miranda y si viviera en una casa como la de Miranda.

En fin, era aquella una casita como todas las demas, de un solo piso, adosada a otra casita gemela, y ya he dicho que tenia la puerta pintada de rojo. Junto a esta ultima habia un bulto cubierto por una lona verde: debia de ser la maquina cortacesped pero el cesped hacia tiempo que no habia sido cortado. Habia tambien unas cuantas flores y un par de adelfas. Y una ventana pequena con el cristal lleno de adhesivos y con una mosquitera, y dos ventanas mas que daban al cuarto de estar. ?Y en el cuarto de estar? Por entre las laminas de las persianas no se distinguian muchas cosas: un ventilador en el techo, un espejo circular con un marco en forma de sol, un mostrador que probablemente daba a la cocina, y muy pocas cosas mas. Luego si, luego si supe como era aquella casa por dentro.

Ninguna de las veces que pase por alli pude ver a Mi- randa. Una vez, sin embargo, vi a Amy, su hermana. Estaba tendida sobre una toalla, tomando el sol o acaso solo fingiendo que lo tomaba. La gente suele tomar el sol con los ojos cerrados, ?verdad? Amy no. Amy los tenia abiertos. Por eso digo que a lo mejor no estaba tomando el sol. Ademas, ?para que iba a tomar el sol una chica negra? Bueno, el caso es que llevaba puesto un traje de bano de color cafe y que estaba tumbada sobre una toalla y que me vio pasar y me llamo.

– Hello, Felipe -dijo.

Me detuve. Ninguna de aquellas casitas tenia verja. El jardin daba directamente a la calle. Nada se interponia, por tanto, entre ella y yo, y de algun sitio salieron corriendo un perrito blanco y un perrito negro como los de los anuncios de whisky y se pusieron a dar saltos y a menear el rabo.

– Helio -dije.

Amy tenia la piel mas oscura que Miranda y el pelo mas corto. Se parecian bastante, pero a mi Miranda me gustaba y Amy no. Y a pesar de todo estaba nervioso. Por eso agradeci que estuvieran alli esos dos perritos y que pudiera hacerles caricias y jugar con ellos. Amy se levanto, se desperezo, se puso una camiseta. Tenia un tipo muy bonito Amy, casi tanto como el de Miranda, con un culito alto y prieto como solo lo tienen las negras.

– I like dogs -dije.

Si, ya se que la frase no es nada del otro mundo, pero algo tenia que decir. De todos modos, lo que dijo ella tampoco se quedo atras.

– Really? -dijo, abriendo mucho los ojos como si de mis labios hubiera salido una revelacion sorprendente.

Bueno, no creais que fue eso todo lo que dijo. Eso fue todo lo que yo entendi. Amy se acuclillo junto a mi y comenzo tambien ella a rascar a los perros, y yo creo que no dejo de hablar en diez minutos. ?Que demonios estaria diciendo? Yo asentia cuando creia que debia hacerlo y sonreia cuando ella lo hacia. Y mientras tanto rascabamos a los dos perritos y les haciamos caricias, y yo me di cuenta de que los dos eran machos y de que se estaban poniendo cachondos. Supongo que lo habreis visto alguna vez: la polla de un perro cuando esta caliente es lo mas parecido a una barra de labios.

– Yes, yes -decia yo de vez en cuando, y Amy seguia acariciando a los perros y los perros exhibian sus barras de labios en toda su extension.

?Queriais saber como era la casa por dentro? En el cuarto de estar habia una chimenea y sobre la repisa de la chimenea varias fotos de Amy y de Miranda y de su padre pero ninguna en la que se viera a su madre. Y de las paredes colgaban unos cuadros de paisajes alpinos que a mi se me antojaron absurdos: ?que pintaban los Alpes en la casa de unos americanos que vivian en Espana? Y el mostrador, en efecto, daba a la cocina, y en la cocina habia una nevera llena de cocacolas, de esas cocacolas que les llegaban en avion desde los Estados Unidos pero que tenian el mismo sabor que las espanolas. Luego habia un pequeno pasillo, y la primera puerta era la del cuarto de bano y la segunda no lo se porque no la abrimos. La tercera puerta estaba un poco descascarillada por la parte de abajo, y la cuarta era la de la habitacion de su padre, y en ella habia unos estantes tapados por una cortina y un limpiabotas automatico y una cama de matrimonio sin hacer y una mesilla con dos cajones, y en el cajon de arriba habia unas gafas de sol, tres paquetes de Marlboro, un rollo de esparadrapo y una caja de condones. Y los perros seguian tan excitados como antes y nos esperaban delante de la tercera puerta, y entonces comprendi que, si esa puerta estaba un poco descascarillada por la parte de abajo, era porque los perros la raspaban con sus unas cuando estaban asi de excitados. Y Amy ahora casi no hablaba y yo ahora lo entendia todo, y habia mas puertas pero nosotros abrimos la tercera puerta. Y en esa habitacion habia dos camas y una de ellas era la de Miranda. Y entonces yo averigue la novena de las diez cosas que os dije que sabia de Miranda, porque en la almohada y en el embozo de la sabana de su cama estaba bordado un nombre, y ese nombre era FELIPE. Y esa era la novena cosa: que Miranda estaba enamorada de mi como yo lo estaba de ella…

Y con respecto a Amy no digo mas porque no es mi estilo. Yo no soy de esos que se acuestan con una chica y salen corriendo a contarselo al primero que pasa. Solo os dire que seguia teniendo quince anos pero habia dejado

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