que hacer tres viajes en la furgoneta de FEGIX hasta que conseguimos trasladarlo todo.

– Mi dormitorio es el del fondo -dijo mi padre-. Tu elige el que mas te guste. Los otros dos nos serviran de almacen.

Si, aquel piso tenia cuatro habitaciones. Era un piso grande y tambien bueno, yo no recordaba haber vivido nunca en un piso asi, con dos cuartos de bano y cinco balcones. Pero ya digo que ahora a mi padre las cosas no le iban nada mal. Unos dias antes la casa se nos llenaba de gente que nos pagaba por usar el telefono; ahora seguia apareciendo mucha gente por nuestra casa, pero esa gente venia a comprar neveras de segunda mano y cosas asi. Eso es legal, ?no? ?Hay alguna ley que prohiba comprarle una nevera a Fulano para luego vendersela a Mengano? No, claro que no. Asi que ahora mi padre ganaba dinero y tenia un buen piso en una gran ciudad: ?no era eso lo que el siempre habia querido? Por eso no dejo de sorprenderme que se tomara tan a pecho las tonterias que dijo el director del colegio y que de repente se obsesionara con la idea de mandarme a un internado. Bueno, a mi que mas me daba. Yo no queria esa forma de vida que mi padre podia ofrecerme y tampoco pensaba que la vida en un internado pudiera ser mucho peor.

– Ya lo tengo, me lo acaban de confirmar -dijo mi padre-. Esta en Lecaroz, en Navarra. Creo que alli el paisaje es muy bonito.

Yo no dije nada.

– Es de curas -prosiguio-. Jesuitas. Esta en plena naturaleza. Respiraras aire puro.

Yo segui sin decir nada.

– Es de curas pero no te asustes. Antes era famoso por su disciplina. Ahora no. Los tiempos han cambiado. Ahora es un internado normal. Como cualquier otro, solo que en plena naturaleza. Haras deporte, saldras de excursion…

Tampoco entonces dije nada, pero pense: «?En que quedamos? Hablas de mandarme a un internado para que descubra de una vez por todas lo que es la disciplina, y ahora me dices que no, que los tiempos han cambiado y que aquello es algo asi como un hotelito o un balneario…»

– Esta en plena naturaleza -dijo mi padre.

Si, eso ya lo habia dicho antes.

Tenia que irme uno de esos dias, en cuanto mi padre quisiera llevarme. Pero una noche ocurrio algo. ?Os acordais de cuando mi padre se jugo a las quinielas los ahorros de mis tios? ?Os acordais de que aquella noche entro en mi habitacion para ver si estaba dormido? ?Y de que luego salio de casa y cogio el Tiburon y de que yo pense que se iba de putas y que como era capaz de irse de putas en una noche asi? Pues aquella noche ocurrio algo parecido. Yo estaba en el cuarto de estar y tenia encendidas las dos televisiones que entonces habia en nuestra casa. En una tenia la primera cadena y en la otra la segunda, pero en realidad ninguna de las dos me interesaba. Mi padre llego a eso de las once y sin decir nada se sento a mi lado. Yo pense que protestaria. Era lo logico: tambien yo habria protestado si hubiera sido el y si al llegar a casa me hubiera encontrado con un hijo mio viendo al mismo tiempo dos programas distintos de television. Pero no, mi padre no protesto. Note que me miraba y tarde unos segundos en mirarle yo. Tenia los ojos rojos, pero rojos de verdad. No como cuando sales de la piscina, con los ojos rosaceos, irritados por el cloro. Aquel era de verdad un color rojo, mas vivo y mas compacto. Como el de los ojos de los conejos, ?le habeis visto alguna vez los ojos a un conejo? Pense que quiza mi padre estuviera enfermo pero no me decidi a preguntarselo.

– No te acuestes demasiado tarde -me dijo.

Me dijo eso y se levanto. Se marcho de casa sin anadir nada y yo me asome al balcon y le vi meterse en el coche y torcer por una esquina que llevaba a la carretera del canal. Pense que todo era igual que aquella otra noche, la de las quinielas, y que tambien esta vez habia habido algo que le habia salido mal. Lo que ya no pense fue que en una noche asi pudiera irse de putas. Podia ser que fuera a emborracharse o simplemente a dar una vuelta por la ciudad. Pero de putas no, ni se me paso por la cabeza que pudiera irse de putas en una noche asi.

Ignoro que hora seria cuando desperte sabiendo que alguien estaba en mi dormitorio. Ignoro tambien cuanto tiempo podia mi padre llevar alli, sentado a los pies de mi cama, mirandome pensativo.

– Te habias dejado encendidas todas las luces -dijo.

– ?Ocurre algo? -pregunte.

– Vistete y recoge tus cosas -dijo.

– Nos vamos…-dije.

Mi padre asintio con la cabeza y salio de la habitacion. Yo en aquel momento todavia pensaba que ibamos al pueblo ese de Navarra, al internado. Si, ya se que ningun padre despierta a su hijo a las tres o las cuatro de la manana para llevarlo a un internado, pero tampoco se me ocurria a que otro sitio podiamos ir.

– Ayudame a bajar algunas de esas cajas…-dijo mi padre.

– ?Que cajas? ?Las de productos no perecederos?

– No se cuantas podremos meter en el maletero. Nos llevaremos todas las que quepan.

Extrano, ?verdad? Yo pense que a lo mejor queria aprovechar para vender en el internado algunos de esos botes de caramelo liquido o algunas de esas latas de pipas peladas. Al fin y al cabo, unos anos antes le habia visto hacer algo parecido con una marca de chocolate soluble, Forzacao.

– Si quieres, nos llevamos tambien una de las televisiones…

– Bueno -dije, y solo entonces comprendi que aquel viaje era en realidad una mudanza, una mas de nuestras muchas mudanzas.

Estabamos otra vez en la carretera. Ibamos por la carretera de Logrono y yo sabia que algo le habia salido mal a mi padre pero no sabia que. Recuerdo que el pavimento estaba lleno de baches y que luego entramos en Navarra y que ya no habia baches en la carretera.

– Las carreteras navarras son las mejores -dijo mi padre, despues de dos horas de silencio-. Siempre lo han sido.

Supongo que era verdad, pero yo no creia que hubieramos ido hasta alli solo para eso, para comprobar que las carreteras navarras eran las mejores. A lo mejor yo estaba equivocado y mi padre si que pretendia llevarme al internado. A lo mejor mi padre pensaba dejarme en el internado y luego seguir su propio camino, solo, sin mi. Podia ser, no lo sabia. Estaba ya amaneciendo y yo me mantenia despierto, atento a los carteles de la carretera. Vi la senal que indicaba el desvio hacia Tudela y Pamplona. Pense: «Si cogemos ese desvio, es que quiere librarse de mi.» Pero no. Dejamos Tudela y Pamplona a nuestra derecha, y a los pocos kilometros la carretera volvio a ser la misma de antes, la misma carretera llena de baches y de socavones. La proxima ciudad importante era Logrono.

– ?Donde vamos? -pregunte.

Mi padre bostezo y dijo:

– Vamos. Simplemente vamos.

Hacia las nueve o las diez paramos a desayunar y estilar las piernas. Podiamos haber parado un rato antes, en Logrono o en cualquiera de los pueblos que habia entre Logrono y Vitoria. O podiamos haber seguido un poco mas y parar en la carretera de Vitoria a Bilbao. Paramos, sin embargo, en Vitoria, en el bar de una gasolinera a la entrada de Vitoria.

– Tengo sueno -dije.

Vitoria era la ciudad de mi padre. En Vitoria vivia aun su familia, esa familia a la que mi padre odiaba o decia odiar y a la que yo nunca habia llegado a conocer.

– Tengo sueno -volvi a decir.

Mi padre suspiro y se froto los ojos con las yemas de los dedos. Tambien el tenia sueno.

– Pasaremos el dia descansando y manana seguiremos -dijo.

– Pero ?donde vamos? -dije.

Cogimos una habitacion muy cerca de alli, en un hostal a las afueras de la ciudad. Yo habria querido conocer Vitoria, ver la casa en la que mi padre habia nacido, saber como vivian esos familiares mios que al parecer eran tan ricos. Mi padre, sin embargo, habia dicho que pasariamos el dia descansando y que luego nos iriamos, y eso queria decir que no pondriamos el pie en Vitoria. La mujer del hostal le pidio el carnet de identidad y el libro de familia.

– ?Tambien el libro de familia? -dijo mi padre.

– Es obligatorio -dijo la mujer.

Nos dio una llave y nos senalo la escalera. Al cabo de unos minutos yo ya me habia dormido. Cuando me

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