America o se trasladaban a otra base en otro pais, trataban de vender por un punado de dolares todo aquello que no podian llevarse. Aquel dia segui a Miranda y a su hermana hasta una construccion con aspecto de bunker, de ladrillo y sin ventanas, bastante alejada del club de golf y de las casas. Era alli donde se organizaba el mercadillo y donde las mujeres vendian muebles, electrodomesticos, cacharros de cocina: cosas asi. Entre tambien yo en aquel bunker y dije
– ?Amy? -pregunte, senalandole las tetas o, mejor dicho, senalando el retrato que exhibia a la altura de las tetas.
Se echaron las dos a reir y asintieron con la cabeza. Luego, como no, dijeron unas cuantas cosas que yo no pude entender y volvieron a reir. Amy sostenia en la mano una figurita de porcelana y Miranda un exprimidor electrico, y yo creo que se reian solo por nerviosismo.
Entonces yo rebusque en mis bolsillos: cuatro dolares y algunos centavos. Llame a una de las mujeres y senale el exprimidor. La mujer me cogio los billetes, y yo senale otra vez el exprimidor y luego me senale el pecho y senale a Miranda: ese era mi regalo para ella. No es muy romantico, ya lo se, pero por cuatro dolares tampoco podia aspirar a mucho mas. Entonces Miranda alzo el exprimidor como si fuera un trofeo y volvio a reir, y yo note como me observaba Amy, sin hacer ningun gesto, estudiandome.
Por aquella epoca yo tenia complejo de bajito. Era mas alto que mi padre pero era bajito. Era tambien mas alto que Miranda pero era bajito. Un dia vi en una revista un anuncio que decia: «?Demostrado! Crezca hasta diez centimetros mas con el Taller & Taller New System. Si no queda satisfecho le devolvemos su dinero.» Por si no lo sabeis, eso de
Mas y mas alto: eso era lo que yo queria ser, tan alto que tuviera que andar algo encorvado. Tan alto que, cuando abrazara a Miranda, mi cabeza sobresaliera por encima de la suya. Asi era como me gustaba imaginarme, abrazandola semiagachado, y yo creo que si queria ser tan alto era sobre todo por Miranda, porque estaba enamorado de ella. Si, ya se que os parecera extrano, y yo mismo no sabria explicar muy bien que tenian que ver una cosa y otra, mi estatura y mis sentimientos.
En fin. Cambie por pesetas algunos de mis dolares y escribi a la direccion del anuncio. Contra reembolso me mandaron una caja en la que habia unos ganchos, una cuerda roja y un papel con las instrucciones. Tenia que poner los ganchos en el marco de una puerta a una altura determinada y luego colgar la cuerda roja y colgarme yo de la cuerda roja y hacer una serie de ejercicios todas las mananas. Bueno, aquello me parecia un poco ridiculo, pero yo era bajito y estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de dejar de serlo.
He dicho que empezaba a comprender un poco a mi padre y es verdad. Supongo que para entender a los demas hay que ponerse en su lugar, y eso fue mas o menos lo que me ocurrio a mi cuando conoci a Miranda. Esta claro que Miranda no era Estrella y que a mi Miranda me gustaba y Estrella no. Pero es que el amor es muy raro. ?Verdad que alguna vez habeis llegado a creer que la chica que os gusta tiene por fuerza que gustar a todo el mundo y que, por el contrario, la que no os gusta no encontrara a nadie en el universo dispuesto a hacerle un poco de caso? Tambien yo lo pense entonces, pero por poco tiempo, y lo que de verdad descubri fue que el amor de mi padre por Estrella era, o al menos habia sido, sincero y profundo. Si no, ?como explicar mi comportamiento con Miranda?, ?como explicar que hubiera acabado pareciendose tanto al de mi propio padre?
Digamos que algo habia cambiado y que ese algo no era mi padre. O sea que tenia que ser yo, mi actitud hacia el, mi antigua hostilidad. Vamos a ver. Imaginaos a mi padre en la cocina, fregando. Mi padre en la cocina hacia algo que yo no se si hace todo el mundo: separaba los cuchillos, los fregaba antes que el resto de los cacharros y, cuando los colocaba en el escurridor, lo hacia con sumo cuidado y dejando las puntas hacia abajo y los mangos hacia arriba.
– Acostumbrate a dejarlos asi -me decia-. Del otro modo, podriamos clavarnoslos o cortarnos.
Mi padre me decia eso y yo, cuando me tocaba fregar, hacia exactamente lo contrario, dejar los cuchillos con las puntas hacia arriba. Y no es que deseara que mi padre se cortara o se hiciera dano. No, eso no, pero la modesta amenaza que constituian esos cuchillos asi colocados me complacia de alguna extrana y oscura manera. Luego mi padre sacaba los cubiertos para poner la mesa y me decia:
– Los cuchillos. Los has vuelto a poner al reves.
Bueno, eso era antes. Ahora ya no tenia que decirmelo porque dejaba los cuchillos como el queria, y yo no se si os parecera una tonteria, pero eso tal vez quiera decir algo. Tal vez quiera decir que mi hostilidad hacia mi padre habia disminuido.
De hecho, yo ya casi ni me avergonzaba de el. Al menos no demasiado. Si disculpaba su actitud con Estrella, podia muy bien disculpar todo lo demas: sus manias, sus remilgos, ese afan suyo por parecer un hombre distinguido y con recursos, incluso sus contradicciones con lo del perro y la casa en propiedad. No se. Supongo que hay momentos en que tienes que decidir, o estas de un lado o estas del otro, y yo de golpe supe que inevitablemente estaba de su lado, del lado de mi padre, y que mi padre podia muchas veces ser ridiculo y absurdo pero era, como decirlo, era de los mios. El y yo estabamos del mismo lado. Estabamos juntos y estabamos solos. Como Sancho y don Quijote, ya os he hablado de ellos.
?Quereis saber en que momento cambio o empezo a cambiar nuestra relacion? Yo creo que fue durante nuestra disparatada huida con la caja registradora. Entonces mi padre cometio errores, pero fueron los mismos errores que yo habria cometido, y luego con la chiflada de Paquita hizo lo que tambien yo habria hecho, devolverla a su pueblo. Si, esa huida debio de cambiar nuestra relacion: no por casualidad fue entonces cuando el album de recortes de Patricia Hearst desaparecio de mi vida, y con el desaparecio tambien mi interes por aquella chica americana que se rebelaba contra su padre y por lo que aquella chica habia representado para mi.
Y, bueno, lo siguiente ya lo sabeis: Miranda, el amor, etcetera. Pero sobre esto todavia tengo algo que decir.
La octava cosa que supe de Miranda fue que su padre habia estado en Vietnam. Yo le habia regalado un absurdo exprimidor y ella llego una de esas tardes y me regalo un mechero, un Zippo que habia sido de su padre. En uno de los lados, en mayusculas, tenia grabada una frase, DON'T TELL ME ABOUT VIETNAM BECAUSE I'VE ALREADY BEEN HIERE, y en el otro, debajo de un extrano escudo formado por dos hachas, se veia un mapa de Vietnam con una serie de nombres, tambien en mayusculas: HANOI, HUE, DANANG, PLEIKU, ANKHE, QUINHON, BIENHOA, SAIGON, CAMAU. Yo no sabia mucho ingles ni mucha geografia, pero si lo suficiente para comprender que su padre habia estado en Vietnam.
Cuando me dio el mechero acababamos de jugar a la maquina. Aquel si que era un regalo valioso, no como el exprimidor de cuatro dolares. Era algo que a ella le habia regalado su padre o, mejor aun, que ella le habia robado para darmelo a mi, y yo dije
Paseaba mucho por la base, por las calles cercanas al club de golf, pero mis paseos tenian una finalidad concreta. Buscar un coche. Un Chevrolet rojo. Ese fue el unico modo que se me ocurrio de localizar su casa. ?Que por que no se lo preguntaba directamente a Miranda? Yo mismo no sabria explicarlo. No, desde luego no se trataba del habitual problema linguistico: estoy seguro de que al final habriamos conseguido entendernos. Yo creo que no se lo preguntaba porque temia que ella no quisiera decirmelo. Si, ya se que es una tonteria, pero, que
