desperte, la puerta de la habitacion estaba abierta. La mujer del hostal y dos hombres con aspecto de policias de paisano rodeaban la cama de mi padre y miraban como dormia. Los dos hombres con aspecto de policias de paisano eran policias de paisano, y mi padre tuvo diez minutos para darse una ducha y recoger sus cosas. Luego los dos policias se lo llevaron detenido.

5

Os hablare ahora de mi padre y su familia, del porque de su enfrentamiento. Ya sabeis que se trataba de un asunto muy antiguo, anterior incluso a mi nacimiento. Tambien sabeis que mi padre era medico forense. Trabajaba en aquella epoca en Bilbao, y por entonces los periodicos locales sacaron a la luz el caso de un hospital en el que varias personas habian contraido diversas infecciones por culpa de unas jeringuillas mal esterilizadas. Que aquello llegara a los tribunales se debio principalmente al hecho de que entre la docena y media de afectados estaba un hijo de un concejal. Entre ellos habia tambien una maestra, una joven maestra que habia acudido a vacunarse en ese hospital y habia resultado infectada de una enfermedad, no se exactamente cual. Correspondio a mi padre ocuparse de ese asunto, y ocurrio que fue a hacerle el examen medico a la joven maestra y que no pudo evitar enamorarse de ella.

Bueno, esas cosas pasan: un hombre joven conoce a una mujer joven, ella esta sola y desasistida, el la cita para nuevos analisis aunque estos puedan no ser necesarios y luego llega una tarde en que la cita solo porque si, porque su compania le resulta agradable. Para cuando fueron llamados al juicio podria decirse que mi padre y la maestra eran ya novios o algo parecido. ?Es eso delito? ?Es delito enamorarse? En otras cosas no, pero yo en esto estoy con mi padre: yo no creo que enamorarse sea delito. Sin embargo entonces hubo gente que si lo creyo.

Os estoy contando lo que ocurrio o, mejor dicho, lo que a mi mas tarde me contaron que habia ocurrido, y lo que a mi me contaron fue que mi padre redacto su informe y que en el informe se hablaba de enfermedades mas graves que las que en realidad aquellas personas habian contraido. Eso, en derecho, tiene un nombre, y ese nombre es prevaricacion, que, segun el diccionario, significa «dictar a sabiendas una resolucion injusta». ?Que es lo que mi padre pretendia con aquel informe suyo? Favorecer, sin duda, a esa gente, favorecer a esos enfermos entre los que se encontraba la mujer a la que amaba, y tratar de contribuir a que el hospital o la casa de seguros o quien fuera les indemnizara de un modo u otro. Asi expuesto, a lo mejor os pensais que lo que mi padre hizo fue algo muy gordo, un fraude o una estafa o algo asi, pero, por lo que yo se, esas cosas son de lo mas corriente. Quiero decir que todo el mundo que trabaja en los juzgados lo sabe y nadie dice nunca nada. Todo el mundo sabe que un medico forense dice siempre lo que conviene a quien le paga y que por eso cada una de las partes suele llevar a su propio medico. Mi padre, ademas, lo hacia por amor, no por dinero, pero eso no se le tuvo en cuenta.

Asi que mi padre acudio al juzgado y se encontro con otro forense que, punto por punto, fue rebatiendo ante el juez cada una de las conclusiones de su informe. Por su-puesto, la joven maestra estaba presente, y mi padre debio de ponerse muy nervioso al ver que aquel caso se estaba perdiendo y que con su intervencion solo estaba perjudicandola. Pero lo peor vino despues, cuando el otro medico se callo y el que hablo fue el abogado contrario. «Diga ser cierto», me dijeron que habia dicho, «diga ser cierto que usted y una de las demandantes mantienen una relacion de amistad intima.» Mi padre protesto pero el otro volvio a la carga: «Diga ser cierto que tal senorita y usted son novios, y que usted, como es logico, desea siempre lo mejor para ella…» El interrogatorio siguio desarrollandose en estos mismos terminos hasta que mi padre se harto y pego un golpe en la mesa e hizo ademan de agredir al abogado. Mi padre era entonces un hombre joven, mas impulsivo de lo que a vosotros y a mi nos pueda parecer, y de todos modos no le agredio. Solo avanzo hacia el con el puno cerrado, dio un par de pasos hacia el abogado y le llamo sucio y le llamo tramposo, y luego se detuvo y se llevo una mano a la cara, v supongo que en ese momento supo que acababa de cometer un grandisimo error: que aquel caso estaba perdido por su culpa y que tambien el lo estaba. Y, en efecto, se le abrio un expediente y se le inhabilito para el ejercicio de su profesion. ?Por cuantos anos? No sabria decirlo con exactitud. Los suficientes, en todo caso, para obligarle a cambiar de vida y convertirle en el perdedor que vosotros conoceis.

?Que os parece? ?Os parece justo? Supongo que estareis de acuerdo conmigo en que por amor se han hecho cosas mucho peores. Y supongo tambien que ahora os estareis preguntando que tiene que ver todo esto con la ruptura familiar. ?Pudo su familia volverle la espalda por una cosa asi? Bueno, cuando yo conoci a mi abuela, era solo una anciana enferma, pero por lo visto habia sido siempre una mujer de mucho temperamento. Me la imagino como la clasica madre intolerante, de esas que pueden aceptar el fracaso de los hijos de los demas pero no el de sus propios hijos. Y a sus ojos mi padre se habia convertido en poco menos que un delincuente.

De todas formas, la ruptura no se produjo entonces sino algo despues, cuando mi padre se presento en la casa de Vitoria acompanado de la joven maestra y anuncio que iban a casarse. Mi abuela entonces los echo de casa. «Esta mujer es la culpable de todo», me dijeron que habia dicho. «Si te casas con ella, nunca conseguiras liberarte de esa culpa», me dijeron tambien, y entonces mi padre, que podia ser mas joven y mas impulsivo pero tenia ya las mismas ideas sobre la dignidad, agarro a su novia por el brazo y se marcho. Sus unicas palabras fueron: «Nunca mas me volveras a ver.»

Eso fue lo que ocurrio antes de que yo naciera, y a lo mejor ya lo habeis adivinado. A lo mejor ya habeis adivinado que aquella joven maestra se llamaba Cecilia y que mi padre y ella se casarian y tendrian un hijo y que le llamarian Felipe. Aquella maestra joven y enferma me daria a luz al cabo de un ano, y no mucho tiempo despues moriria dejando viudo a mi padre y huerfano a mi. ?Y a que no sabeis de que murio? Pareceria una broma si no fuera tan triste. Porque mi madre murio de una enfermedad de higado, la misma curiosamente que el informe medico de mi padre habia intentado diagnosticarle en falso.

– ?Que tal estas? -dije-. Tienes buen color.

Era verdad, estaba muy moreno. Yo no recordaba haberle visto jamas tan moreno. Habiamos vivido mucho tiempo en lugares de playa, pero ya sabeis que nunca en verano, nunca en los meses en que la gente se tumba en la arena a tomar el sol.

– Muy buen color -volvi a decir.

Mi padre trato de sonreir. Llevaba tambien el pelo mas largo de lo habitual y una camisa blanca con los botones superiores desabrochados. A la altura del tercer boton le asomaba el extremo de la camiseta.

– El patio -dijo-. Aqui no tenemos nada mejor que hacer, y nos pasamos horas y horas en el patio.

Estabamos en el locutorio de la carcel y nos separaba un cristal de seguridad. Yo habia tenido que esperar casi una semana para poder hablar con el y ahora no sabia muy bien que decirle.

– Me ha traido Ernesto, el chofer -dije-. Me ha dicho que te manda un saludo.

– Ernesto -susurro mi padre, moviendo la cabeza, y yo menti:

– Todos te mandan un saludo.

Mi padre volvio a mover la cabeza.

– ?Y tu? ?Que tal estas? Esa ropa es nueva.

– Si -dije nada mas.

– Y te has cortado el pelo. -Si.

– ?Y tus tatuajes? Te los has borrado.

En ese momento no me apetecia dar explicaciones. Pregunte:

– ?Como es la gente ahi dentro?

– Ah, he tenido suerte. Son universitarios, sindicalistas, gente asi. Esto esta lleno de antifranquistas, presos politicos, y a mi me han puesto con ellos. ?Sabes por que? Te hara gracia. Porque me encontraron aquel viejo carnet de sindicalista, el que tu me diste, ?te acuerdas?

El del jubilado de la RENFE, claro que me acordaba. Por algun motivo aquello no me gusto y mis palabras sonaron como un reproche:

– Pero ?no lo habias tirado? No entiendo por que lo guardabas.

– Lo guardaba y ya esta. El policia que me lo encontro me dijo: «Y por si fuera poco, ademas eres rojo.» Supongo que esto complicara aun mas las cosas, pero de momento me ha venido bien. A los presos comunes casi ni los veo.

Permanecimos unos instantes en silencio. Cuando conoces bien a una persona piensas que podrias prever

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