todas sus reacciones. Yo esa historia del carnet jamas la habria podido imaginar: a lo mejor ese era el motivo de mi irritacion.
Animate. En el fondo no es tan grave.
Eso dijo mi padre, pero a mi me parecia que al que habia que animar era a el. Comento:
– Los comunes estan en otro pabellon. Esos si que llevan tatuajes de verdad, no como los tuyos.
Curioso. Mi padre solia decirme que con las calcomanias parecia un presidiario, y ahora era el el presidiario.
– Los tatuajes -prosiguio-. ?Por que te los has borrado?
Vaya, solo faltaria que acabaramos discutiendo por una cosa como esa, por mis calcomanias. ?No habia insistido siempre en que me las tenia que lavar? Ahora que por fin lo habia hecho parecia disgustado. No quise contestarle.
– ?Necesitas algo? El tio Jorge me ha dicho que el se encargara de todo. ?Que es lo que necesitas?
– Estoy bien. Basta con que se ocupe de ti hasta que yo salga…
– ?Quieres que venga alguien mas a visitarte? El tio Jorge ha dicho que le gustaria venir. Y la abuela…
Mi padre nego con la cabeza y me pregunto:
– Y a ti, ?que tal te tratan?
Me lo pregunto con tristeza, como si le doliera que aquella ropa nueva que yo llevaba me la hubiera comprado alguien que no fuera el. Supongo que tambien lo de las calcomanias le dolia por eso, porque el nunca habia conseguido hacermelas borrar y ahora de golpe se encontraba con que lo habia conseguido mi tio o mi abuela o quien- quiera que fuese.
– Bien -dije-. No me puedo quejar.
Mi padre echo un vistazo al reloj de la pared. Todavia nos quedaban unos minutos pero el no parecia tener la in- tencion de agotar todo su tiempo.
– Solo tu -dijo-. Solo quiero que vengas tu.
«Nunca mas me volveras a ver.» Esas habian sido sus palabras tantos anos atras, y en ese momento habia dicho adios a su ciudad e iniciado su vida itinerante. ?Habria vuelto alguna vez si las cosas hubieran sido de otro modo? Imaginemos que hubiera triunfado en los negocios y se hubiera hecho millonario. ?Habria vuelto para mostrar a su madre y a los demas hasta donde habia sido capaz de llegar por si mismo, sin la ayuda de nadie? Es posible, mi padre era un hombre orgulloso, y la gente orgullosa suele ocultar sus fracasos pero exhibir sus exitos. A mi me dan un poco de pena los que son como el, los que han nacido para ser ricos pero luego no lo son. ?De que le sirve el orgullo a un pobre? De nada, absolutamente de nada. Si mi padre no hubiera sido educado para ser orgulloso ni para tener esas ideas suyas sobre la dignidad, seguro que todo le habria ido mejor, seguro que habria sabido salir adelante por sus propios medios y que se habria despreocupado de lo que su familia o sus paisanos hubieran podido opinar.
Pero todo eso que importaba ya. La realidad era que mi padre se habia ido de Vitoria para purgar un error y que ahora, dieciseis anos despues, regresaba convertido en un vulgar delincuente. ?Quien le habria dicho entonces a el que, al cabo de todos esos anos, volveria a poner el pie en su ciudad y que automaticamente seria detenido y encerrado en la carcel? «Su pasado», pense, «su pasado es lo que de verdad nos ha estado guiando todo este tiempo…» Si yo en alguna ocasion habia pensado que secretamente seguiamos los pasos de Estrella, ahora me daba cuenta de que no era asi. En aquel momento tenia la sensacion de haber llegado al final de un largo viaje y me parecia que todo eso es- taba escrito en nuestro destino desde hacia mucho tiempo. Quiero decir que nuestros pasos habian estado siempre en- caminados hacia alli, hacia el pasado de mi padre y hacia su familia y su ciudad y hacia esa carcel determinada, y que todo lo demas habian sido etapas previas que habiamos tenido que superar para llegar a ese final. Lo que a mi me parecia era que nada habia sido producto del azar. Habiamos seguido los pasos de Estrella porque era ella la que debi» conducirnos a Paquita, y habia aparecido Paquita porque sin ella no habria habido ni negocio de los telefonos ni base americana, y habiamos tenido que huir de Zaragoza en mitad de la noche porque era la unica forma de que llegaramos como debiamos llegar a donde debiamos llegar.
Para mi aquello era un viaje de ida. Para mi padre habia sido un viaje de vuelta, y los viajes de vuelta siempre tienen un final.
Pero todavia no os he dicho por que habian detenido a mi padre. No fue por lo del telefono. Tampoco por lo de la caja registradora. Fue por un delito del que yo entonces no sabia nada. En la base de Zaragoza habia comprado dos o tres de aquellos cochazos de los americanos con la intencion de venderlos entre sus clientes espanoles. Pero un coche no es como una lavadora. Un coche hay que matricularlo, y en aquella epoca resultaba caro y complicado conseguir una matricula espanola para un coche extranjero. Habia, sin embargo, funcionarios que, a cambio de una pequena comision, agilizaban y abarataban los tramites, y mi padre no lo dudo. Se planto en el despacho de uno de ellos y le expuso su caso. Lo que el no sabia era que ese funcionario estaba siendo objeto de una investigacion y que, si le atendio o fingio atenderle con tanta amabilidad, fue porque necesitaba desviar las sospechas y lavar su imagen. Aquel hombre acepto el dinero y reunio las pruebas contra mi padre y le denuncio por intento de soborno, y lo que yo pense al enterarme de todo esto fue: «?Para que meterse en este lio? ?Para que lo de los coches? ?No podia haberse conformado con las neveras y los productos no perecederos?» Me acorde de lo que el mismo habia dicho una vez, que hacer cosas malas no siempre te convierte en malo, y me dije que quiza fuera verdad pero que, en todo caso, mi padre habia cometido ya varios delitos y que alguno de ellos, no sabria decir cual, habia sido el que le habia convertido en un delincuente. Fracasado, pero delincuente. Mi padre habia sido un negociante fracasado y ahora era un delincuente fracasado. Habia cruzado el umbral que separa a la mayoria de la gente de quienes no son como la mayoria, y yo me preguntan si tal vez no seria ya demasiado tarde para volver atras.
– Tienes que hacerte un plan del dia -dijo mi tio-. Todas las noches, antes de acostarte. Un plan del dia para el dia siguiente: primero tal cosa, luego tal otra, y por la tarde esto, aquello y lo de mas alla. Asi el tiempo se va llenando de sentido. Asi el dia avanza hacia su cumplimiento, hacia su perfeccion, y uno percibe que las horas no pasan en balde.
Este era el tipo de cosas que solia decir mi tio Jorge, el hermano de mi padre. Ahora se que todo eso no son mas que gilipolleces, pero entonces no lo sabia y, de hecho, llegue a creer que esas cosas las decian todos los padres normales de todas las familias normales.
– Ya lo sabes. Un plan del dia. Esta misma noche tienes que tener hecho el de manana.
Yo creo que a mi padre le habria gustado ser como el, como su hermano. Mi tio se parecia bastante a mi padre, que se parecia bastante a Frank Sinatra, pero mi tio no se parecia en nada a Frank Sinatra. Mi padre y mi tio se pare- cian bastante, pero mi tio era mas alto y mas fuerte y en todo momento desprendia un aire de autoridad y confianza en si mismo. Dicho de otra manera: las frases y los gestos que en mi padre parecerian impostados, en el parecian naturales y autenticos. ?Os imaginais a mi padre hablando del plan del dia y de su cumplimiento y de que las horas no pasan en balde?
Habia sido mi tio Jorge quien me habia ido a recoger a la habitacion del hostal. A mi padre lo habian detenido y yo llevaba cinco o seis horas solo, tembloroso, esperando no sabia que o a quien. Reconozco que en todo ese tiempo no habia hecho otra cosa que cargarme de rencor contra mi padre, que para mi era el culpable de que nos encontraramos asi, el en comisaria y yo en aquella habitacion, sin saber que iba a ser de mi, si tal vez no acabaria mendigando por las calles y protegiendome del frio en el interior del Tiburon. Me sentia desvalido como un nino pequeno, y si entonces no me eche a llorar no fue porque no lo necesitara sino porque yo nunca lloro. Esa era tambien una de las cosas que no podia perdonarle.
Llego mi tio. Me miro de arriba abajo y senalo las calcomanias de mis brazos.
– Date una ducha y lavate todo eso -dijo.
Asi lo dijo. Era una orden, y basta. Y mientras yo me duchaba y me frotaba las calcomanias el hizo unas cuantas llamadas, y al cabo de un rato aparecieron por aquella habitacion un peluquero, un hombre con no se cuantas cajas de zapatos, otro con dos grandes maletas llenas de ropa. A mi mi tio no me habia consultado nada pero tampoco a los otro» les habia consultado, y ellos obedecian y yo me dejaba hacer. Uno me hacia probar camisas y pantalones, otro me ponia y quitaba zapatos, y el peluquero mientras tanto me metia la maquinilla hasta el cogote y me decia que no me moviera, Mi tio, ademas, llamo a la mujer del hostal y le dijo que me subiera algo de comer, que debia de estar muriendome de hambre. Yo no se si me estaba muriendo de hambre o no, pero me pusieron delante un plato con carne, croquetas y un huevo frito, y me lo comi todo en dos bocados, mientras todavia un hombre me ponia y quitaba zapatos y otro me echaba laca en el pelo y me peinaba.
