Yo abri la ventanilla sin responder y eche un escupitajo sobre un arbol cercano: ?que podia yo hacer con el?
– Mano dura es lo que necesitas -anadio-. Disciplina. Tienes que descubrir de una vez por todas lo que es la disciplina. Yo nunca he sido partidario de los internados, pero tampoco tu me dejas muchas opciones…
Un internado, lo que me faltaba por oir. Yo encendi la nidio del coche y volvi a escupir por la ventanilla.
Puede pareceros que era injusto con mi padre, pero tratad de comprenderme. A todo lo que os he dicho que entonces le echaba en cara hay que anadir una cosa mas, la principal: habia perdido definitivamente a Miranda. Si, ya se que buena parte de la culpa me correspondia a mi, pero yo todavia me aferraba a la esperanza de volver a ver algun dia a Miranda, y en eso si que mi padre tenia algo de culpa. Porque todavia no os lo he dicho, pero habia otra cosa que habia cambiado en nuestras vidas: desde que nos mudamos al piso de Torrero, nadie habia venido por nuestra casa para llamar por telefono.
– ?Quieres dejar de escupir? ?Quieres prestarme un poco de atencion y dejar de escupir?
Sacudi la cabeza y deje de escupir. Habiamos cambiado •Ir casa, y con eso no solo habiamos dejado de ser vecinos (Ir la academia de ballet sino que ahora ya nadie nos visitaba para llamar por telefono. Y yo os pregunto: ?como poli en esas circunstancias, conservar la esperanza de volver a ver alguna vez a Miranda?
– Bueno -dijo mi padre, ya en el portal-. ?Me vas a contestar? ?Vas a decir algo?
– Necesito dinero -dije-. ?Podras llevarme a la base a recoger pelotas de golf?
Mi padre me miro como si ahora fuera el el que quisiera escupir. Subimos al piso y yo me encerre en el cuarto de bano para pensar en Miranda y masturbarme. Me habia convertido en un repugnante pajero, y tambien de eso le echaba la culpa a mi padre.
Si uno desea algo con toda su alma, nunca pierde del todo la esperanza de poseerlo. Eso al menos me pasaba a mi, y ya sabeis que, incluso ahora que yo no soy el mismo y que mi deseo tampoco lo es, no he renunciado completamente a la posibilidad de encontrarme algun dia con ella, con Miranda. No se. Supongo que la esperanza es algo irracional, como el amor mismo, y yo creo que entonces habria conservado la esperanza de volver a verla aunque alguien me hubiera dicho que ella y su familia habian regresado a America o que la habia matado un camion a la salida de la clase de ballet. Yo entonces tenia quince anos y mucho tiempo por delante, y cuando se tienen quince anos y tanto tiempo por delante no se piensa que algo, lo que sea, haya ocurrido por ultima vez y que ya nunca mas volvera a ocurrir. ?Podia ser que, despues de haber averiguado esas nueve cosas que supe de Miranda, estuviera condenado a rendirme ante esa decepcionante decima cosa que supe de ella? ?Por que mi aprendizaje sobre Miranda debia detenerse ahi? ?Por que no regresar hasta la novena cosa y entonces rectificar y reanudar ese aprendizaje en otra direccion? Esas eran algunas de las preguntas que yo me hacia, fijaos que absurdo y retorcido es el amor, y el caso es que por las mananas, mientras mi padre se colgaba del telefono para buscar un internado en el que quisieran admitirme, yo me colgaba literalmente de la cuerda roja y los ganchos del «Taller & Taller New System» y sonaba con los diez centimetros prometidos por la publicidad. Queria ser mas alto, pero queria serlo por Miranda, por si de verdad algun dia volvia a encontrarme con ella.
Imagino lo que estais pensando. Estais pensando: «Si ya nadie iba a vuestra casa a poner conferencias, ?de que viviais ahora tu padre y tu?» Una cosa que no se puede negar es que mi padre tenia mentalidad de negociante. Fracasado, pero negociante, y en cuanto tuvo acceso a la base americana empezo a darle vueltas a la posibilidad de hacer negocios.
– ?Como se han hecho las grandes fortunas de este siglo? Muy sencillo -decia-. Todo consiste en comprar barato y vender caro. O, lo que es lo mismo, comprar donde es barato y vender donde es caro. Esa es la base del negocio de las importaciones. Los profesionales lo llaman
Los profesionales lo llamarian
– En este momento, el cambio del dolar no puede ser mas ventajoso. Puedo comprar a precios americanos y vender a precios espanoles. O incluso inferiores: aun asi el negocio es seguro. Pero lo que cuenta no es solo el precio. Lo que cuenta es la calidad, ?y quien puede negar que en eso los americanos nos llevan siglos de ventaja?
Lo probo primero con la carne. Por medio de Felix y del autoservicio del club de golf consiguio comprar una importante partida de carne americana. Me enseno unos papeles:
– Fijate. Estos son los certificados de sanidad. ?Esta carne ha sido examinada cientificamente! ?Cuando se ha visto en Espana una cosa igual? Para otras cosas no, pero para esto los americanos son muy serios.
Tenia la carne, tenia los certificados. Ahora solo faltaban los compradores. Fuimos en el Tiburon a un restaurante del centro de Zaragoza. En el asiento de atras llevabamos media docena de fiambreras con diferentes muestras de carne americana. Mi padre cogio las fiambreras, cogio los certificados y dijo:
– Me la van a quitar de las manos.
Bueno, en ese restaurante no quisieron ni hablar con mi padre, y tampoco en el siguiente ni en el siguiente ni en ninguno de los supermercados por los que pasamos con nuestras fiambreras y nuestros certificados.
– Dicen que como saben ellos que esta carne no es robada. ?Pero es que no ven los papeles? Tampoco hace falta saber mucho ingles…
En fin, un desastre. Volvimos a la base y mi padre trato de llegar a un acuerdo con el del autoservicio.
– Nada -le oi decir al cabo de un rato-. Dice que tiene los congeladores hasta los topes y que esta carne no la quiere ni regalada. Pero ?es que todo el mundo se ha vuelto vegetariano de repente? ?Nos la vamos a tener que comer toda nosotros?
Asi fue, en efecto. Estuvimos diez dias comiendo carne, solo carne, carne con la comida, carne con la merienda, carne con la cena, y al final tuvimos que tirar a la basura mas de treinta kilos porque estaban ya florecidos y olian a perro muerto.
– He aprendido la leccion -dijo mi padre-. Mientras no tenga una buena agenda de clientes, hay que renunciar a hacer negocios con productos perecederos.
Eso parecia sensato. A los pocos dias una furgoneta de la empresa FEGIX se detuvo delante de nuestra casa, y apenas media hora despues eran tantas las cajas apiladas en el cobertizo de atras que no habia ni sitio para jugar a la maquina. Abri una de las cajas. Estaba llena de latas de pipas peladas. En otra habia grandes botes de caramelo liquido de la marca «Log Cabin». En las demas habia botellitas de salsa, sopas enlatadas: cosas asi.
– Productos no perecederos -resumio mi padre, concluyente.
Aquello funciono algo mejor que la carne. Hubo al menos tres tiendas de comestibles que aceptaron tener en deposito los productos no perecederos, y mi padre solo tenia que dejarse caer por ahi una vez a la semana para que le liquidaran las ventas y le hicieran el nuevo pedido.
– Pero se me esta ocurriendo algo mejor -dijo un dia.
?Os acordais de aquella vez que le regale a Miranda un exprimidor? Mi padre descubrio que el verdadero negocio estaba ahi, en comprarles a los americanos que se marchaban todas aquellas cosas que no fueran a llevarse consigo. Ni siquiera esperaba a que las llevaran al bunker del mercadillo y las pusieran a la venta. Mi padre se enteraba de quienes iban a abandonar proximamente la base y se presentaba en sus casas para hacerles una oferta.
– Si se resisten a vender, peor para ellos -decia mi padre con un guino de astucia-. El tiempo corre a mi favor. Los dias pasan, y ellos ven que el viaje se les esta echando encima y que no han vendido casi nada. Entonces me llaman y aceptan lo que yo quiera darles.
Aquello le fue bastante bien. Las neveras de los americanos solian ser buenas, mejores que las espanolas, y estaban bien conservadas. Y el resto de las cosas, lo mismo. Entonces mi padre ponia un par de anuncios en el periodico y vendia todo aquello por mucho mas dinero del que le habia costado. Gracias a eso volvimos a tener television. Y no una. A veces dos o hasta tres televisiones. Y tambien neveras, lavavajillas, tocadiscos. Luego, de golpe, no teniamos nada porque habian llegado unos compradores y se lo habian llevado todo. Aunque en realidad nunca teniamos nada porque nada de eso era nuestro. Nunca habiamos tenido nada que fuera de verdad nuestro y parecia que nunca lo tendriamos.
De golpe las cosas no le iban nada mal a mi padre. Si nos mudamos al piso de Torrero fue porque nos cortaron el telefono, pero tambien porque a mi padre le hacia falta un sitio donde guardar las neveras y las televisiones y las cajas de productos no perecederos. Aquella mudanza fue la mas complicada de todas. Tuvimos
