algun motivo yo siempre habia creido que me parecia mas a mi madre que a mi padre. Que, de hecho, no me parecia a mi padre en absoluto. No se. Era como si yo hubiera elegido ser hijo de mi madre, de esa madre muerta de la que apenas sabia nada, y no de mi padre. Como si lo esencial para mi fuera esa vida que no habia podido vivir junto a mi madre y considerara, en cambio, como algo accidental la vida con mi padre, la que de verdad habia vivido.

Benita me contaba algunas de las travesuras infantiles de mi padre y me decia que me parecia a el incluso en la manera de andar y de moverme, y yo le escuchaba en silencio y luego preguntaba o queria preguntar:

– ?Y mi madre?

Ella, claro, ni siquiera la recordaba.

Ya he dicho que algunas tardes acompanaba a mi abuela a los inaguantables rosarios del padre Apellaniz. Ibamos en silencio, mirando cada uno por su ventanilla. Una de esa» tardes, cuando ya habiamos recogido los papeles de las recaudaciones, mi abuela se volvio de repente hacia mi y dijo:

– Tu hermano me ha dicho que ayer no fuiste a clase…

Dijo esto y luego me observo con extraneza. O tal ven con decepcion. No era yo el que tenia que estar ahi en ese momento. Era mi padre, treinta anos antes.

?Quereis que os diga lo que pienso? Que mi abuela durante muchos anos habia estado esperando a que mi padre le pidiera perdon. Era todo una cuestion de orgullo, y seguramente el asunto habria quedado olvidado en cuanto uno de esos dos orgullos hubiera cedido ante el otro. Entonces ?en que consistia el verdadero error de mi padre? ?En ser orgulloso? ?Pero si el orgullo lo habia recibido precisamente de ella, de su madre! Bueno, ya sabeis lo que pienso yo del orgullo. Que es una completa estupidez que no sirve de nada, maldito sea el que lo invento.

?Que mas quereis que os cuente sobre mi estancia en Vitoria? En mi memoria esa ciudad ha quedado asociada a la religion y a los curas. Al padre Apellaniz y su coro de chicos sonrientes, a los rosarios de mi abuela, a la bendicion de la mesa antes de las comidas… Recuerdo que todos mis parientes de Vitoria se santiguaban al salir de casa y que yo algunas veces estuve tentado de hacer lo mismo para no sentirme diferente. Yo no era feliz alli. Si alguna vez os dais cuenta de que haceis algo solo por no sentiros diferentes de los que os rodean, eso quiere decir que no sois felices.

La television en color no da la felicidad, os lo puedo asegurar. Y os aseguro tambien que, por grande que sea la curiosidad que algo haya podido despertar en vosotros, luego no dura mas alla de unos dias o unas semanas. Si, yo siempre habia querido conocer a mi abuela y a mis tios y a mis primos y visitar la ciudad de mi padre y estar en la casa en la que habia nacido. Bueno, todo eso ya estaba, y ahora yo solo deseaba largarme. Lo he dicho antes: aquella vida no era mi vida.

Volvi a mi puzzle. Volvi a sonar con irme. Con irme a Paris o a Berlin o a cualquier sitio, pero lejos de ahi.

Un dia me acorde de las cajas de productos no perecederos y de las otras cosas que se habian quedado en el Tiburon. Todo aquello tenia un valor, por pequeno que fuera, y no habia ningun motivo para que no tratara de encontrarle comprador. El televisor se lo vendi a un ropavejero por ocho mil pesetas; seguramente me habria pagado algo mas si no hubiera creido que era robado. Para vender los botes de caramelo liquido tuve que recorrerme todas las pastelerias de la ciudad, y al final encontre una pastelera gorda que, mas por caridad que por otra cosa, accedio a comprarmelos todos.

En lo que mas esperanza habia depositado era en las latas de pipas peladas, porque en aquella epoca no habia pipas asi en Espana. Lo intente primero en quioscos y cafeterias y luego en supermercados y tiendas de alimentacion, Lo intente en todos los comercios en los que uno podia pensar que venderian pipas. Pero nadie queria mis pipas peladas, y solo en el bar de la estacion hubo un hombre que se intereso por ellas. Ni siquiera era un camarero. Era un hombre que estaba tomandose un carajillo en la barra y parecia algo borracho.

– Tu traeme todas las latas que tengas -me dijo-. Y nos vemos aqui dentro de una semana. Entonces te dare tu parte.

– De acuerdo -dije-. Ahora vuelvo.

Por supuesto no volvi. Estaba claro que aquel hombre pretendia robarme mis pipas peladas, y eso yo no lo iba a consentir de ningun modo. No se trataba solo del dinero Habia algo mas. Yo estaba terminando algo que mi padre habia dejado a medias. ?Me estaba convirtiendo en algo como una prolongacion de el, de mi padre? Es posible, pero supongo que esas cosas les ocurren a casi todos los hijos con respecto a sus padres.

Al final, los unicos sitios en los que no habia probado eran las cafeterias de los cines. Entre en una de ellas. La taquillera me saludo con una de esas sonrisas que ya conocia, El camarero, sin embargo, no sabia quien era yo y me dijo que en ese cine no estaba permitido comer pipas.

– Lo dejan todo perdido con las cascaras -dijo.

– Pero estas pipas son peladas -dije.

– Me da lo mismo. No esta permitido.

Cuando sali de alli habia gente esperando para la siguiente sesion.

– Pipas peladas, novedad en Espana -dije-. ?Quieren una lata de pipas peladas?

Vendi cuatro o cinco latas ante la mirada aturdida de la taquillera. Luego toda ese gente se metio en el cine y aparecio el viejo Mercedes negro conducido por Ernesto. Mi abuela abrio la ventanilla para coger el papel de la recaudacion y me hizo una sena con la empunadura del baston. Me meti en el coche. La taquillera le habia contado ya todo, y ella no hizo otra cosa que mirarme a los ojos y mirar la caja en la que llevaba las latas de pipas peladas. Yo pense: «Otra vez ha vuelto a algun episodio del pasado. Otra vez esta viendo en mi a mi padre.» A mi esos regresos mentales al pasado me daban un poco de miedo, y por eso la llame abuela.

– Abuela -dije-. Quiero vender esto. Son pipas peladas, novedad en Espana. Dile al de la cafeteria que me las compre.

A ella no podia gustarle que un nieto suyo mendigara a la puerta de uno de sus cines.

– Abuela -insisti-. Dile que me compre todo esto. Y dile tambien que tengo mas.

Mi abuela, en efecto, hizo que Ernesto llamara al encargado de la cafeteria, y este vino y me compro todas mis latas de pipas peladas.

– Manana traere las que faltan -dije.

Aquella tarde acompane a mi abuela a su rosario, y luego fui al Tiburon y saque todas las cajas que quedaban en el maletero. Debajo de todas ellas encontre una funda de plastico con unos documentos de mi padre. Pero de esto os hablare un poco mas tarde.

El tio Jorge y el padre Apellaniz fueron a la carcel a visitar a mi padre. A mi me lo dijo este ultimo, el padre Apellaniz.

– He ido a ver a tu padre -me dijo-. Le he dicho que lo sacaran pronto, uno de estos dias. Al menos eso es lo que he podido averiguar. Yo tengo amigos en todas partes.

Me dijo eso y me dijo tambien que el tio Jorge queria ayudarnos economicamente. Que mi tio era un hombre generoso y que tenia un corazon grandisimo. Que estaba dispuesto a darnos dinero para que iniciaramos una nueva vida.

– Pero, ?corcho!, tu padre es un insensato -anadio-, ?Que te parece? Ha dicho que no quiere ni oir hablar de eso. Que tiene entre manos un negocio muy importante y no necesita la ayuda de nadie… ?Tu padre! ?Que nuevo negocio sera ese?

Me molesto el tono del padre Apellaniz. Hablaba de mi padre como de un vulgar estafador y, aunque eso se parecia mucho a la realidad, habia algo en aquel tono que me molestaba.

– ?Tu que piensas? -me pregunto.

– Yo no pienso nada -dije, pero pensaba que mi padre habia dicho lo que tenia que decir.

Claro que a mi padre no podia decirselo asi. A mi padre tenia que llevarle la contraria. Fui a verle al dia siguiente.

– ?Y por que no? -le pregunte-. ?Por que no coger el dinero y largarnos? Es dinero. ?Dinero! ?Lo que tu siempre has buscado! ?Lo que todo el mundo necesita para comprar comida y comprar ropa! Solo tienes que decir si y ese dinero sera tuyo. ?Cual es la unica condicion? Que te vayas, que nos vayamos de Vitoria. ?Y que ocurre? ?Es que ahora te quieres quedar? No, claro que no. Nos vamos a ir, y ese dinero nos lo dan para que nos vayamos. ?Por que no cogerlo?

– No puedo hacerlo…

– Pero ?por que?

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