Bueno, a lo mejor he exagerado cuando he dicho que cantaba a todas horas y en todas partes. Lo cierto es que por la tarde solia tumbarse en el sofa a hojear sus revistas de decoracion y comer bombones de licor. Comia tantos que acababan sentandole mal y se ponia a hipar como una endemoniada. Nunca he visto a nadie que hipara como ella. Sus hipos eran lo mas parecido a un movimiento sismico: el epicentro se situaba en un lugar indeterminado en el interior de su inmensa cavidad toracica, y de alli brotaba un espasmo descomunal que recorria su organismo entero, subiendo primero hacia la coronilla y descendiendo despues hasta los dedos de los pies, y sacudiendole, por este orden y con energia decreciente, las enormes tetas blandas, la papada, la melena rubia tenida, otra vez las tetas, para seguir con la tripa y el culo y acabar agotandose en los muslos y las pantorrillas. No te podias sentar a su lado cuando se ponia asi. Yo, al menos, no: tenia la impresion de que ese terremoto se comunicaba a los muelles del sofa y a las baldosas del suelo, y de que desde alli las ondas sismicas se repartian retumbando por la habitacion y llegaban como amplificadas hasta la vitrina de la pared, donde la vajilla que mi padre compro como recuerdo de Benidorm temblaba levemente y emitia un ultimo tintineo de desaprobacion.

– Perdon -decia ella entonces, tapandose la boca con la mano, pero eso no habia manera de perdonarlo.

Las revistas que Estrella leia se llamabanEl hogar y la moda y El mueble espanol. Ella sonaba con llegar a ser algun dia rica y famosa y con tener una casa como las de las fotos.

– Fijate que salon, que dormitorios… ?Pero si son tan grandes como todo este apartamento! -exclamaba, volviendo la revista hacia el sillon en el que suponia que yo estaba-. ?Que te pareceria, eh? ?Que te pareceria vivir en una casa asi?

– ?Esas casas son una gilipollez, y los que viven en ellas unos gilipollas! -contestaba yo desde mi cuarto, desde la litera de arriba, que era donde me tumbaba cuando no queria dormir sino solo dejar que el tiempo pasara.

Una vez la vi llorar por una de esas casas de las revistas. Esa tarde no me habia movido de ese sillon, el sillon en el que nunca estaba cuando se suponia que estaba, y de repente oi un sollozo entrecortado y vi como Estrella se sacaba el panuelo de la bocamanga para enjugarse las lagrimas. El suyo fue un llanto prolongado y silencioso, casi placentero, y yo contuve la respiracion porque esas cosas me ponen nervioso: poca gente podra decir que me ha visto llorar.

Estrella empezo a moquear y se sono ruidosamente. Luego solto un hipo, agito la cabeza y acaricio la pagina con delectacion. Claro, ella creia que estaba sola, y justo eso es lo que yo hubiera querido. Yo seguia ahi, en el sillon, sin mover una ceja y sin entender lo que ocurria. Entonces Estrella se incorporo un poco en el sofa y de alguna extrana manera advirtio mi presencia. Se volvio hacia mi y me tendio su revista. Estaba abierta por una pagina en la que se veia un cuarto de bano con las paredes de marmol y una inmensa banera triangular en una esquina. Yo la interrogue con la mirada.

– Sensibilidad, Felipe, sensibilidad -me dijo-. No puedo evitarlo. La belleza siempre me ha hecho llorar. Empiezo con escalofrios y al cabo de un rato estoy llorando a moco tendido… Por eso se que nunca me equivoco cuando estoy ante una obra de arte.

?Un lavabo? ?Un lavabo podia ser una obra de arte?

Eche un nuevo vistazo a la foto y le devolvi la revista. Estrella cerro los ojos con emocion y sonrio.

– Te has vuelto loca -le dije, pero se lo dije con carino. Lo cierto es que en aquel instante me daba un poco de lastima, con tanto lagrimeo y tanta sensibilidad.

Habia una cosa que me gustaba de Estrella: que jamas me renia ni me daba ordenes ni me pedia explicaciones. Todo lo contrario que mi padre, que cada dos dias me venia con alguno de sus sermones.

– Empezaste como era de esperar, haciendo tu numerito de todos los anos -me decia con ademanes de persona que no se escandaliza por nada.

Se referia al episodio de Maranon y el vestuario. El lo llamaba asi, mi numerito de todos los anos, y yo me encogi de hombros igual que habia hecho en las ocasiones anteriores.

– Esta tarde han vuelto a llamar -prosiguio-. Supongo que sabras la razon…

– Ni idea.

Estabamos viendo la television. Ponian una pelicula con James Mason o con Laurence Olivier, siempre los confundo. Estrella me trajo uno de esos horribles yogures que hacia con la yogurtera y lo revolvio con una cucharilla. Yo, sin probarlo, lo deje sobre la mesita. Mi padre se froto el puente de la nariz como suelen hacer los que llevan gafas. Pero mi padre nunca ha llevado gafas.

– Me han mandado el parte de asistencias y has faltado la mitad de los dias.

Dijo esto y luego se me quedo mirando como quien espera una respuesta. Yo, sin embargo, no dije nada. Me levante un momento del sofa y subi el volumen de la television. Esa era una de las cosas que mas le irritaban. Le oi tragar una larga bocanada de aire.

– Tal vez se hayan equivocado, no lo se. Tal vez me hayan mandado las faltas de otro chico… -agrego.

«Tal vez», asenti yo con un gesto. Mi padre trato de sonreir y Estrella intervino desde la cocina:

– Cuando yo lo llevo, seguro que no falta.

Mi padre ni se inmuto, y yo sabia que ahora volveria a las gilipolleces de siempre, a lo de que me encontraba en una edad delicada, a lo de que no se nos podia tratar a todos como si fueramos iguales.

– Yo, a tus anos, era tambien muy reservado -continuo-. Y muy rebelde. ?Quieres que te diga un secreto?

Yo negue con la cabeza pero igualmente mi padre me conto no se que sobre una gamberrada que habia hecho muchos anos atras, algo con unas chinchetas o unos clavos o algo asi. Yo estaba temiendo por la vida de James Mason o Laurence Olivier, al que en ese instante encanonaban con una pistola, y mi padre me hablaba de unas chinchetas y de la persona en cuyo culo se habian clavado esas chinchetas.

– Fui a verle y le dije: «He sido yo, lo siento.» Y el, ?sabes que hizo? Me dio la mano. Como a un hombre, como a una persona mayor.

Estrella se sento a mi lado y en un susurro me pregunto si no me apetecia el yogur. Me dijo que esa vez le habian salido espesos, como a mi me gustaban, y luego solto un hipo.

– «Si tienes edad para ser libre, tambien la tienes para ser responsable», dijo. Fue una gran leccion -afirmo mi padre, satisfecho de si mismo y de su pasado.

Al final no hubo ningun disparo en la television, y de lo que mi padre decia yo solo percibia unas cuantas palabras, casi todas terminadas en -ad: libertad, responsabilidad, dignidad. Su discurso era como los ripios de un poeta con pretensiones.

– El dinero, la fama, el poder… La dignidad no tiene nada que ver con eso. La dignidad es otra cosa.

La dignidad, la dignidad: ya os hablare de mi padre y de su famosa dignidad. Entonces el me miro a los ojos y se enfado conmigo porque yo no le miraba.

– ?Me lo prometes? -me pregunto muy solemne-. ?Me prometes que no volveras a faltar?

– Te lo prometo -dije, todavia sin mirarle.

En ese momento Estrella solto otro hipo, y mi padre se volvio rabioso hacia ella:

– Has vuelto a beber, ?verdad? ?Y asi quieres llegar a ser una gran cantante? ?Una grandisima borracha! ?Eso es lo que acabaras siendo!

Estrella juro que no habia bebido y era verdad. Lo unico que habia hecho era zamparse una caja entera de bombones de licor.

Al dia siguiente volvi a faltar al colegio. Supongo que seria un martes o un jueves, que eran los dias en que Estrella no me llevaba en el Tiburon. Los martes y los jueves me levantaba a la hora debida, desayunaba cualquier cosa en la cocina y luego me echaba a correr hacia la parada del autobus. Lo normal, sin embargo, era que me detuviera a medio camino y me sentara en la arena a mirar el mar. Os parecera una tonteria pero eso era todo lo que hacia, mirar el mar, y asi me encontraba a gusto. Escuchaba la voz de las olas: bueeeno, bueeeno, vaaamos… Las veia acercarse y crecer y acabar rompiendo contra la orilla, y luego escogia una de ellas y perseguia su regreso con la mirada y, aunque enseguida la perdia, yo sabia que esa ola no habia desaparecido, que no se habia ido del todo, y que mi pensamiento podia viajar con ella hacia algun sitio mejor y mas dichoso, hacia una playa desconocida en la que tal vez hubiera alguien que me estuviera esperando. Y habia momentos en los que en efecto tenia la sensacion de estar viajando, pero viajando como en los suenos felices, sin esfuerzo, sin cansancio, deseoso unicamente de prolongar ese viaje el mayor tiempo posible. ?Sabeis una cosa? Yo creo que la felicidad tiene musica de trompeta. Yo al menos, cuando me sentia arrastrado hacia aquellas playas remotas, acababa oyendo una melodia suave, calida, susurrante, casi humana, y aunque luego habria sido incapaz de

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