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La relacion de mi padre con Estrella no podia durar mucho. Ninguna habia durado demasiado. Y los motivos de la ruptura solian ser autenticas nimiedades. Con Vicky rompio por una simple camisa, porque Vicky se olvido la plancha encendida sobre una de sus camisas. «?Mi mejor camisa!», decia el, como si eso cambiara mucho las cosas. Con Marisa rompio por un raton, porque un dia nos la encontramos subida a la encimera de la cocina, gritando desesperada que habia visto a un raton meterse detras de la nevera. «?Como puede alguien ponerse asi por un ratoncito?», comentaba con irritacion.

Lo que yo creo es que mi padre seguia siendo, a su manera, un viudo desconsolado. Si, le gustaba llamar a unas y a otras, invitarlas a cenar, llevarlas a dar una vuelta en el Tiburon. Le gustaba comportarse como un joven soltero, como alguien que jamas habia convivido con otra mujer, pero luego el las traia al apartamento para que me conocieran y ya nada era lo mismo. No se. Era como esos liquidos de los juegos de quimica que cambian de color en cuanto tocan una superficie determinada. Esas mujeres cambiaban al contacto conmigo. Hasta ese momento habian sido sus novias o sus amantes, alegres companeras de sabado por la noche; a partir de ese momento el de algun modo les exigia que estuvieran a la altura de mi madre o del vacio que ella habia dejado.

Muy pocas superaban la prueba, y ya os he contado lo de Vicky y Marisa: las que lo conseguian acababan cansandole despues de dos o tres meses. Eso a mi me parecia bien porque significaba que mi madre era insustituible. Y significaba tambien otras cosas, porque de mi madre hablabamos muy poco y yo de esta manera averiguaba algo mas sobre ella: que era lo suficientemente cuidadosa como para no quemarle las camisas con la plancha, que no les tenia miedo a los ratones.

La ruptura con Estrella, sin embargo, fue diferente.

Por aquella epoca se hablaba mucho de Patricia Hearst. lira una chica norteamericana, de veinte anos, hija de un magnate, y habia sido secuestrada por un grupo denominado Ejercito Simbiotico de Liberacion. Un dia, mientras mi padre estaba leyendo el periodico, me entere de que Patricia Hearst habia decidido ponerse del lado de sus secuestradores.

– Un montaje fotografico -decia mi padre-. Es su cara pero no su cuerpo. Esta clarisimo.

Estrella se acerco a mirar el periodico.

– Es su cuerpo.

– No es su cuerpo.

– Si que es su cuerpo.

– Pues entonces esta chica no esta en sus cabales. ?Como se le ocurre hacer esto?

– A lo mejor la han obligado a fotografiarse asi.

– A lo mejor.

Me acerque tambien yo. El diario reproducia dos fotos. En una de ellas, anterior al secuestro, Patricia Hearst posaba junto a su novio, un joven sonriente con bigotito y gafas. En la otra aparecia empunando una metralleta y a su espalda se veia una bandera con un dibujo como de un dragon.

– Es su cuerpo -dije.

– No es su cuerpo -dijo mi padre-. Es un montaje.

El titular decia: «Patricia Hearst se hace revolucionaria.» Por lo visto, los secuestradores habian mandado a un periodico esa foto y una grabacion magnetofonica en la que declaraba que nunca volveria a la vida que habia llevado hasta entonces. Tambien decia que compartia los puntos de vista simbioticos sobre la lucha de clases y que habia dejado de llamarse Patricia Hearst para adoptar el nombre de Tania, como una chica de la banda del Che Guevara.

– ?Quien es el Che Guevara? -pregunte-. ?Y la lucha de clases? ?En que consisten los puntos de vista simbioticos?

– Sigo pensando que es un montaje -dijo mi padre sin mirarme.

– Yo creo que le han lavado el cerebro -dijo Estrella.

No volvi a saber de Patricia Hearst hasta el dia de la actuacion de Estrella. Yo no quise ir a escucharla: bastante la escuchaba todos los dias. Me habian dejado la cena preparada: cocacola, bocadillo de chorizo de Pamplona y yogur de yogurtera. No tenia ganas de nada, asi que encendi la television y me pase un buen rato arrancandome una costra reseca que tenia en la rodilla. Fue despues del telediario cuando pusieron un programa en el que se veian imagenes de Patricia Hearst asaltando un banco. Llevaba tambien ahora una metralleta en las manos y apuntaba con ella a un lado y a otro. Sus gestos parecian como aprendidos en las peliculas, y la escena tenia un aire irreal, como de juego de ninos: costaba creerse que aquella metralleta pudiera matar a alguien. Lo que estaba claro, sin embargo, era que ahi no habia montaje alguno. Aquellas imagenes las habian captado las propias camaras del banco.

A eso de las once oi el ruido de la cerradura.

– Bueno -estaba diciendo mi padre, con una de sus sonrisas de falsa alegria-. Despues de todo, las cosas tampoco han salido tan mal…

Llegaban antes de lo previsto: tal vez las cosas si que habian salido tan mal. Estrella se dejo caer en el sofa y echo un vistazo rencoroso a mi bocadillo de chorizo y mi yogur de yogurtera.

– ?Y tu por que no te has tomado tu cena?

Estrella rinendome por una cosa asi: las cosas habian salido muy, muy mal.

Mi padre se sento a su lado e intento animarla diciendo que su verdadera presentacion seria dentro de dos semanas, En Valls. Alli cantaria en un salon de actos, no en un simple casino, y seguro que iria mas gente… Mi padre trataba de parecer alegre y sonreia sin parar, mostrando siempre su horrible caries.

– Y a don Nicolas ya le has oido. Le ha gustado. Le ha gustado mucho y esta dispuesto a correr otra vez con los gastos…

– ?Don Nicolas! -exclamo Estrella de repente-. ?Quien convencio a don Nicolas? Yo. ?Y tu que has hecho? Nada.

– Yo… -titubeo mi padre-, yo me he encargado de la promocion.

– ?Claro! ?Por eso no ha ido nadie!

Yo nunca habia visto a Estrella asi. Estaba enfadada, se veia que estaba enfadada y que intentaba contenerse, y cada vez que levantaba la voz las tetas le temblaban como si quisieran escaparse hacia arriba. Habia perdido, ademas, su habitual coqueteria y tenia la frente brillante y el pelo despeinado. A mi Estrella nunca me habia parecido guapa, pero en aquel momento le reconocia un atractivo que nada tenia que ver con la belleza.

Mi padre, conciliador, asintio varias veces con la cabeza y agito las manos como los artistas cuando piden el cese de los aplausos. Esa era una de las actitudes que mas frecuentemente le habia visto adoptar: yo la llamaba la postura del obispo porque la unica vez que vi a un obispo hacia exactamente eso. Sin dejar de asentir aproximo su cara a la de Estrella y le dijo que estaba un poco nerviosa, haciendo al mismo tiempo una sena hacia mi como para recordarle que yo estaba delante.

– ?Callate! ?Lo que me pone nerviosa es oirte hablar! -le interrumpio ella a gritos.

En ese momento le importaba muy poco que yo estuviera delante o que no. Se encaro con mi padre y le clavo un dedo en el pecho, y por un instante la vi como una persona desconocida, distinta. No se. Me parecio dispuesta a hacer algo que hasta entonces no habria imaginado en ella, como por ejemplo enzarzarse en una pelea. Seria en todo caso una pelea masculina, a punetazos, sin tirones de pelo ni unas que aranaran las mejillas.

– ?Ya sabes lo que eres! ?Un inutil! -le dijo, y aquello sono como un punetazo.

Mi padre nego con la cabeza y volvio a senalarme. Yo no me movi de mi sitio. Le mire fijamente. Iba como encogiendose poco a poco, hundiendose en el sofa, haciendose cada vez mas pequeno, y a su lado Estrella parecia bastante mas alta que el. Tambien mas fuerte: seguro que habria podido tumbarle de un golpe. Volvio a llamarle inutil y le pregunto que habia sido de sus ahorros.

– ?Donde ha ido a parar todo el dinero que te di? -le grito, y este punetazo le dolio mas que el anterior.

Mi padre farfullo algo sobre el coste de las clases y sobre no se que mas, y solo entonces Estrella parecio reparar en mi presencia. Me miro. Me dedico una mueca en la que se mezclaban la piedad y el disgusto. Me dijo:

– Lo siento, Felipe. Lo siento por ti.

No quise seguir escuchando: no me gustaba que me miraran de esa forma ni que me dijeran esas cosas. No

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