Dorotea, y si no la conocia, quien le hablo de ella', y anadi casi con carino: 'Si no le importa decirmelo, por supuesto.' Se miro las manos y se quedo pensativo un momento. Luego dijo: 'Bueno, la verdad es que solo se que es una buena chica, porque me lo han dicho algunos amigos que la conocen, y ademas… segun me han dicho tambien, es mujer de muchos recursos.' Y me miro arrugando los ojillos como queriendo saber si yo lo habia comprendido.

'?Entonces no le han dado su telefono en la agencia?' Sonrio por primera vez: '?Que va! Lo de la agencia fue al principio, quiero decir que solo paso por ella el primero de nosotros que la llamo. Por la agencia, me refiero.' '?Cuando fue el principio?', quise saber.

'Yo no se cuando fue.' Se resistia aun pero iba soltando informacion casi sin darse cuenta, como si hablara consigo mismo. 'Solo se que cuando la noticia me llego a mi, ya nadie recurria a la agencia, y asi nos ahorramos una pasta. Es mejor para todos, para ella y para nosotros.' '?Claro!' Yo tambien trate de sonreir. Me habria gustado preguntarle cuanto cobraba Adelita por una 'sesion', pero no lo hice, comprendi que no me lo diria. Ademas, me lo impedia mi arraigado pudor y tal vez no habria sabido comoa preguntarlo. Ni siquiera sabia si se llamaba 'sesion'. El, como siguiendo el hilo de sus pensamientos murmuraba: 'Se habra enterado de sus salidas y por eso la ha despedido, se ha enterado hace muy poco', y dirigiendose a mi, '?no es asi?' Y de pronto, sin dejar de pasear la mirada por el local, quiso saber: 'Pero usted, ?por que ha venido? Usted, ?que quiere? ?Es que Dorotea no va a venir?' 'No creo. Fui yo la que se puso al telefono. Dorotea ya no esta en casa, se fue hace un par de dias y no volvera, asi que ni siquiera sabe que usted ha llamado.' '?Demonio!' dijo, sustituyendo en consideracion a mi una palabrota que habia dejado a la mitad. 'He hecho el viaje en balde, pues.' Luego recapacito mirando la punta de su cigarrillo, soplo la ceniza como si fuera un puro y con un aire muy extranado dijo: 'Si no le va ni le viene lo que yo haga ni lo que haga Dorotea, si Dorotea ya no esta en su casa, ?por que no me lo dijo por telefono y me habria ahorrado el viaje y no tendriamos esta conversacion tan rara?' Si, era rara, el hombre tenia razon. Yo busque un pretexto, una excusa y no se me ocurrio mas que confesarle el robo, consciente de que recurria a una bajeza, pero no me importaba: 'He venido para decirle que a Dorotea, como usted la llama, pero que en realidad se llama Adelita, la eche por ladrona y por embustera. Por eso he venido', dije convencida de que iba a impresionarle.

Pero no lo consegui.

'Eso no es cierto, tambien me lo podria haber dicho por telefono.

O podria haber colgado cuando llame. Usted ha venido para verme.' Por un instante temi que estuviera atribuyendose una imparable capacidad de seduccion y a mi la mas modesta y comun de buscar a toda costa un hombre. Pero era mas listo.

'Usted', y me miraba un poco de lado levantando la cabeza como si estuviera adivinando mis mas ocultos pensamientos, 'usted queria saber mas, usted no se acababa de creer lo que estaba claro. A usted la mueve el morbo, no lo niegue.

Asi que no me dijo nada, y vino para convencerse y para saber, claro, claro.' Tal vez tenia razon, pense, avergonzada, tal vez. Un tanto azorada, me levante, le dije adios de la forma mas cordial que supe, y antes de salir arrastrando la penosa impresion de que habia hecho el ridiculo mas espantoso y de que el hombre se iria a su casa y a su trabajo por lo menos con el triunfo de haber movilizado a una mujer, de haberla seducido, presumiria aun.

'Y por favor, digale a sus amigos que no llamen mas preguntando por Dorotea. ?Lo hara? Gracias.

Adios.'

Poco a poco, aquel torbellino de informaciones a medias que recibia iba tomando cuerpo en mi interior, alimentandose de mis propios pensamientos, que daban vueltas sin avanzar como una tuerca pasada de vueltas, como la rueda del molino cargandose de una energia que ninguna bateria podria acumular, ni ningun imperativo podria aprovechar.

6

Durante aquellos pocos dias que me quedaban antes de volver a Madrid, a menudo pense en el hombre del bar de la estacion al que yo habia robado una tarde o una noche de placer con mi guarda, que a saber la cantidad de tiempo que dedicaba a esos menesteres extralaborales. Lo que me habia contado, como todo lo que tenia relacion con este asunto, podia ser un detalle mas, tal vez un indicio, pero no suponia ningun avance, seguia dejando la historia a medio contar y, a mi, empenada en hurgar en ese nuevo resquicio que se me habia abierto.

Sin embargo, los 'desde cuando', 'con quien' y 'cuantas veces', anadian a mis pensamientos una zozobra de voluptuosidad obsesiva que me dejaba temblando de excitacion y que paralizaba mis pretendidas investigaciones. No puedo avanzar, me decia, porque desconozco el nombre de la agencia y el numero de telefono, no tengo mas remedio que esperar a que llame otro de sus clientes, volver a citarlo y convencerlo para que me los de. Creia que este era mi verdadero objetivo, aunque no se me ocurrio pensar lo que haria una vez lo hubiera alcanzado.

Tal vez el hombre de la estacion habia dado la alerta y habia corrido la voz, porque en aquellos dias no hubo mas llamadas preguntando por Dorotea. Quien sabe si Adelita ya habia comunicado el cambio de domicilio a la agencia.

O tal vez, como Andres y sus amigos, ya no tenia contacto con aquellas Dolores y Miriam, y citarlas no era mas que una contrasena para que ella, Adelita, supiera que quien llamaba lo enviaba un antiguo cliente. ?Cuantos habria?, ?cuantos serian? ?Que ocurria cuando yo estaba en casa y ella no podia salir? El telefono no paraba de so-g nar. ?Sabria su amado Jeronimo a que trabajos se dedicaba en los ratos libres?, ?se habria enterado por fin?

Durante los ultimos dias, Adelita no habia dejado de llorar. No es probable que lo hiciera por ninguno de esos hombres que venian de la supuesta agencia. Lloraba, pues, por Jeronimo, porque el llanto y los gemidos eran de la misma naturaleza y los empujaba la misma pasion y el mismo arrebato que la mirada de amor que transformo su cara aquel dia en el mercado, y poco tenia que ver con los lamentos y las lagrimas con que bordaba las escenas de arrepentimiento que me dedicaba. Ese llanto nuevo tambien la habia transformado, pero oscureciendola y no iluminandola, afeandola y no embelleciendola. Y a mi, el recuerdo de su expresion opaca y de su piel amarillenta me producia una perniciosa sensacion de complacencia. Pero tambien de curiosidad, queria saber mas de ella, de su vida, de que inspiraba el ansia evidente de ser deseada, de como se las arreglaba para atender tantos frentes a la vez.

Por eso, el mismo dia que se habia ido, cuando ya no quedaba de la camioneta gris mas que el panico de que volviera para cumplir la amenaza del ultimo minuto que ella me habia echado a la cara como las heces de un odio insalvable, sali de mi casa, amedrentada y con cautela, sin prender las luces del jardin y con pasos silenciosos, como si hubiera ojos escondidos entre los arbustos, fui a su casa, abri con tiento la puerta que por la novedad del cerrojo se me resistia y entre en aquel recinto que sabia mas de Adelita de lo que yo conseguiria saber en toda la vida.

Olia a cerrado, a moho, tal vez habia una mancha de humedad o una tuberia rota. Encendi la luz de la entrada, una bombilla escueta que colgaba del techo. El suelo estaba cubierto de papeles, trapos sucios, bolsas de plastico, botes de cristal y trastos y deshechos que noi habian querido llevarse. Fui a cerrar la ventana porque note una fuerte corriente de aire, pero me di cuenta de que no estaba abierta, sino que le faltaba uno de los cristales. El enchufe de la television habia sido arrancado de cuajo, y el sillon y el sofa se habian quedado desnudos de cojines y de colchonetas y mostraban parte de los muelles desvencijados y rotos, no habia mesitas ni estantes, y quedaba una sola silla a la que le faltaban dos patas. En el cuarto de bano la encimera acusaba las huellas de botes y botellas y recogia con impudicia pelos y restos de lo que fueron peines y cepillos, y el pavimento, al igual que el fondo de los sanitarios, estaba revestido de una costra oscura. Las habitaciones, que vi a la luz de la bombilla de la entrada, porque habian desaparecido las lamparas, tenian el mismo aspecto de haber sido arrasadas y dejaban al descubierto un deterioro avivado aun por las luces y sombras de aquella bombilla distante que, movidas por el viento, alcanzaban al descascarillado de las paredes y el techo, a la suciedad apelmazada del piso, a las manchas en los colchones ajados y con las fundas desgarradas. En la cocina apenas quedaban cacharros ni cubiertos ni vasos, solo trastos inservibles, y una capa de grasa negra casi solida envolvia

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