los fogones, las placas, el horno, los quemadores y las llaves.
Todo lo demas, asi como el resto de los muebles de las dos habitaciones pequenas, habia desaparecido. Debieron de entrar por la puerta trasera del cuarto que se utilizaba de despensa y que se abria al terreno baldio donde guardaban los coches y las motos. La encontre abierta aun y afuera no quedaba rastro de los vehiculos.
Quiza habian venido los otros dos hijos con sus coches o con otra camioneta y, amparados por la oscuridad y contando con que yo no oiria nada desde la otra casa, habian cargado los muebles y se habian ido pendiente abajo sin encender los motores. O habian vuelto una vez vaciada la camioneta gris. Pero en cualquier caso tenia que haber sido hacia menos de media hora. Tal vez, me dije en un ataque repentino de panico, salian por esa puerta casi al mismo tiempo que yo entraba por la otra, tal vez rondaban todavia por los alrededores.
Cerre las dos puertas con llave, pero me di cuenta entonces de que, por un descuido mio, esa trasera era la unica a la que no se le habia cambiado el cerrojo. Poco importa, pense sin poder evitar un estremecimiento, poco importa quien entre por esa puerta, de todos modos por ella tendra que salir, no hay comunicacion entre la vivienda de los guardas y la mia.
Y a toda prisa, a pesar de la oscuridad, me fui a mi casa, me atranque por dentro y encendi todas las luces del jardin.
Sentada en una silla de la cocina, amedrentada aun, me deje llevar por las cabalas y conjeturas que me sugeria ese repugnante escenario que daba cuenta de la miserable vida que habian llevado Adelita y los suyos desde hacia anos sin que yo, a pesar de tenerlos tan cerca, me hubiera enterado. La variedad de aspectos de su vida, los contrastes entre lo que pensaba y hablaba de si misma, sus amores desgraciados e inquietantes, la eficacia de su trabajo, su dedicacion a la prostitucion y el estado ruinoso y nauseabundo en que se encontraba la vivienda, me mostraron cuan agobiada tenia que ser su existencia, y cuan misero el transcurrir cotidiano de su vida de familia. Estaba mas desconcertada cada vez, pero no por ello remitia esa malsana curiosidad que me corroia, ni el temor a que se hiciera realidad la amenaza de Adelita que se agazapaba tras cada objeto, tras cada sombra, para acecharme a partir de ahora a todas horas.
El dia antes de irme, decidi hacer una visita al abogado Prats Sisquella, que aun sin haberle pedido cita, me recibio inmediatamente, aunque sin demasiada cordialidad.
'?Por que ha venido?', dijo extendiendo la mano. Se quedo entre el vestibulo y el pasillo y no parecia dispuesto a hacerme entrar.
'?Puedo hablar con usted un instante?' 'Si, si, claro', dijo como si se hubiera distraido. 'Pase, por favor.' Y me hizo pasar a un despachito interior que tenia el aspecto de no haberse utilizado desde hacia tiempo.
No habia mas que una lampara en el techo, que brillaba con luz timida y que no incitaba demasiado a la conversacion, una mesa de oficina con un don Quijote y Sancho de metal brunido y un unico cenicero de ceramica con el anuncio de un hotel.
'Sientese, sientese, por favor.' Una vez nos hubimos sentado en las dos ridiculas butaquitas que estaban frente a la mesa, comence a hablar. No habia ido para pedir consejo ni a solicitar que acelerara unos tramites que sabia inutiles, sino a saber si tenia algo que decirme, y a comunicarle que, en mi opinion, no tenia sentido seguir, puesto que ya se habia sobreseido el caso y poco quedaba por hacer.
A menos que descubriera alguna prueba que nos diera la posibilidad de poder avanzar, lo que hasta el momento no se habia producido, no al menos de la mano de los abogados. Pero esto ultimo no se lo dije. Calle y espere su respuesta.
Se quedo mirandose las puntas de los dedos que habia unido como en una plegaria, y despues de un buen rato en que debio de estar pensando que responder, dijo: 'No crea, mi querida senora Fontana, que las cosas son tan faciles.' 'Hace mas de un mes que hablamos, ?no cree que hay tiempo de sobra para conocer los pormenores del caso?', lo dije con amabilidad, como si quien tuviera que conocer esos pormenores no fuera el, sino un ser anonimo y ausente. Pero aun asi, me dejo muy satisfecha el golpe directo que le habia infligido.
Sin embargo, el no se inmuto, siguio mirandose las puntas de los dedos y despues hizo un gesto vago separando las manos, como queriendo decir, esto es lo que hay, lo mire como lo mire. Y como no hablaba ni, pendiente aun de sus dedos, parecia querer hablar, solte una perorata y lo puse al dia de lo ultimo que habia ocurrido en mi casa.
Le explique en pocas palabras que, cansada de no tener noticias, de usted, especifique, y de no encontrar nunca a Adelita cuando la llamaba, me habia presentado en la casa del molino, mi casa, anadi, sin avisar y la habia encontrado en un estado lamentable, como si en ella se hubiera celebrado un banquete. '?Que digo banquete!', anadi, 'una verdadera bacanal.' Le conte que ella no estaba pero que cuando llego la habia despedido.
Me di cuenta de que, desde el comienzo de mi discurso, parecia que queria dividir la responsabilidad de lo ocurrido entre Adelita y el, pero no le di mayor importancia precisamente porque, imbuida de esta furia de investigacion y curiosidad que me habia entrado desde que con el robo habia comenzado a descubrir comportamientos extranos, en ella, por supuesto, pero tambien en toda la gente que tenia que ver con el caso, veia indicios y pistas que habia que seguir en cada palabra y encontraba caminos ocultos e imbricados en cada actuacion. Lo mismo me habia ocurrido el dia anterior, que volvia a ser dia de mercado. Sentada a la misma mesa del cafe, el simple hecho deg no descubrir entre la gente ni a Adelita ni al hombre del sombrero me habia llevado a atribuirles romanticas fugas donde muy probablemente no habia mas que una simple ausencia.
El senor Prats Sisquella se habia quedado mas pensativo aun, y se habia acercado las manos con los dedos extendidos y juntos a la cara sin levantar los codos de los brazos del sillon, hasta que con los indices se toco la nariz en una actitud de profunda reflexion.
'No se que responder', admitio al fin. 'No hay mucho mas que decir.' Pero luego, separando por fin las manos en un gesto admonitorio, anadio: 'Lo que si le aconsejaria, aunque ya veo que sabe equivocarse sola', y me miro para ver el efecto que me habia producido una frase tan aguda y al mismo tiempo tan mordaz, que debia de haber repetido mil veces, 'lo que si le aconsejaria es que olvidara este asunto. No lo remueva mas, no va a sacar nada con ello, creame.
Dejelo morir. No tiene ya nada que ganar.' ?Que me estaba queriendo decir?
Habia algo raro y ambiguo, e incluso temeroso, en su actitud y en sus palabras. Hice un ultimo intento por hacerle hablar y le pregunte con un punto de ironia: '?Teme que si sigo con mis pesquisas acabare encontrando al verdadero culpable?' 'Oh, no, mi querida senora, no me interprete mal. No he querido decir eso. Porque, sin pruebas, ?como iba a encontrar al culpable?
Cualquiera puede haber robado una joya de una caja fuerte abierta, no hace falta que sea la guarda. En un momento en que la puerta de la casa estuviera abierta, entra una persona, la coge y se la lleva.
Pero usted, ?como encuentra a la persona?, ?y como lo demuestra?
Usted me acaba de decir que los familiares de la guarda han celebrado un banquete en su propia casa. Podria haber habido otros en su ausencia y ?quien le dice quei alguno de sus parientes no haya subido la escalera y se haya aduenado de la pieza?' Dijo la 'pieza', igual que ciertos editores llaman 'producto' al manuscrito. Me entraron ganas de reir.
'Y la policia, ?no podria investigar quien se ha llevado la pieza?', pregunte. 'El precio de la pieza bien lo vale.' 'El precio de la pieza lo sabe usted. No se sabe que haya informe alguno sobre ese valor.' Rectifico: 'Si, como usted afirma, la guarda hubiera vendido la joya y el joyero hubiera ido a la policia con el carnet de identidad de ella, se podria saber, pero al haberse sobreseido el caso como usted me dice, todo parece indicar que no podemos contar con la opinion profesional del joyero'; aumento la intensidad de su ironia: 'sea cual fuere, y por lo tanto, de la valoracion que usted hace es poco probable que se justifique una investigacion en toda regla. No estamos hablando de la Joya de la Corona, mi querida senora Fontana. Asi que, dejelo. No recuperara la joya por valor que le atribuya y perdera su tiempo.' '?Entonces no admite usted la version que yo le he dado? ?No admite que la policia tiene la informacion y que no se por que la oculta, que en el juicio se desestimo mi denuncia y que parece haberse extraviado toda la informacion relativa al joyero? ?Cree que todo es un invento mio? ?Tambien es un invento mio la copia de la denuncia que tiene usted con los demas documentos?' '?Copia de la denuncia, dice?
?Que copia?', pregunto, extranado.
'No sabia que se hubiera puesto una denuncia.' 'Yo misma se lo dije, ademas, en el sobre que le di con toda la informacion habia tambien un documento del juzgado y la copia de la denuncia que yo presente en el cuartel de
