– Tal vez.

En realidad, esta manana ha llamado todo el mundo menos la policia. Helen ha mandado una pizza y media docena de rosas amarillas, y desde el club me han advertido que unos periodistas desean hacerme algunas preguntas. Dios mio, yo no he matado a nadie. ?Por que alguien se ha empenado en convertirme en un heroe? Que dulce el sabor de la culpa cuando uno es inocente. Esa ha sido la herencia que mi padre me dejo: el placer de sentirse exaltado al castigo. De hecho, tengo que reconocer que mi mejor inspiracion musical nace de ese poso de pecado. O, tal vez, de la conciencia de que un dia volvere a ser puro. Nunca he tocado mejor que anoche, nunca he exorbitado los sentidos con tanta precision, nunca mi alma ha traspasado el metal del saxo con tanta espiritualidad. La sala estaba llena de corneas en la oscuridad y entre ellas las de Helen eran las mas blancas. Los del cuarteto fueron los primeros en aplaudirme, de pie en la tarima, antes de iniciar la sesion; y el publico me recibio carinosamente aunque muchos en la sala aun ignoraban que iban a ser deleitados por un asesino. Primero quise interpretar Blues for Helen. Sabia que con ello abriria el corazon de mi chica esa madrugada en la cama, y luego hice sonar Prisoner of Love, una melodia que traia elaborada desde la adolescencia, silbada o recreada mil veces con el filo de una hoja en el desierto. La lengua de fuego que yo exprimia de la madera culebreaba por todos los vientres del recinto, atravesaba el murmullo de la clientela, el campanilleo del hielo contra los cristales de licor. El saxo gemia dentro de la bruma de alcohol y mientras ejecutaba ese lamento recorde la forma en que el paraiso perdido se revelo ante mis ojos. La promesa de mi madre se habia cumplido. Un dia, aquella caravana de hombres azules acerto a pasar muy cerca del oasis donde estuvo un tiempo detenida a causa de una tormenta de arena. La guiaba un principe negro, de grandes labios morados cuya piel tenia una transparencia azulada. Se llamaba Elfi. Su rostro era distinguido y su porte expandia una aura de majestad aunque llevaba el turbante y la capa cubierta de polvo, el cual no lograba ocultar el color escarlata de sus vestiduras. A su servicio iban camelleros, porteadores, dragomanes, expertos en tratos y algunas mujeres de extrana belleza. Entre todos hacian el numero de ciento diez. Mi madre pidio al principe negro que me tomara consigo despues de haber comprobado mis gracias.

– ?Como te llamas?

– Cain.

– ?Que sabrias hacer para complacerme?

– Es un heroe con el punal alteza -exclamo mi madre.

– Dejad que hable el -dijo el principe.

– Soy experto en semillas y venenos de aspid. Tambien se tallar mascaras, senor. Y en cualquier desafio con tigres o panteras siempre he salido indemne. Amo la belleza.

– ?A que clase de dios adoras?

– Al dios inmediato.

– ?Quien es?

– El propio terror o arrojo que uno lleva dentro. Dios es nuestra ignorancia.

– Sabes mucho y aun eres adolescente. ?Quien te ha ensenado esas cosas?

– El desierto. La soledad tal vez.

– Quedate a mi lado ahora.

Mi madre le estaba ofreciendo al principe negro una torta de datiles, queso de cabra y mosto de granada. El se veia complacido y me acariciaba la frente con las yemas de los dedos, que parecian petalos de rosa.

– ?Que significa esa senal que llevas entre las cejas?

– Lo ignoro, senor.

– ?No lo sabe tu madre?

– No, alteza -exclamo Eva-. Sin duda es la marca sagrada que traen los predestinados. No lo se.

– El cero es un signo que todos entienden. Pero tu, muchacho, ?en que lengua te expresas?

– Me expreso con la musica.

– Quisiera comprobarlo.

– Complace al principe como mejor sepas -dijo mi madre-. Lleva doce camellos cargados de presentes. Anda, Cain, toca algo en su honor.

La caravana estaba acampada, los camellos rumiaban el ultimo sol de la tarde, los perfumes del oasis formaban una densa capa en el aire. Los criados encendieron hogueras. Con la zampona que fabrique con una cana dulce extraje para el principe Elfi esa melodia que despues he recreado en tantos festines hasta convertirla en el motivo de Prisoner of Love, que anoche sono de nuevo exquisitamente en el Club de Jazz. La boquilla del saxofon parecia traslucida y mientras su lengua de fuego culebreaba por todos los vientres yo veia el oasis iluminado por varios fuegos y al principe reclinado en el tronco de la palmera principal. Las bailarinas del sequito, cuyos ojos eran verdes y su carne de ebano, en la orilla del estanque iniciaron una danza y mi melodia iba conduciendo sus caderas en el aire. Abel comenzo a bailar en esa ocasion. Lo recuerdo muy bien. Arrodillada a sus pies, mi madre servia nuevos cuencos de mosto al principe.

– ?Hacia donde vais, senor?

– Vamos siguiendo el camino del sol.

– Llevaos con vos a mi hijo. Siempre ha sonado con las ciudades que crecen alla.

– Asi es. En el arco de la Media Luna Fertil se levantan ciudades poderosas. Veo que lo sabes. ?Puedes decirme tu nombre?

– Eva.

– ?Eva? Todo el mundo habla de una mujer que se llamo Eva. En cierta ocasion jugo con una serpiente y luego se perdio en el desierto. Sucedio en otro tiempo.

– Llevaos con vos a mi hijo.

– Vamos hacia Biblos. Luego llegaremos a Jaffa. ?Habeis sonado alguna vez con esas regiones donde imperan dioses de arcilla de inflamados sexos?

– He sonado con la libertad, senor.

– Me llevare a Cain. Y tambien quiero a ese pequeno bailarin. ?Se llama Abel? Lo llevare igualmente conmigo hasta dejar a ambos junto al mar -dijo el principe Elfi.

Mi primer oficio en la expedicion consistio solo en tocar la flauta y un dragoman pronto me enseno a interpretar las estrellas. ?Existe alguien que ignore todavia que el firmamento tiene una musica secreta? Se puede reproducir el canto de las aves, el grito de las fieras, el sonido del viento o incluso la vibracion del silencio, pero hay de noche en el cielo estrellado una armonia que solo es algebraica o mental. ?Seras capaz algun dia de adivinar la llamarada de leche que brota de la oscuridad de las esferas? ?Acertaras a descubrir ese fondo negro que expele el sol al mediodia en el desierto? Estas cosas me decia el dragoman encargado de preparar recepciones con otros principes de la Media Luna Fertil, que era el espacio del comercio por donde discurria la caravana. Las constelaciones comenzaron a sonar en mi corazon de artista y de esta forma Abel y yo nos unimos a aquella mesnada de trujimanes en calidad de efebos virtuosos en la musica y en la danza, y nuestro ejercicio era la propia voluntad de aquel esbelto principe que nos iba a conducir por las rutas del mundo civilizado. Eva deseo quedarse en el oasis pero la mona babuina se vino con nosotros y en seguida se hizo graciosa entre la tropa de mercaderes. Partimos al dia siguiente y yo llevaba en una bolsa secreta, bajo la tela de lino o la piel de zorro, el tesoro de la familia, las joyas sacadas clandestinamente del paraiso y los siete dientes de oro extraidos de la boca de mi padre. ?Llegariamos alguna vez al pais de Hevilat? En la voz de aquellos expedicionarios sonaban nombres famosos, ecos de lugares legendarios: la ciudad sumeria de Ur, la gran Babilonia de Mesopotamia y, subiendo hacia las fuentes del Eufrates y del Tigris, en la parte occidental, la tierra de Canaan. Esa region era el destino de nuestra caravana y alli habia pueblos que excedian toda clase de sueno o esperanza de aventuras. Biblos. Jerico. Jaffa. Jerusalen. Murallas color canela.

Los aplausos llenaron sinceramente la sala cuando acabo de sonar este blues, Prisoner of Love, y secandose las lagrimas vino Helen a darme un beso en la nuca, donde me anida el sentido de la culpa. Oh, negrita mia. Amo tus nalgas de almendra, tus ojos de cierva, tu boca de playa, tu oscura alma de nina. Por la manana sirves huevos fritos con jamon, avena y tortitas con sirope a

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